Selección de Colombia: ¡qué bonita familia!

En la concentración del equipo se respira un buen ambiente.

Hay una frase que se escucha de los labios de los futbolistas colombianos y que repiten hasta el cansancio. “Esta es una gran familia”, dicen cada vez que se cruzan con los enviados de los medios nacionales. Y el rótulo que se autoimpuso esta selección no está lejos de la realidad. La unión del grupo y la disciplina colectiva es la clave del buen momento del equipo tricolor, ése que lo impulsó a jugar los cuartos de final de la Copa América y clasificarse a esa instancia como el mejor representante del continente.

Hernán Darío Gómez es el responsable de que los jugadores no desborden de palabras grandilocuentes las grabadoras, micrófonos y cámaras que habitualmente invaden el estadio de Unión de Santa Fe, donde la selección se entrena diariamente desde que aterrizó en tierras gauchas, hace ya 16 días. “Antes, los futbolistas hablaban de más. Ahora, todos están tranquilitos, juiciosos, con perfil bajo… Así, nos va a ir mejor que nunca”, le confió un allegado del cuerpo técnico a El Espectador. Por eso se oye de la boca de Falcao, Yepes y compañía que “todavía no se ha ganado nada”, que “vamos lento, pero seguro”, que “hay que ir paso a paso” y otros vocablos que están apuntados a mantener la calma, ante todo, y no dejarse presionar por el entusiasmo de la gente, ilusionada después de una primera ronda en la que Colombia terminó primero en su grupo, por encima de Argentina, nada menos.

“Quiero seriedad”, reclama el Bolillo hasta el hartazgo. Y eso se observa a cada minuto. Respetuosos con los horarios, no se involucraron con sus familias de sangre hasta que el lunes, 24 horas después de abrochado el pasaje a los cuartos de final tras el 2-0 frente a los bolivianos, el profe les dio licencia a los titulares. Entonces, algunos aprovecharon para estar con sus esposas e hijos, como Luis Amaranto Perea, Radamel Falcao y Aquivaldo Mosquera. Muchos se quedaron en el hotel Holiday Inn. Otros se fueron a pasear. Lógica decisión. La Copa América es un torneo breve, pero el plantel ya lleva un mes concentrado en este trofeo que se ganó hace una década en casa. Y la tensión de la competencia es muy importante.

“La convivencia es sana. Acá no pone cara de malo ni el que se queda afuera del banquillo. Todos van por el mismo objetivo”, cuentan aquellos que pasan mucho tiempo con los seleccionados en los dos pisos arrendados y herméticos que ocupa la delegación colombiana en pleno centro de Santa Fe. Y hay alegría, claro. Con la sonrisa bien dispuesta está Amaral, como bautizaron al utilero del plantel por su parecido a quien fuera defensor de la selección brasileña en el Mundial del 78. Mano derecha de Willy Torres, también podría ser llamado El Joven Manos de Tijera, como aquel personaje que interpretó Johnny Depp en el cine. Es que Amaral no sólo es el responsable de que no falte un guayo a la hora de empezar el entreno; además, es el peluquero del equipo. Con la maquinita siempre lista, ha hecho estragos en las cabezas de los futbolistas. El 7 que le cinceló en la nuca a Pablo Armero es una de sus obras maestras. Cristian Zapata, Juan Guillermo Cuadrado y varios muchachos ya sufrieron sus estiletazos. Dicen que sarna con gusto no pica.

La salsa y la rumba no faltan a la hora de matizar los atardeceres, antes de la cena. Armero se desata cuando suelta su iPod y le da rienda suelta a la música. Otros se encierran en sus cuartos a mirar televisión o a jugar a la Play Station. La mayoría, sin distinción, se sumergen en sus teléfonos móviles de última generación para poder comunicarse con su gente en Colombia o en cualquier otra parte del mundo.

Algunos entretenimientos grupales buscan, también, generar mayor armonía. Como la película que fueron a ver todos juntos el jueves: Transformers 3. Todos quedaron encantados y atrapados por los robots y hasta se jugaron bromas. La diversión, claro, se termina en el instante de entrenarse. Ahí, bien amarraditos, los jugadores también cumplen con otra premisa que el profe Gómez ordena antes del inicio de cada entrenamiento. Como si fueran uvas de un racimo tricolor, hacen una ronda, abrazados y rezan. Se le agradece a Dios por esta gran Copa América y se le piden éxitos de cara al futuro. ¿Será posible que esa devoción tenga su recompensa? Esta gran familia cree que todo es posible.

 

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