Raperos, en la mira

Las autoridades aseguran que no se trata de una persecución, sin embargo todas las víctimas trabajaban en comunidades difíciles, cinco en la Comuna 13, con jóvenes inmersos en el conflicto.

El domingo pasado en dos zonas diferentes de Medellín se escribía una historia común: otros dos artistas asesinados. Uno de los casos ocurrió en el sector de Belén, al suroccidente de la ciudad, donde Luis Alberto Pacheco Medina fue baleado mientras departía con un grupo de amigos en un centro comercial. El lunes falleció. Este joven pertenecía al colectivo rapero Clika, con más de 20 años de historia.

También el domingo en el barrio Castilla, al noroccidente de la capital antioqueña, Jhonatan Vertel, un reconocido líder de la agrupación Automático, desapareció de su casa. Sus familiares y amigos lo buscaron incansablemente, hasta que el miércoles fue hallado en Medicina Legal. Allí permanecía desde el domingo. Había muerto a causa de múltiples heridas con arma blanca.

Historias como la de Luis y Jhonatan parecen ser una constante en los últimos meses y se suman a las de Kolacho, Yhiel, Chelo, El Gordo y Medina, cinco jóvenes de la Comuna 13 que tenían en común su amor por el arte y el hip hop y que también fueron asesinados por delincuentes de la zona, en una guerra absurda que no distingue entre quienes están ligados al conflicto y quienes luchan por una alternativa diferente.

Tanta muerte y dolor llevaron a que sus compañeros, aquellos con quienes compartían su música y sus sueños de un barrio sin fronteras invisibles, sin enfrentamientos y sin muertes, se armaran de valor para repudiar públicamente los hechos de violencia.

Por eso salieron a marchar el pasado 29 de marzo por el occidente de Medellín pidiendo respeto por la vida y más oportunidades para quienes no desean formar parte de esa guerra. “Nos sentimos perseguidos porque somos jóvenes, miembros de una sociedad que está enferma y donde cualquiera puede ser víctima. No hay persecución contra nosotros por ser artistas, es el contexto de la ciudad, aquí cualquiera puede ser atacado”, manifiesta Jeihhco, de la red de hip hop La Élite, que reúne a 25 grupos de la Comuna 13.

Al igual que Jeihhco, las autoridades aseguran que no se trata de una persecución en contra de los jóvenes que participan de actividades culturales, sino que es el resultado de la situación de orden público de la ciudad. “Los análisis que hemos hecho con los organismos de inteligencia nos indican que no hay un motivo común, es la consecuencia del accionar criminal de unos grupos que no distinguen al momento de causar daño y afectan a sus propias comunidades”, indicó el secretario de Gobierno, Juan Felipe Palau.

Cientos de jóvenes mueren al año en Medellín en circunstancias similares. Entre enero de 2009 y febrero de 2011 fueron asesinados 1.982 muchachos entre los 11 y los 25 años, según datos de Medicina Legal. Pero la muerte de estos siete jóvenes ha causado especial impacto por tratarse de personas que a través de la música buscaban restarles integrantes a las bandas, brindarles alternativas diferentes a quienes sólo tienen la ilegalidad como proyecto de vida y apoyar a quienes han decidido no tomar partido.

Las investigaciones avanzan para tratar de dar con los responsables de estos crímenes, sobre los cuales ya se tienen pistas y en algunos casos capturados. El comandante de la Policía Metropolitana, general Yesid Vásquez, señaló por ejemplo que la muerte de Daniel Alejandro Sierra Yhiel, un joven de 17 años del grupo Ruta Difusa asesinado el sábado 26 de marzo en la noche, se debió a una confusión, pues ese día en la mañana se presentó un enfrentamiento entre dos bandas del sector y al parecer en la noche, cuando el joven artista transitaba por la calle, pensaron que se trataba de uno de sus enemigos. “Nosotros teníamos dos personas indiciadas, recopilamos las pruebas y se las entregamos a la Fiscalía. Eso permitió la captura de uno de los delincuentes, quien sería el asesino de este joven”, informó el oficial.

Sobre los otros homicidios también se tienen pistas. En el caso de Héctor Pacheco Marmolejo, Kolacho, del grupo C15 asesinado el 24 de agosto de 2009, las autoridades señalan como responsable a la banda la Agonía. Su homicidio, al igual que el de Yhierl, se debió a que cruzó una de las “fronteras invisibles”. También por este hecho está capturada una persona.

En el caso de David Fernando Romero, Gordo, asesinado el pasado 15 de marzo, las investigaciones dejaron un sindicado. “Sabíamos a qué combo pertenecía el homicida, adjuntamos las  pruebas y la Fiscalía ordenó su captura y hoy le responde a la justicia”, explicó el general Vásquez.

Tanto el secretario de Gobierno como el general Vásquez informaron que dentro de la estrategia para tratar de capturar a los delincuentes responsables de estos crímenes se mantiene la oferta del pago de recompensas para quienes brinden información. Por su parte, los “parceros raperos”, como los llama Juanes, quien semanalmente se comunica con ellos para darles ánimo, apelan a que la gente despierte y rechace de plano la violencia. La marcha en la que participaron más de 2.000 jóvenes de diferentes grupos culturales de la ciudad es el primer paso para lograrlo. “Estamos gestando un movimiento para lograr que se apague el silencio en una sociedad que parece familiarizada con los asesinatos. Hemos encendiendo una mecha en contra de la indiferencia y ésta tiene que estallar en cualquier momento”, aseveró Jeihhco.

El miércoles en la noche, en la Comuna 5, los amigos de Jhonatan se reunieron en una vigilia para despedirlo y repudiar su homicidio. Estos siete jóvenes asesinados en los últimos dos años en Medellín tienen en común, además de trabajar por el arte a través de la música y restarle muchachos a la guerra, que todos habitaban la zona occidental de Medellín.

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