PSOE, en cuidados intensivos

El Partido Socialista Obrero Español, del presidente Rodríguez Zapatero, sufre después de las elecciones del domingo. Hasta ahora no se perfila ningún líder que pueda tomar sus riendas.

A veces, sólo a veces, la imagen de un barón electoral en caída libre hace que a un artículo le sobre todo lo demás, título incluido. Los medios españoles se han dado un banquete con estos retratos desde hace tres días, cuando las urnas refrendaron lo que desde hacía meses parecía una apuesta fácil: una victoria muy holgada –“aplastante”, opinó la derecha— del Partido Popular sobre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones autonómicas y municipales del pasado domingo. Hechas las cuentas, el poder regional quedó a merced del PP: sus candidatos obtuvieron casi 2,3 millones de votos más que los del partido de Gobierno.

Sin interpretar exhaustivamente los números, hay un consenso más o menos consistente de que la histórica tunda electoral que le dio el PP al PSOE podría traducirse en un certificado de defunción del ‘zapaterismo’ (la era de José Luis Rodríguez Zapatero y su cohorte). Herido de muerte y sin un sucesor a la vista, el PSOE, con paso de cangrejo, recorre a tientas desde ya los cenagosos caminos de la campaña presidencial de marzo próximo. ¿Seguirá reinando en La Moncloa? Todo está en su contra. El péndulo de la política en la península ibérica giró a la derecha.

Por primera vez el PSOE perdió sus feudos electorales en las comunidades de Extremadura o Castilla-La Mancha –en esta última después de 28 años de poder omnímodo—. Para no hacer la lista muy extensa, volvamos al reduccionismo aritmético. Hace cuatro años el PSOE obtuvo la victoria en 24 capitales; ahora solo quedó con 10. En contraste, el PP obtuvo 33 capitales y el control de Cantabria, Aragón, Murcia, la comunidad de Valencia, Castilla y León, Islas Baleares. La lista sigue. El caso de Barcelona es ilustrativo: desde la transición a la democracia, en 1978, el PSOE había sido depositario del poder. Hasta hace tres días. “La crisis (económica) nos castigó”, dijo, resumiendo, el presidente Rodríguez Zapatero.

¿Podrá sobrevivir el inquilino de La Moncloa la presión que ya cabalga sobre sus hombros, los editoriales y las voces que piden que convoque ya a elecciones para elegir a su sucesor? El presidente del PP, Mariano Rajoy, el administrador de la derrota ajena, ya pidió elecciones anticipadas bajo la tesis de que España no está en tiempos de improvisaciones y que el respaldo popular otorgado al partido –casi 9 millones de sufragios— constituye un reclamo social que debería traducirse en un paso al costado del gobierno socialista. Muy a pesar del descalabro del PSOE, Rodríguez Zapatero anunció que no adelantará elecciones ni acortará la legislatura, y que la elección del candidato socialista a las generales de marzo de 2012 saldrá de unas primarias.

El vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba y la ministra de Defensa, Carme Chacón, están en la cola para suceder a Rodríguez Zapatero, pero algunos analistas insisten en que convocar unas elecciones primarias ahora, en tiempos en los que el PP parece avanzar sobre las ruinas del PSOE, sería un suicidio político. Por lo pronto, las caras largas se suceden, una tras de otra, día tras día, en el partido de izquierda. Los medios siguen dándose un banquete con ellas.

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