Primer aniversario de gestión cultural

LA MEZCLA ENTRE LA FIDELIDAD A un guión y la improvisación de lo que surja durante la interpretación, es lo que ha hecho que las artes escénicas estén vivas.

Sin embargo, los gestores del Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo poco han dejado al azar a lo largo de este año de actividades que se celebró en grande el pasado lunes con una función especial del montaje ‘Viva Madrid, una antología de la zarzuela’. Ese festejo, al igual que las catorce líneas de programación del complejo teatral, estaba contemplado desde antes de subir el telón por primera vez el 26 de mayo de 2010. Ramiro Osorio, cabeza de este colectivo, en medio de su acertada gestión quería que al cumplirse el primer aniversario, este escenario no solo tuviera  reconocimiento como espacio abierto para la cultura sino  capacidad de producir sus propios espectáculos. Por eso pensó en celebrarlo con esta obra en gran formato que incluye a más de 200 personas en escena y cuya producción requirió, por ejemplo, 690 trajes de época y un número indeterminado de pelucas, así como faroles, fuentes y bicicletas antiguos.

El teatro Julio Mario Santo Domingo ha innovado porque ostenta un modelo de gestión en el que se integran prácticas públicas con iniciativas propias del sector privado. La familia Santo Domingo donó a la ciudad la construcción y el equipamiento básico de este edificio de 22.000 metros cuadrados, diseñado por el reconocido arquitecto Daniel Bermúdez e integrado por la cuarta mega Biblioteca de Bogotá y un complejo teatral (Teatro Mayor y Teatro Estudio). Se trata de un espacio que depende de la administración distrital pero que se necesita sostener con recursos privados provenientes de alianzas con patrocinadores y, por supuesto, requiere de la contribución decidida de los espectadores, quienes al adquirir sus boletas se han convertido en pilares fundamentales para el sostenimiento de este escenario que le da cabida a las manifestaciones artísticas.

En este caso del complejo teatral la ciudad aporta, a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, el 17 por ciento de los recursos, los donantes, que han querido asumir el rol  de cogestores, un porcentaje similar. El 66% restante debe ser aportado por el público y por las empresas que se han comprometido como patrocinadores transversales.

La diversidad de su programación, que ha incluido la majestuosidad de la West-East Divan Orchestra de Daniel Barenboim, la sencillez escénica de la africana Cesaria Evora, la destreza interpretativa del violinista Itzhak Perlman y la sabrosura pacífica de La Mojarra Eléctrica, entre muchas otras propuestas, ha hecho que no se hable en singular de ‘público’ sino que se haga referencia a ‘los públicos del teatro Julio Mario Santo Domingo’, en plural. En 365 días más de 100.800 personas han visitado este espacio que además de complacer a los espectadores fieles a la movida cultural, se la ha jugado por conquistar a los más escépticos, a aquellos que jamás habían invertido un peso en alguna actividad cultural.

El desafío que tiene un centro cultural de estas dimensiones, es siempre el de la sostenibilidad. La biblioteca forma parte de Biblored, una red de cuatro mega bibliotecas, cuyos recursos para su operación provienen del presupuesto de la Secretaría de Educación Distrital, mientras que el modelo público-privado del complejo teatral ya piensa en un ambicioso proyecto relacionado con la ópera, así como la exploración de aspectos desconocidos de la cultura mexicana. Las artes están vivas, van evolucionando y este centro cultural está en sintonía con la modernidad. Este modelo ha sido ejemplo para otros espacios y se puede decir que ya está consolidado pero continuará en proceso de crecimiento sin recurrir a la improvisación.