Sai Baba: un guía polémico

A pesar de contar con millones de seguidores en el mundo, también había un sinnúmero de contradictores que lo acusaban de fraude.

Doce años le faltaron a Sai Baba, uno de los líderes religiosos indios más venerados, para poder cumplir su propia profecía, esa que decía que sólo moriría a los 96 años. Este domingo, sobre las 7:40 de la mañana, murió producto de un fallo cardiorrespiratorio en el hospital que él mismo levantó en su ciudad natal, la sureña Puttaparthi, y al que había ingresado a finales de marzo por problemas de corazón.

El halo de misticismo que él mismo creó en torno a su figura y que lo llevó a ser considerado por más de un millón de seguidores en todo el mundo como un avatar o dios viviente, comenzó a fraguarse a finales de la década de 1930. Con tan sólo 14 años afirmó tener naturaleza divina y durante tres días predicó bajo un árbol el “Prashanti Nilayam” o “Morada de la Paz”.

Por medio de supuestos milagros, habilidades místicas con las que producía ceniza o comida de la nada, o se sacaba de la boca joyas, bolas de oro y relojes, empezó a obnubilar a los lugareños, que de boca en boca fueron agrandando su mito. Mito que alcanzó Occidente de la mano del movimiento hippie en los sesenta, que adoptó su estilo, de melena estilo “afro” y túnica naranja, como suyos.

Después de setenta años de predicación, su centro religioso se convirtió en lugar de peregrinación para muchas personalidades indias y era tal su trascendencia que tanto la presidenta, Pratibha Patil, como el primer ministro, Manmohan Singh, acudieron a su último cumpleaños. “Sathya Sai Baba era un líder espiritual que inspiró a millones de personas a llevar una vida moral sin renunciar a su propia religión, siguiendo las ideas de verdad, conducta adecuada, paz, amor y no violencia”, recordó el propio Singh en medio de un comunicado.

Pero no todo fue alegría en su vida. Desde siempre, un sinnúmero de acusaciones de fraude y hasta de abusos sexuales por varios de sus discípulos, los cuales nunca fueron comprobados por la Policía, ensombrecieron su éxito hasta llevarlo a abandonar sus milagros. En los últimos años el gurú se centró en las ayudas sociales y de caridad, apoyado en una ONG que gestiona, según el Ministerio de Hacienda indio, más de 9.000 millones de dólares en donaciones.

Ahora con su trono vacío y con cerca de 7.000 personas asegurando ser avatares en el país, la sociedad empieza a preguntarse quien será su sucesor. De acuerdo con su propia profecía, el nuevo avatar nacería ocho años después de su muerte. Sin embargo, con la crisis de credibilidad desatada tras su muerte, los medios de comunicación sólo especulan sobre quién heredará el emporio.