Planta completa la cadena de la evolución

Cuando las plantas desarrollaron sus ‘vasos sanguíneos’ se empezaron a llamar plantas vasculares.

Eso ocurrió hace más de 400 millones de años y gracias a esa nueva adquisición, el agua y los nutrientes obtenidos del suelo les permitió crecer y alargar sus ramas y conquistar alturas antes inimaginables.

Siguiendo la evolución, el planeta pasó de tener musgos y plantas rastreras, dependientes completamente del ambiente, a plantas y árboles con flores y frutas, organismos casi completamente autosuficientes.

La ciencia había descifrado el genoma tanto de los descendientes de esas primeras plantas que conquistaron el ambiente terrestre como de algunas de las más sofisticadas, las que lucen flores de muchos colores. Pero no se conocía con minucia el genoma de las primeras plantas vasculares, entre ellas la comúnmente llamada doradilla.

De aproximadamente 15 centímetros de altura, la doradilla, que parece un arbolito de navidad, se encuentra en todo el planeta, de acuerdo con la botánica de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, Jody Banks, directora del grupo de investigación que se dedicó a estudiar esta especie.

Los más de 100 investigadores de 11 países que participaron en este estudio encontraron que para poder contar con ‘tubería interna’, la doradilla tuvo que desarrollar 516 genes nuevos que no estaban presentes en los musgos por ejemplo, proceso que le tomó cerca de 100 millones de años. Y para continuar su evolución hacia plantas con semillas, pasaron otros millones de años, en los cuales se generaron 1.350 genes adicionales.

Entre los científicos involucrados en la investigación, que fue publicada en Science, estuvo el profesor de la Universidad de los Andes Diego Mauricio Riaño Pachón, PhD en fisiología molecular vegetal de la Universidad de Potsdam, y posdoctorado en biología computacional y bioinformática en el Instituto Max Planck, en Alemania.

Riaño participó identificando esos genes que hacen que se enciendan o se apaguen otro tipo de genes que cumplen funciones específicas. Esos genes que activan a otros se llaman reguladores de transcripción y se encontraron aproximadamente 900, lo que también fue revelador, pues las algas tienen alrededor de 300 y las plantas con flores y frutos, un poco más de 2.000.

“Si estudiamos los linajes de plantas que aparecen antes del desarrollo de las semillas podemos tener una idea de cuáles son los genes importantes, empezar a explotar procesos biotecnológicos para apagarlos o prenderlos y de esa manera controlar las plantas”, explicó Riaño.

“Es un trabajo que no resuelve problemas, pero da pistas”, continuó, y será una manera de ir descubriendo los secretos del funcionamiento de las plantas, por qué unas son resistentes a heladas y otras no, o por qué unas producen más frutos que otras y eso, por supuesto, será importante para campesinos y productores agrícolas.

Además de la identificación de estas nuevas características de las plantas, el grupo de Banks encontró que la doradilla produce  compuestos esenciales para su supervivencia, los metabolitos secundarios, que  benefician al ser humano porque de ellos pueden producirse fármacos y esencias.

Temas relacionados