Poesía nativa

Para escribir un buen libro —dijo Virginia Woolf— hay tres reglas, pero, desafortunadamente, nadie sabe cuáles son.

Esa sentencia ha sido citada desde hace décadas como perfecta condensación del oficio de escribir. La 24ª Feria Internacional del Libro de Bogotá la ha ratificado: se escribe literatura escribiendo literatura, no firmando con reconocidos nombres (leamos, entonces, literatura, no nombres).

Es por eso que de la poesía nativa presentada en la Fiesta de las Lenguas, evento auspiciado por el Ministerio de Cultura, no puede decirse que sea “una iniciativa loable”, “una perfecta oportunidad para mostrar nuestra diversidad” o, peor aún, “una gestión política y cultural en contra de la desigualdad”. ¡Necedades! La poesía nativa que se presentó en la Fiesta de las Lenguas fue, sencillamente, poesía. Buena poesía. Fantástica poesía. Y si fue escrita en maya o k’iché, eso no debe significar más (o menos) para nosotros que leer la obra traducida al español de Yeats, Rilke o Baudelaire.

En la Feria del Libro, perfecto lugar de encuentro para la celebración del Mes de la Diversidad y el declarado Año Internacional de los Afrodescendientes, tuvieron, tienen y tendrán lugar las más variadas presentaciones artísticas, que reúnen a 50 escritores indígenas y afrodescendientes de toda Colombia (país con 68 lenguas nativas) y de Latinoamérica.

Al Encuentro Internacional de Escritores Indígenas vinieron, entre otros, los poetas Jorge Miguel Cocom Pech, maya yucateco ganador del Premio Mundial de Poesía Rumania 2005 (su obra se ha traducido a 15 idiomas); Humberto Ak’abal, guatemalteco de la etnia maya k’iché, Premio Internacional de Poesía Pier Paolo Pasolini 2004, y Freddy Chikangana, ganador del Premio de Poesía Nósside 2008, el primer indígena colombiano en ganar un premio internacional de literatura.

Sus poemas no son los experimentos fallidos que con frecuencia se presentan en pomposos recitales de bares citadinos, sino una construcción literaria disciplinada y original. Juzguen (gocen) ustedes: No es que esté obligando/ a mi hijo/ a trabajos forzados/ en la tierra;// solamente le estoy enseñando/ a consentir a su madre/ desde pequeño. El autor: Hugo Jamioy Juagibioy, quien ha dedicado su trabajo a impulsar a los escritores indígenas colombianos. Y otra vez disfruten: Man Xata che ri abaj emen/ Xa Kakik’ol ri Kichawem. Que traducido al español directamente por su autor, Humberto Ak’abal, dice: No es que las piedras sean mudas/ sólo guardan silencio.

Colombia (y Latinoamérica), después de todo, sí tiene buena poesía. Sólo que, de vez en cuando, hace falta salir del bullicio y el smog de la ciudad para encontrarla. Pero no esta semana: ¡Está en Corferias! ¿Qué espera? Venga y descubra que Virginia Woolf estaba equivocada, pues los nativos sí que conocen esas tres reglas de las que ella hablaba. Una lástima que nosotros ignoremos su lengua.