Sábato y el universo

El escritor argentino, con sus cien años, sería el gran homenajeado durante la próxima Feria del Libro de Buenos Aires. Intelectuales y políticos se sumaron al último adiós

La primera en desconocer la solicitud fue la presidenta Cristina Fernández. A ella le siguieron la Secretaría de Cultura de Argentina y la Embajada de España y desde entonces, a pesar de la petición expresa de no hacerlo, no pararon de arribar ofrendas florales tanto al club Defensores de Santos Lugares, donde se realizó la ceremonia de velación durante el sábado y las horas de la mañana del domingo, como al cementerio privado Jardines de Paz, a más de 40 kilómetros del centro de Buenos Aires.

Mario Sábato, hijo del escritor, se sorprendió con el número incontable de coronas y expresó sentirse complacido con las manifestaciones de cariño hacia el autor que saltó a la fama internacional en 1961 con la novela Sobre héroes y tumbas, reconocimiento que 12 años después fue ratificado con Abaddón el exterminador. Estos dos textos sirvieron de plataforma para presentar en el mundo su primera novela, El túnel, que a la postre resultó siendo su obra insignia.

 A la velación en el club en el que pasó buena parte de sus jornadas vespertinas hablando de fútbol, argumentando por qué Estudiantes tendría que ser el mejor equipo argentino, conversando sobre el otro rostro del peronismo y jugando dominó, así como a lo que se tenía prevista como una ceremonia íntima, llegaron miles de sus seguidores, incluidas personalidades como la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, el empresario colombiano Francisco de Narváez, la activista política Graciela Fernández Meijide, el candidato único por el movimiento  Unión Cívica Radical, Ricardo Alfonsín, y el senador Daniel Filmus.

La escritora nicaragüense Gioconda Belli fue de las primeras en reaccionar: “Sábato fue tan grande como discreto. Sus escenarios, su imaginación desbordada, la filosofía y profundidad de las palabras con que construía sus novelas ejerció una influencia enorme sobre toda una generación de creadores latinoamericanos”.

Como la poetisa, voces de todo el mundo han lamentado la partida de Ernesto Sábato, quien el 24 de junio cumpliría 100 años y para quien se estaba preparando un homenaje especial durante la Feria del Libro de Buenos Aires. Sin embargo, los actos se adelantarán para la próxima semana y Mario Sábato será el encargado de recibir todos los reconocimientos.

“Siempre será relacionado con la democracia porque dio un ejemplo de compromiso con ella y con los derechos humanos”, sostuvo Ricardo Alfonsín al aludir al rol que el escritor desempeñó en 1984 como titular de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) durante la presidencia de su padre, Raúl Alfonsín.

Además de recordar sus novelas y de profundizar sobre sus diferencias con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, los intelectuales recordaron sus ensayos España en los diarios de mi vejez (2004), Nunca más. Informe de la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas (1985), Apologías y rechazos (1979), y Uno y el universo (1945). Y ahora se preguntan si este universo será lo mismo sin él.

El adiós al último grande

El sepelio de quien en 1984 fue galardonado con el Premio Cervantes, debía concluir la noche del sábado, pero continuó hasta la tarde del domingo por decisión de la familia del escritor y ante la innumerable cantidad de gente que se acercó para despedir a esta figura icónica de la literatura argentina.

Luego de la velación en el club Defensores de Santos Lugares, donde Ernesto Sabato jugaba dominó y pasaba las tardes con los vecinos, una larga caravana de autos acompañó al cortejo fúnebre que trasladó sus restos al cementerio Jardines de Paz, en la localidad bonaerense de Pilar, donde fueron inhumados en una jornada lluviosa y triste.