Querido Iniesta

Aclamado por su gol en la final de Sudáfrica, es el futbolista más querido de España.

Los datos de evolución de inmigrantes por lugar de procedencia del departamento de estadística del Ayuntamiento de Barcelona indican que en 1996 se instalaron en la ciudad 11.028 personas, 99 de ellas procedentes de Castilla-La Mancha. Aunque las estadísticas no lo cuentan, en el padrón municipal debe constar que una de esas personas era Andrés Iniesta Luján; tenía 12 años y quería ser futbolista.

Iniesta cumplió su sueño. Retiró a su padre de albañil a los 40 años y le compró una casa a su madre cuando firmó su primer contrato profesional. Hoy, a los 27 años, es campeón del mundo, acaba de ser padre, su plato favorito sigue siendo el pollo con patatas y fuera del campo pasa tan desapercibido que cualquiera le puede confundir con un camarero, como le ocurrió no hace mucho.

Andrés Iniesta se llama Andrés por su abuelo paterno. En Fuentealbilla (Albacete) hay tres Andrés Iniesta: el futbolista y dos de sus primos, hijos de los hermanos mayores de su padre, José Antonio. Da la casualidad de que su abuelo materno también se llama Andrés. Andrés Luján tenía un bar en el pueblo, del que se ocupaba con su hija, y que cerró hace diez años. Lo cuenta el jugador del Fútbol Club Barcelona en la ciudad deportiva del equipo, antes de un entrenamiento. Viste una camiseta Nike, firma que le contrató cuando era un niño a cambio de material. Hoy es uno de los íconos de la marca estadounidense.

De pequeño, Andrés Iniesta Luján jugaba al fútbol en la pista, como se conocía en Fuentealbilla a la suerte de polideportivo con suelo de cemento, situado a la intemperie, con dos porterías de fútbol sala y dos canastas. Hasta que cumplió los ocho años, momento en que pasó la prueba de acceso a las categorías inferiores del Albacete, a 80 kilómetros de su casa, y empezó a alejarse de la pista y también dejó de ir a ver cómo saltaban las ranas en las charcas del pueblo.

Allí jugó, en Albacete, hasta que dejó de ser anónimo, cuando fue elegido como el mejor del torneo de alevines de Brunete. Imposible no reparar en aquel niño tan colorista en su juego y de cara tan pálida, lo mismo que su madre y su hermana. Había observadores de los mejores equipos, también del Madrid y del Barcelona. Albert Benaiges, uno de los mejores colaboradores de Oriol Tort, responsable del fútbol base  azulgrana, regresó al Camp Nou con unos cuantos nombres en la libreta, Iniesta a la cabeza.

Pero había un problema. Por entonces la edad mínima de ingreso en la residencia de la Masía era de 14 años y Andrés sólo tenía 12. El club explicó a la familia que seguirían con especial atención la trayectoria del niño y le reservaban plaza para tres años más adelante.

A favor de Iniesta jugó entonces un protagonista desconocido, un niño de la misma edad y que también figuraba en las notas de Benaiges, de nombre Jorge Troiteiro. Pasadas dos semanas del torneo de Brunete, el padre de Troiteiro se presentó en la Masía con su hijo de la mano. “Ustedes mismos: ¡O se queda aquí o me lo llevo al Madrid, pero mi hijo ha de ser futbolista!”, le soltó a Tort. A El Profesor, como se conocía al coordinador de la cantera azulgrana, se le ocurrió la mejor de las soluciones: aceptó el ingreso de Troiteiro y llamó a Fuentealbilla para que se incorporara Iniesta. “Al menos se harán compañía uno al otro, no se añorarán, tendrán con quién jugar”, recuerda Rodolfo Borrell que aseveró Tort, responsable del fútbol base del Barça.

“Mi padre me dijo: ‘Puede que el tren sólo pase una vez en la vida’, pero yo le respondí que no me quería ir”, replicó Andrés. Aunque su intervención fue rotunda, no paraba de darle vueltas y más vueltas al consejo de papá. El tema ni se tocaba en los viajes que tres tardes a la semana afrontaban padre e hijo desde Fuentealbilla hasta Albacete. Hasta que un día Andrés levantó la voz para decir: “Papá, llama a Barcelona”.

Y su padre llamó.

