SaludCoop, historia de un ascenso

¿Cómo llegó esta empresa a convertirse en la más importante del sector? Gobierno busca $180 mil millones para salvarla.

La gráfica habla casi por sí sola. La línea que sube y sube desde el año 2000 hasta 2008 es un reflejo del crecimiento del patrimonio de la EPS SaludCoop. Las otras 17 EPS que operaron en el país durante ese mismo período escasamente lograron despegar de la línea base. Algunas de ellas, incluso, caminaron peligrosamente por el abismo de la quiebra y la descapitalización.

Es la clara imagen de una de las mayores historias de éxito empresarial en Colombia. De una pequeña cooperativa de servicios de salud —que comenzó a gestarse en 1990— SaludCoop saltó a la lista de las 20 empresas más grandes del país, al lado de Ecopetrol, Bancolombia y Avianca. Hoy cuenta con más de 4 millones de afiliados y una red de 30 entidades que suministran servicios en la cadena de atención a los pacientes. ¿Cómo lograron los socios de la cooperativa y su gerente, Carlos Gustavo Palacino, llevar a la cima a la empresa?

La historia se remonta a 1993, cuando se promulgó la Ley 100 que cambió las reglas de juego en la prestación de servicios de salud. En ese momento un grupo de más de 10 cooperativas, entre ellas la Cooperativa de Profesores de la Universidad Nacional y Coomultrasán, crearon la EPS SaludCoop. Carlos Gustavo Palacino, quien había comenzado como auxiliar de contabilidad en Seguros La Equidad y llegó a ser vicepresidente comercial y financiero de la misma, se convirtió en el gerente de la recién nacida institución. Sin duda era un hombre con olfato para las oportunidades.

SaludCoop, como muchas otras EPS, le apostó en ese momento al régimen subsidado. Recibían subsidios del Estado por atender a la población más pobre. En los primeros años ese negocio fue rentable, porque recibían más dinero del que gastaban en atención. Pero las cosas comenzaron a complicarse por cuenta de la burocracia en los municipios y departamentos. También porque los afiliados aprendieron poco a poco a exigir más y más atención.

Con gran intuición empresarial Palacino se dio cuenta a tiempo de que esa parte del sistema era un riesgo demasiado alto por culpa del desorden burocrático y decidió apostar todo al régimen contributivo, a los trabajadores que hacían aportes y a sus familias.

Aprovechando la mala imagen del Seguro Social y otras EPS, SaludCoop se dedicó a reclutar usuarios en más de 800 municipios del país. Esa es, en opinión de algunos, una de las claves del éxito. Mientras la mayoría de EPS se concentraban en las ciudades grandes, la hoy cuestionada entidad extendió sus brazos a todo el país. Además, un gran número de estos afiliados correspondía a gente joven y sana que prefirió no quedarse en el Seguro Social y pasarse a la EPS. En términos económicos, esto significaba una ventaja financiera: gastaban menos en cada paciente y podía capitalizarse.

Pero no era suficiente con reclutar el mayor número de afiliados. En 1998 SaludCoop inauguró la primera clínica de alta complejidad en Bogotá. Era una de las primeras piedras en la pirámide de integración vertical que construiría en los años venideros. Así como el Seguro Social operaba sus propias clínicas, Palacino y sus socios entendieron que el negocio estaría mejor blindado de vaivenes económicos y sería más eficaz si construían su propia infraestructura.

Una tarea a la que se dedicaron con especial ímpetu. En diez años sumaban 30 entidades: tres correspondían a las EPS SaludCoop, EPS Cruz Blanca y EPS Cafesalud, más dos laboratorios (Bioimagen y Pharma), tres equipos hospitalarios (Coodontológicos, Epsifarma y Biorescate), una óptica (Óptica SaludCoop), diez clínicas, tres cooperativas, un lavado de prendas clínicas y siete empresas de servicios varios (Heon Healt Online, Epsiciclinas, Healthfood, Work y Fashion, Procesos y Transacciones PyT, Contact Service y Audieps).

Al mismo tiempo que SaludCoop engordaba y engordaba, muchos hospitales y clínicas sufrían de raquitismo. Mientras un equipo de fútbol como La Equidad comenzaba a labrar su camino desde la categoría Primera C hacia la Primera División con el apoyo de SaludCoop, muchos comenzaban a ver con malos ojos el creciente poder de esta y otras EPS.

Las presiones arreciaron en 2003. Tanto el Gobierno, que había entregado las clínicas del Seguro, como actores privados, vieron la necesidad de poner un freno a estas entidades. En 2007, con la Ley 1122, se estableció un porcentaje del 30% a la integración vertical. Dos años más tarde, en octubre de 2009, SaludCoop salió a vender 257 clínicas, centros de salud y laboratorios para cumplir con la norma.

Pero mientras el sistema les exigía a las EPS moderación en el “yo con yo” (integración vertical), las EPS, sobre todo a partir de 2006, habían descubierto una puerta mágica para arreglar sus finanzas: la cuenta de compensación del Fosyga. Allí reposaban parte de los aportes que hacen los trabajadores y que se supone deberían usarse para cubrir eventos médicos no incluidos en el POS. Lo que demuestran las estadísticas es que en los últimos años, por cuenta de recobros de medicamentos y eventos médicos (algunos reales, otros exagerados), la cuenta del Fosyga prácticamente quedó vacía. Más de $4 billones salieron por esa puerta.

Este año se aprobó la Ley 1438. Otro intento más por poner orden en el sistema. Según la senadora Dilian Francisca Toro, la ley buscaba frenar esa bolsa rota de recobros vía tutelas y por eso se ordenó una actualización del Plan Obligatorio de Salud. Además, a las EPS se les pidió dedicar más esfuerzos a la atención primaria.

En los últimos 12 meses, SaludCoop se convirtió en el chivo expiatorio del sistema. Sin duda tiene muchos pecados, pero no es el único culpable. Primero fue la Superintendencia de Salud, exigiéndole, en febrero de 2010, que restituyera $627.000 millones que había utilizado en la adquisición de activos y de infraestructura en lugar de destinarlos a la salud —esta medida sería revocada por la misma Supersalud meses después—.

Luego fue la arremetida del senador Jorge Robledo, quien, en marzo pasado, denunció que las tres EPS del Grupo (Cafesalud, Cruz Blanca y SaludCoop) le estaban generando al Gobierno un sobrecosto de $825.760 millones por cuenta de la sobrefacturación de medicamentos. Hace menos de un mes fue el turno de la Contraloría General de la República, que le pidió a la Superintendencia de Industria aclarar la conformación del grupo económico SaludCoop.

Y la estocada final la hizo esta semana la Supersalud al ordenar intervenir a la EPS, argumentando irregularidades administrativas y financieras.

Lo que no deben olvidar los colombianos, en medio de este despelote, es que pese a sus deficiencias el sistema de salud colombiano es considerado uno de los 25 más eficaces del mundo por la  OMS.

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