Pro Bono

La incomparable estrella de U2 no sólo fue a Argentina a brindar tres excelentes conciertos. El polifacético cantante llegó a la lejana provincia de Mendoza en busca de inversiones.

La idolatría que provoca Bono en el público argentino es incuestionable. Seguidores de la banda irlandesa U2 desde sus primeras épocas le permitieron al líder explayarse y hacer comentarios (en riguroso inglés subtitulado en español en pantallas gigantes) tales como: “Creo que los irlandeses y los argentinos hablamos demasiado. Bebemos demasiado. Somos religiosos, pero discutimos con Dios. Y cuando no estamos discutiendo con Dios, discutimos con los ingleses…”, dijo congraciándose aún más con el público en clara referencia al conflicto con Gran Bretaña por las Islas Malvinas.


El Estadio Único de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires) albergó alrededor de 60.000 personas en cada uno de sus tres conciertos: el miércoles 30 de marzo, el sábado 2 y el domingo 3 de abril.


Esto no sería noticia, ni tampoco que se reuniera con la presidenta Cristina Fernández, a la que pidió —según algunos medios— que encabezara la próxima reunión del G-20. Otros, aseguran que lo que le pidió en realidad fue que exigiera a las empresas mineras contaminantes mayor transparencia y “que comuniquen a la población sus estados contables para que sean conocidos por todo el mundo”. En la Argentina de hoy, la respuesta oficial depende del medio de comunicación que la publique por lo que resulta, en todo caso, incierta.


Lo que sí resulta llamativo es que este líder —portador de un discurso “progre” (progresista, de izquierda en el imaginario argentino)—, llegara a Mendoza (centro-oeste del país) el martes 5 en su jet particular y alborotara a una capital de provincia que desplazó a todos los cronistas de todos los medios para seguirle los pasos al músico. Pero las realidades se tuercen y cuánto más se hurga, más versiones y perversiones surgen de la visita del exitoso rockero.


Así, se conjeturaba en los corrillos que visitaría los viñedos de Gustavo Santaolalla (sí, el músico que ganó un Oscar), o los de Francis Ford Coppola, devenido winemaker en los últimos años, o que estaba en el este de la provincia, donde las uvas son de menor calidad debido a la mayor lejanía de la cordillera de Los Andes, donde la mayor altitud es un factor determinante en este sentido.


Adhiriendo a una especie de física cuántica, los electrones libres de ese ser llamado Bono lo hacían aparecer simultáneamente en varios lugares al mismo tiempo. Existe, sin embargo, una conjetura tan cierta como las demás, pero de mayor verosimilitud.


El ilustre visitante fue llevado a un reducto de máxima exclusividad, al pie de la cordillera, llamado Cheval des Andes, en el departamento de Tupungato, una de las zonas vitivinícolas más estimadas en todo el continente. Al parecer, el lugar sólo cuenta con un sitio muy glamoroso para organizar eventos, el viñedo y una exclusiva cancha de polo. Afable y sonriente, se dejó servir un tradicional asado y degustó los más exclusivos vinos de esa finca cuya factura recae en la afamada bodega Terrazas.


Pero en algo coinciden todas las fuentes. Bono llegó a invertir, a comprar viñedos en un lugar donde el precio estimativo por hectárea cultivada tiene una base mínima de US$35 mil. Entiéndase: mínima. Dicen también que pidió que le mandaran las presentaciones correspondientes para evaluar en la intimidad las ofertas que le brindaron.


¿Es válido? Por supuesto. Pero para los fans algo empezó a desafinar en sus oídos. Ese hombre que cantó Sólo le pido a Dios —un himno a la justicia y a la igualdad— junto al enorme León Gieco, ese hombre preocupado por los Derechos Humanos, ese hombre simpatizante de las ideas de inclusión y que cobró un promedio de US$300 la entrada a sus conciertos; que ese hombre “progre” esté pensando como cualquier burgués en su retiro y en las inversiones más redituables para una vejez sin sobresaltos les resultó un tanto irritante.


¿Se imaginan a Mick Jagger haciendo lo mismo? No. Mick Jagger canta. No adhiere a otra causa humanitaria sino el arte. ¿Invierte? Sí. Pero para eso existen los agentes de bolsa.


Última noche de U2 360 Tour en Argentina. Eufórico, verborrágico y significativo: “Podréis tener ventaja sobre nosotros en el fútbol, pero en el rugby os pateamos. Somos un país pequeño y vosotros un gran país. Nuestro ego es tan grande como su ego. Creemos que os inventamos…”. El subrayado habla de más.


Pueda ser que las lágrimas que arrancó al público cuando cantó Miss Sarajevo no nublen la vista de quienes amamos su arte. Este señor, como cualquier mortal, no hace nada pro bono. O lo hace todo.


*Colaboradora de ‘El Magazín’ de El Espectador

Temas relacionados

 

últimas noticias

Dostoyevski en La casa de los muertos

Del blues y del ragtime al jazz

Hablemos de Improvisación: El gran otro