Siete horas bajo tierra

Eran las 8:30 de la mañana cuando la tierra comenzó a moverse. El alud era inminente. Ocho trabajadores dedicados a la extracción de carbón quedaron atrapados cuando el derrumbe bloqueó la salida de la mina Loma Gorda, ubicada en el corregimiento La Castilla, en Cali.

Hacia las 10:00 de la mañana el Comité Local de Emergencias confirmó que los mineros estaban con vida. Se encontraban a 90 metros de la entrada del socavón, por lo que debían iniciarse con prontitud las labores de rescate.

El trabajo de los organismos de socorro de Santiago de Cali  inició de inmediato; media hora después  lograron introducir un tuvo de PVC en la tierra que les permitió  ventilar el interior de la mina.

“A través de este medio evitamos acumulación de gases y, a su vez, una explosión ; pudimos suministrarles oxígeno con una planta y escucharlos decir que estaban con vida”, explicó el director de socorro de la Cruz Roja, seccional Valle, Alfonso Vargas.

Fueron siete horas de angustia e incertidumbre para Jairo Ocoró, Julio Sánchez, Hermógenes García, Héctor Paz,  Albeiro Areiza,  Uriel Restrepo,  Ariel Arará  y Rodrigo Abadía. Siete horas atrapados en las entrañas de la tierra sin saber a ciencia cierta cuántas horas más podrían permanecer en la oscuridad. Elevaron plegarias y rezaron el Padre Nuestro para conservar la calma y la esperanza. A través del tubo de PVC escuchaban las palabras de aliento de sus familiares y del  alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, quien hizo presencia en la zona desde que ocurrió la tragedia.

Los miembros del equipo de rescate, entretanto, se  dividieron en tres grupos (dos de siete personas y uno de cinco), para trabajar en la remoción de tierra con relevos de cada tres horas.

A las 3:30 de la tarde las labores de los organismos de socorro dieron resultado. Los ocho mineros fueron sacados del socavón y luego revisados por socorridtas de la Cruz Roja en la estación de monitoreo de la Policía Metropilotana de Cali. Ninguno presentó quebrantos de salud.

“Nosotros trabajamos honradamente, por eso nunca hablamos de que algo malo nos iba a pasar”, dice Albeiro Areíza, uno de los mineros rescatados.

“Rezamos mucho y nos acordábamos también de lo bueno que la pasamos cuando trabajamos”, relata a su vez Uriel Restrepo.

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