Regreso a casa

Detrás de la disputa para recuperar las piezas de Machu Picchu que tenía la U. de Yale, se esconde el anhelo de un pueblo por proteger su patrimonio.

Julio 24 de 1911. Hiram Bingham, un explorador y profesor de historia latinoamericana de la Universidad de Yale, salió de su campamento en el río Urubamba rumbo a una cumbre conocida como Machu Picchu, en busca de unas ruinas de las que había oído hablar. Cuando las encontró no podía creer lo que estaba viendo: un laberinto de terrazas y paredes que se asomaban en medio de la maleza, los vestigios de una ciudad perdida.

Aunque Bingham reconoció que no fue la primera persona en descubrir esta maravilla arqueológica, sí se convirtió en el primer científico en estudiarla. Para ello realizó tres expediciones más a Machu Picchu que le permitieron llevarse al Museo Peabody de Historia Natural, de la U. de Yale (EE.UU.), miles de piezas, en su mayoría cerámicas, para descifrar cómo era aquella civilización.

Después de varios años comenzó una disputa entre el gobierno de Perú con la universidad para recuperar estos restos. Al principio, la prestigiosa institución educativa se negaba a devolverlos argumentando, entre otras cosas, que en ese país no existían las condiciones para conservarlos en buen estado, pues tienen que preservarse a una temperatura de diez grados y en vitrinas con índices de humedad que no superen el 60%.

Sin embargo, la presión diplomática y de la comunidad científica internacional fue tan fuerte que la U. de Yale decidió, un año antes de la conmemoración de los cien años del descubrimiento de Machu Picchu, devolverles a los peruanos lo que siempre había sido suyo.

Hace tres meses el gobierno de Perú comenzó a recibir las primeras piezas. La semana pasada llegaron otras 367 y se espera que en 2012 ya todas hayan regresado a casa. El ministro de Cultura, Juan Ossio, celebró el acontecimiento: “Nos sentimos felices de recibir estas piezas que por 100 años estuvieron fuera de su cuna”.

Por su parte, el Premio Nóbel de Literatura Mario Vargas Llosa aseguró que “muchas cosas han salido ilegalmente de Perú y ojalá el país pueda recuperar parte de su patrimonio, que está repartido por el mundo”. Hasta el entonces presidente, Alan García, sostuvo que la llegada de esos objetos fortalece la autoestima de los peruanos. Y concluyó con una significativa frase que evidencia el trasfondo de una batalla diplomática que tardó demasiado en resolverse:

“Si bien los restos arqueológicos no tienen piedras preciosas, son tesoros hechos por nuestros ancestros que representan el orgullo de Perú que tiene ante el mundo la importancia suficiente para pedir que le sean devueltas partes de su pasado”.

Temas relacionados