El Premio Eroski al mejor jugador del torneo de Brunete incluía una visita a Port Aventura, de manera que aprovechando que estaban en Tarragona, José Antonio Iniesta quedó con Tort y Benaiges en la Masía. “Vimos las instalaciones y los campos. Las personas que hablaron con mi padre, Oriol Tort, Albert Benaiges y Joan Martínez Vilaseca, nos lo plantearon tan bien, nos transmitieron tan buenas sensaciones, que era muy difícil decir que no. Pero como yo era muy niño, también nos comentaron que si separarme de la familia iba a resultar dramático, pues que tranquilos, que ya volveríamos el otro año”.

La idea era no volver, al menos ese año, pero aquella frase —“el tren pasa una vez en la vida”— seguía martirizando a Andrés. Un par de semanas después, a punto de empezar el curso escolar, Andrés Iniesta Luján decidió convertirse en uno de los 99 manchegos que aquel 1996 buscaron un sueño en Cataluña.

“Después de pensarlo mucho, de hablar con mis padres, dije que quería venir. Una vez dicho, me convencí de que costase lo que costase, lo aguantaría”.

El viaje de ida fue un infierno. En un Ford Orion azul oscuro, el mismo coche donde tomó la decisión que iba a marcar su vida. “Paramos a comer. No comió nadie. Mi madre lloraba, mi padre no tenía hambre, mi abuelo trataba de animarme... pero tampoco comía. Yo ni miré el plato... La primera imagen que tengo en la Masía es la de Joan Farrés, el director. Me presentó a José, un portero de los juveniles que medía más de 1,90 metros, y me enseñó toda la Masía. Yo le miraba y pensaba: ‘¡Dios mío!’”.

Esas despedidas sin adiós se repetían cada quince días. Los padres llegaban el sábado, veían al niño, le dejaban la noche del domingo en la Masía y le engañaban: “Mañana venimos a buscarte para llevarte al cole”. Y Andrés ya sabía que al día siguiente al cole iría solo. Pero allí, nada más llegar, conoció a Víctor Valdés.

“Ahora todos son muy jóvenes, pero éramos yo y Troiteiro, no había más niños. Víctor nos cuidaba, se portó genial con nosotros. Troiteiro era muy bueno, pero hay muchas circunstancias que no controlas. Él no cumplió su sueño de jugar en el Barcelona, pero ha vivido del fútbol”.

El mérito fue ciertamente de Andrés. Hubo dudas en el Barça hasta no hace mucho tiempo sobre el futbolista. No formó parte de una generación extraordinaria, como le pasó al grupo de Cesc, Messi y Piqué, ni tuvo un entrenador influyente en las decisiones del club. La mayoría de compañeros de curso se caían en las distintas cribas de final de temporada. Andrés se salvó por los pelos de alguna, fue suplente en más de un equipo y siempre se temió por su fragilidad y aparente docilidad.

Resulta curioso constatar que usted ha hecho prácticamente una carrera en solitario y, sin embargo, asegura su entrenador, Pep Guardiola, que si marcó el gol de Stamford Bridge con el que el Barcelona alcanzó la final de Roma fue porque todo el barcelonismo estaba depositado en su pierna derecha.

Quizá en momentos decisivos necesitas algo extra, sentir cosas positivas, es posible. A veces intuyo las cosas. Me pasa fuera y dentro del campo.

¿También intuyó el gol del Mundial?

Yo sabía que tenía que ser el Mundial de España. Estaba convencido. Tenía que ser esta vez o nunca, por el seleccionador, por los jugadores, por las sensaciones, porque sí, porque tocaba. Así lo visualicé a nivel global y personal. Lo había pasado muy mal durante la temporada y sabía que no habría un mejor escenario para volver a encontrarme a mí mismo. El Mundial me liberó de un año terrible a nivel personal. Sufrí mucho para tener estos minutos de gloria final.

¿No se siente un jugador universal?

Soy de Fuentealbilla, nací en Albacete, pero me siento catalán como el que más. Llevo más tiempo aquí que en Albacete y me identifico igual en un sitio que en otro. Con el permiso de la gente que nació aquí, me siento uno más.

¿España como país y como selección?

Es complicado. De eso no entiendo. Cada uno es libre de opinar y mostrar lo que siente, pero siempre respetando a los demás. Más allá de sentirse español, catalán o andaluz, está el respeto.

¿Es Messi el mejor?

Es el mejor. El equipo necesita a Messi, pero Messi necesita también al equipo. Nosotros hemos tenido suerte de poder contar con Pep Guardiola como entrenador. Es la clave de que este equipo haya ganado lo que ha ganado y pueda volver a ganarlo. Ya me gustaban sus formas cuando era jugador, y ahora nos ha ayudado mucho. El míster es nuestra luz.

Temas relacionados