Santos sin carisma, Vargas Lleras sin control: José Obdulio Gaviria

Además a Andrés Felipe Arias le faltaba recorrido intelectual. Revelaciones de Wikileaks sobre los planes de reelección del equipo uribista para el período 2010 - 2014.

La política es cambiante y los hechos provocan comentarios que, vistos desde el presente, explican los distanciamientos. La prueba son dos de los múltiples cables diplomáticos que la Embajada de Estados Unidos remitió a Washington alrededor del espinoso tema de la frustrada segunda reelección del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Detrás de ese episodio se refleja cómo los alfiles del uribismo purasangre nunca estuvieron de acuerdo a la hora de encontrar un heredero de Uribe y esto fue factor clave para buscar el tercer mandato.

El primer cable se emitió a mediados de 2008.La fuente fue el triunvirato que obraba como escudero de Uribe. Es decir, su secretario general, Bernardo Moreno, su ministro del Interior, Fabio Valencia, y su asesor de cabecera, José Obdulio Gaviria. La transcripción de sus comentarios estuvo precedida por una declaración atribuida a la exsenadora Marta Lucía Ramírez en el sentido de que el dilema de Uribe frente a un tercer mandato estaba suscrito a esta disyuntiva: “Su cabeza le dice que no se lance, pero su corazón le dice que sí”.

Según la Embajada, en criterio de José Obdulio Gaviria, la indecisión de Uribe lo que reflejaba era su preocupación de no tener un heredero cualificado. Sin duda, el entonces exministro Juan Manuel Santos era la mejor opción, pero tanto José Obdulio Gaviria como Bernardo Moreno dejaron claro ante sus interlocutores en la delegación diplomática que Santos no era de adentro de la Casa de Nariño, es decir, de su plena confianza. Gaviria dejó ver que Noemí Sanín, Luis Carlos Restrepo o Andrés Felipe Arias eran otras opciones.

Además agregó que en algún momento Uribe había considerado que Sergio Fajardo podía ser su sucesor, pero que su negativa a identificarse plenamente con él había roto esa posibilidad. De todos modos, trascendió que el gobierno Uribe forzó el hundimiento de la reforma política que castigaba a los partidos con pérdida de curules en el Congreso si sus miembros tenían nexos con los paramilitares, porque habría debilitado al gobierno Uribe y, por supuesto, bloqueado sus esfuerzos para un tercer mandato.

En medio de las indecisiones, el consejero presidencial Jorge Mario Eastman expresó que la manera como había hecho Santos el anuncio de la muerte de Manuel Marulanda sin informárselo había acrecentado las dudas de Uribe sobre la fidelidad de su entonces ministro de Defensa. Y adicionalmente, citando como fuente a Marta Lucía Ramírez, que los que estaban impulsando al presidente Uribe a que se lanzara de nuevo a la Presidencia en 2010 eran básicamente José Obdulio Gaviria, Bernardo Moreno y el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo.

El segundo cable, fechado en marzo de 2009, es aún más esclarecedor. Uribe seguía indeciso pero, según Jorge Mario Eastman, había desplegado a sus principales alfiles para que el referendo por el tercer mandato cobrara impulso. De hecho, José Obdulio Gaviria ratificó en la Embajada que había dejado su posición en el Palacio de Nariño como asesor para poder presionar el tercer periodo, pues él creía que no existía otra alternativa para las elecciones de 2010 que no fuera Álvaro Uribe.

Y lo describió de una manera gráfica. En opinión del exasesor Gaviria, el exministro de Defensa Santos no tenía carisma ni caudal político; el entonces senador y hoy ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, no podía controlar ni a su propio partido político; y el exministro Andrés Felipe Arias carecía de recorrido intelectual. Para Gaviria, la coalición uribista no era más que un disparatado grupo de líderes políticos sin un compromiso con Uribe más allá de un apoyo oportunista. En su criterio, sin Uribe, la coalición se iba al traste.

El otro escudero era Luis Carlos Restrepo, quien admitió en la Embajada que su interés era consolidar el partido uribista para presionar la reelección de Uribe. Además admitió que pensaba lanzarse al Congreso con el objetivo de asegurar 60 puestos en el Senado y 100 en la Cámara. Pero también reconoció que no coordinaba sus planes con Juan Manuel Santos. Un hecho que confirmó el entonces presidente de la U, Carlos Ferro, quien expresó que Santos se estaba apartando del liderazgo que quería imponer Luis Carlos Restrepo.

El cable también señaló que el entonces presidente Uribe había hecho movidas políticas para dividir al partido Cambio Radical, el más independiente de la coalición. La prueba fue la renuncia de Juan Lozano al Ministerio del Medio Ambiente para apostar a la reelección de Uribe. El exconsejero Eastman añadió que la derrota de Vargas en su oposición a Uribe lo que estaba demostrando era que la mayoría de los políticos uribistas, muchos de ellos inmersos en la parapolítica, no veían futuro diferente a apoyar la reelección de Uribe.

La tercera ficha era Andrés Felipe Arias, precandidato por el Partido Conservador pero dispuesto a renunciar a su candidatura si Uribe se lanzaba. El cable diplomático demuestra que las tres vertientes buscaban un mismo fin: apoyo suficiente para el tercer mandato. Además, el reporte a Washington mostraba que las encuestas daban el 80% de posibilidades de esa segunda reelección. Pero a pesar de los cálculos optimistas, el consejero Eastman dejó claro lo que podía pasar con la reforma: que no iba a ser ni fácil ni bonita.

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