"Sí tenemos tradición de pensamiento científico"

Su meta es reconstruir el carácter de las comunidades indígenas antes de la llegada de los españoles. Ha excavado en sitios arqueológicos desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta el altiplano cundiboyacense.

A la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad de los Andes ha llegado un arqueólogo. No viene a excavar el pasado, sino a consolidar lo formulado por su antecesor, el químico José Luis Villaveces, a fortalecer el presente y a plantear nuevos rumbos para un futuro con más investigación y posibilidades de formar jóvenes científicos.

Es Carl Langebaek Rueda, una mezcla interesante entre danés y colombiano, dedicado a moldear en el presente lo que fue el carácter de las comunidades indígenas antes de la llegada de los españoles. Para conocerlas con mayor profundidad ha excavado en sitios arqueológicos desde la Sierra Nevada de Santa Marta, pasando por Antioquia y el altiplano cundiboyacense, siguiendo hacia el sur, hasta llegar a la monumentalidad de Tierradentro, en Cauca, y otros lugares del olvidado Nariño.

Entre oficios y memorandos encima de su escritorio, de repente abre una pequeña puerta de su biblioteca y saca una hermosa maleta de mediados del siglo XX que abre como el tesoro mejor guardado. Contiene manuscritos del lingüista Manuel José Casas Manrique (1882–1963), quien hablaba correctamente 30 idiomas, era experto en temas indígenas y convivió con algunas comunidades aborígenes del Putumayo durante unos años. Hojas y hojas de su puño y letra con historias y anécdotas en lenguas indígenas, traducidas por él mismo, palabra por palabra, al castellano. Muy probablemente, a través de la paciente lectura de cada una de ellas, la historia encontrará secretos hasta ahora no revelados. Esta es una tarea que tiene entre manos Langebaek.

Ha sido clave en la formulación de la política científica del país. Fue jefe del programa de ciencias sociales en Colciencias, pero también desde que ingresó a la Universidad de los Andes, ya no como estudiante sino como docente en 1992, ha sido director del Departamento de Antropología, director del Centro de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales, decano de esa misma facultad, y desde hace unas semanas vicerrector de Investigaciones.

Combinar la investigación con cargos administrativos es difícil, pero no imposible. “Creo que el rezago del país en investigación es brutal y el rezago en doctorados es absolutamente notable”, dice, convencido de que desde las universidades es posible impulsar con decisión la formación de investigadores jóvenes y de estudiantes de doctorado, para colaborar con una política institucional que redunde en beneficio de toda la comunidad.

Autor de varios libros, entre ellos Noticias de caciques muy mayores y más recientemente Herederos del pasado, las investigaciones de Langebaek revelan la gran diferencia en las trayectorias históricas de las sociedades indígenas en diferentes regiones, incluso en las que son muy cercanas, como las de Fúquene y las del Valle de Leyva. Esa fue una etapa de hacer estudios regionales para comprender la ocupación por parte de las sociedades indígenas. Su gran mentor entonces fue el arqueólogo y profesor de la Universidad de Pittsburg Robert Drennan, quien además lo animó a hacer su doctorado en esa universidad sobre la historia indigenista de Fúquene. También averiguó cómo era que los indígenas en la época prehispánica intercambiaban productos. “Ese fue un trabajo que me introdujo en el mundo de la historia que yo no había explorado”.

Hoy en día se dedica a la historia de la arqueología, principalmente a entender “cómo se percibe el indígena prehispánico en Colombia, no solamente por parte del académico, sino del público en general, que idealiza al indígena con la misma facilidad con que lo demoniza. Y ese tipo de idealismo o de desprecio por el indígena, las dos cosas, en mi opinión forman parte de una misma lógica colonial muy complicada: no hay forma de escapar de ese dilema de ángeles y demonios que viene del momento de la conquista, es la división de malos y buenos que hizo Colón. Ese es un tema de investigación que me apasiona”.

El rumbo de su investigación lo ha llevado a buscar en las viejas bibliotecas familiares el legado de los que considera grandes pensadores colombianos que no han sido rescatados por la historia y vienen a comprobar que “en Colombia sí hay una tradición del pensamiento científico interesante, compleja, sofisticada e importante, y nosotros no la conocemos. Es necesario rescatar personajes de la antropología colombiana cuyo trabajo ha sido poco conocido”.

Además del lingüista Casas, viene en la fila Miguel Triana (1859–1931), a quien, según Langebaek, podría considerarse el precursor de la sociología en Colombia. “Tenemos la fortuna de haber encontrado en manos de su familia manuscritos inéditos sobre indígenas colombianos desde finales del siglo XIX, que son un testimonio etnográfico y arqueológico absolutamente maravilloso”. La historia de la antropología ya no se limitará a unos pocos autores, remata.

El reto en su nuevo cargo no lo desvela: “Afortunadamente trabajo en una institución muy sólida que ha consolidado la investigación: ya tenemos 15 programas de doctorado con cerca de 250 estudiantes. Hay que seguir en esa misma ruta, aumentar la producción científica y crear el ambiente propicio para que los profesores que han llegado con doctorados de magníficas universidades puedan seguir investigando”.

Memorias de un arqueólogo

El nuevo vicerrector de Investigaciones de la Universidad de los Andes, el arqueólogo Carl Langebaek, ha estudiado con empeño la esencia de las comunidades indígenas antes de la conquista española. En busca de ese objetivo ha realizado excavaciones en regiones arqueológicas de todo el país.

“En 1984 excavé un sitio arqueológico muisca en el valle de Sopó que se llama El Muelle. Esa fue la primera excavación en la cual traté de investigar las relaciones entre los períodos Herrera y Muisca. Resultó ser un basurero relativamente profundo, de casi un metro, que en este territorio es muy difícil de encontrar, en el cual se pudo reconstruir algo de cronología y tratar de interpretar la relación entre esos dos períodos”, recuerda.