Sigifredo López: "Secuestrado, pero no desocupado"

El político habla sobre el lanzamiento de su libro 'El triunfo de la esperanza', donde relata detalles de sus años en la selva, la masacre de sus once colegas. Quiere ser alcalde de Cali.

¿Qué lo motivó a relatar su historia de secuestro en un libro?


La necesidad de entregarle a Colombia el testimonio del único sobreviviente de la masacre que partió en dos la historia del secuestro y decirles a los colombianos que la esperanza es la fuerza de la vida.


¿La guerra que cubren los medios se parece a la que se vive en la selva?


Como dice García Márquez, “la realidad humana supera la ficción”, la guerra es mucho más horrible que lo que se conoce en los medios.


¿Cuál fue su refugio durante los años en la selva?


La poesía, hice 156 poemas. Podía estar secuestrado, pero no desocupado.


¿Qué palabras fueron recurrentes en esos versos?


Esperanza, dignidad, coraje, amor, dios, soledad, tristeza...


¿Cómo describiría el ‘boom’ editorial que surge con los relatos de exsecuestrados?


Vivimos condiciones muy extremas, diferentes a la cotidianidad de la gente del común. Esas verdades no son sólo nuestras, son verdades de la sociedad colombiana que debemos dar a conocer.


¿Qué objeto lo acompañó en la selva?


Un cristo y un corazón que llevo en el pecho y que me tallaron en el segundo año de secuestro mis compañeros Juan Carlos Narváez, Francisco Giraldo, Carlos Barragán y Carlos Charry.


Según su relato fue separado de sus compañeros, como castigo, momentos antes de que los asesinaran. ¿Cree que la suerte lo salvó de morir?


Me salvó Dios, porque tiene un propósito conmigo.


¿Qué pensó cuando supo de los rumores que lo asociaban con la guerrilla, después del asesinato de sus compañeros?


Hay personas que todavía están muy llenas de odio, no lo han podido superar y andan por el mundo difamando y haciendo daño. Yo oro por ellas.


¿Cómo definiría a la guerrilla?


Seres humanos equivocados hasta la demencia.


Relata en su libro cómo estuvo muy cerca de bombardeos del Ejército, ¿creyó en algún momento que no era una prioridad militar mantener a los secuestrados con vida?


En la guerra las partes buscan ganar batallas sin importar las bajas que se tengan. El avión no distingue entre guerrillero y secuestrado, la guerra entra en la dinámica de vencer al adversario antes de que me venza. Allí, los civiles que estamos en el medio somos las primeras víctimas.


¿Cuándo terminará la guerra?


Cuando la sociedad civil tome la determinación de participar y exigir una solución.


Ser político motivó su secuestro, ¿por qué desea regresar hoy a las urnas?


Es mi vocación, para la que me he preparado toda la vida. No puedo ser piloto o periodista, de eso no sé.


¿Es una jugada política lanzar el libro junto con su candidatura para la Alcaldía de Cali?


Es una simple coincidencia. Desde el primer día libre dije que volvería a la política y quise tomar distancia para no escribirlo en caliente, y el libro estuvo listo ahora.


De joven, ¿qué lo motivaba a tomarles fotos a los muertos en la morgue?


 A mi padre lo conocí por una foto que le tomaron en su ataúd, creo que era una manera de conectarme con él, de traerlo a la vida.


A los 13 años fue voceador de ‘Tribuna Roja’, un periódico comunista, ¿con qué soñaba en esa época?


Con la justicia social, con un mundo más humano, con lo que sigo soñando.


¿Qué le dejó el secuestro?


Soy un hombre más maduro. Cualquier problema ahora me parece un problema menor.


¿Quién ha sido un verdadero gestor de paz en Colombia?


La iglesia católica, con Monseñor  Augusto Castro, Monseñor Rubén Salazar, el padre Darío Echeverri y desde la sociedad civil muchos defensores de derechos humanos.


¿Cuáles son los obstáculos para alcanzar la paz en Colombia?


La intolerancia que impide escuchar al otro para lograr acuerdos fundamentales.


¿Cree en el intercambio humanitario?


Creo en el respeto a la vida, a la dignidad, en la democracia y en la justicia y si el intercambio humanitario o cualquier mecanismo acordado que permita salvar la vida de las personas que llevan 13 años amarradas a un árbol vale la pena intentarlo.


 En su libro aparece la frase: “aprendimos a leer la selva”, ¿cómo la describiría?


Es encantadora, es como una mujer misteriosa, al igual que las mujeres jamás se termina de conocer, desafortunadamente me tocó vivirla en condiciones en que era difícil disfrutarla, pero hoy entiendo porqué los ermitaños la eligen para aislarse y meditar. Es un excelente espacio para la comunicación con la divinidad.


¿Cómo entiende la muerte?


Es una vieja amiga que me ha visitado muchísimas veces, he aprendido a respetarla y a no temerle, es el umbral para acceder a la eternidad.


En la selva se enteró de la muerte de Raúl Reyes, de Iván Ríos, del asesinato de sus compañeros, de la Operación Jaque... ¿pensó en algún momento que no habría esperanzas de salir vivo?


Claro. Por esos motivos mi liberación se prolongó alrededor de un año y medio, pero finalmente hoy estoy libre. Aún me pellizco y todos los días doy gracias a Dios por el regalo de la vida.


¿Cómo fue el trueque entre cigarrillos y lapiceros?


Establecimos un mercado clandestino he intercambiamos con los guerrilleros cigarrillos por cuadernos, lapiceros o esponjas de brillo para colgar la antena del radio. Un cuaderno podía costar cinco cigarrillos.
 

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