Si la sal se corrompe...

«Lo mismo cabe decir de ciertos numerales ordinales (§ 21.6t)...

«Lo mismo cabe decir de ciertos numerales ordinales (§ 21.6t). En el mundo del deporte se emplean, siempre en plural, las expresiones cuartos de final, octavos de final, dieciseisavos de final y otras similares que designan fases o eliminatorias de algún torneo». Nueva gramática de la lengua española, § 3.8v, página 179.

Treinta años luchando contra el erróneo ordinal disfrazado de fraccionario en expresiones como «Vivo en el dieciseisavo piso», «voy de doceavo en la fila», «Catorceava Exposición Bonsái» y aquí me encuentro que en la última gramática de la Real Academia se me dice que «dieciseisavo» es un numeral ordinal.

El gazapo no es tan sencillo como decir que fue un lapsus al confundir «ordinal» con «fraccionario»; sino que el redactor no tenía claro el significado de esos cuartos, octavos y dieciseisavos de final. Yo tampoco lo tenía, nunca me habían interesado. Si el redactor hubiera tenido la claridad que ahora tengo, no se habría asombrado de que fueran en plural por esa importancia que le dio a esa característica.

Descarté que fueran ordinales porque los dieciseisavos preceden a los octavos, y éstos, a los cuartos, no es lógico un ordinal en reversa y que sólo aparecieran los correspondientes a potencias de dos: dos a la cuarta, dos al cubo y dos al cuadrado. Tampoco tenían cara de fraccionarios porque si me como 16 dieciseisavos de naranja, al terminar me he comido la naranja completa y no me queda naranja para comerme los octavos y mucho menos los cuartos, pero en las expresiones deportivas sí queda final para los otros partitivos.

Fui entonces a las definiciones del Diccionario y me di cuenta de que en los dieciseisavos se juegan 16 partidos; en los octavos, ocho, y en los cuartos, cuatro. Comencé a ver claros los fraccionarios: cada uno de los 16 partidos es un dieciseisavo de la fase llamada «dieciseisavos de final», y así sucesivamente para las otras dos fases. Los cuatro cuartos de la naranja son en plural y no hay por qué asombrase de ello.

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