Sin 'Lio' para Colombia

En un partido bien planteado y jugado, la selección nacional hizo ver pequeño hasta al mejor jugador del mundo. Sólo le faltó el gol.

Hay que estar orgulloso del partido que jugó Colombia. Si puso contra las cuerdas a Argentina. Si le planteó 90 minutos de igual a igual, con el foco puesto en el arco celeste y blanco. De principio a fin. La selección tricolor se mostró como un grande y dejó pequeño a su ilustre rival. En su propia casa y ante un público que se transformó en hostil con sus propios jugadores, que los silbó y los insultó. Que pidió por Maradona. Sin embargo, Hernán Darío Gómez no puede estar totalmente satisfecho. Porque le faltaron cinco centavos para el peso. El pecado de la indefinición de las jugadas y las manos de Sergio Romero conspiraron contra una victoria que parecía cantada. De todos modos, el pasaje a la siguiente fase parece abrochado. Un alivio para Bolillo, quien había dicho que renunciaba si no pasaba de ronda. Y que luego había dado reserva para atrás.

Ay, Dayro. ¿Por qué le pegaste con el diario cuando estabas solo de toda soledad en el área argentina? Si Gabriel Milito y Adrián Ramos ya te habían allanado el camino. Ni siquiera Sergio Romero tenía posibilidad de atajar ese tiro. Ay, Dayro… Ese disparo que se diluyó junto al poste derecho, con toda la red a su disposición, tenía que haber sido gol. Igual que aquella pelota que Moreno le puso en el botín derecho a ese volante ofensivo que muchos ven parecido al Tino Asprilla, unos minutos antes, y que el hombre del Hertha Berlín alcanzó a puntear por encima del travesaño. Si hubiera embocado una de esas dos Colombia, la historia en el primer tiempo habría sido muy diferente. Porque a pesar de haber empezado más cerca de Neco Martínez que del arco del portero argentino, logró afirmarse en esos cuarenta y cinco minutos iniciales en los que la tricolor pudo haber asegurado la clasificación a los cuartos de final.

Los dos técnicos mostraron sus cartas a medias. Porque aunque es cierto que ambos confirmaron las alineaciones un día antes, escondieron la jugada. Y seguro que Sergio Batista tenía el dato de que Ramos se iba a mover por el sector derecho del ataque colombiano. Por eso puso a Javier Zanetti sobre el lateral izquierdo. Y fue así, no más. Aunque Ramos empezó moviéndose por la punta izquierda, en varios pasajes del partido se tiró contra la raya derecha, canjeando su puesto con Moreno. Esa movilidad fue fundamental. Pero, mucho más, Freddy Guarín y, en especial, Carlos Sánchez. Si es cierto lo que dijo Bolillo, que no sabe cómo marcar a Messi, entonces que le pida el manual a ‘La Roca’. El mediocampista del Valenciennes no le dio un metro al mejor jugador del mundo. Y le quitó la pelota con limpieza. La única vez que se le escapó, casi lo sufre en carne propia Martínez. Pero Neco estuvo rápido para tapar el mano a mano ante Ezequiel Lavezzi, que recibió sólo de La Pulga y no pudo contra el arquero del Once Caldas.

Messi está fastidioso. Y no tiene manera de ocultarlo. Sabe que no juega con Xavi e Iniesta y que Argentina tiene la camiseta celeste y blanca y no de color blaugrana. Pero no se siente cómodo bien de punta, como 9, donde lo quiere el Checho. Y si no le llega la pelota al pie para que pueda desequilibrar con su talento, Argentina no tiene juego. Por eso agita los brazos, cabecea enojado y pierde con Sánchez y Perea. Tévez tampoco fue una lanza. El único que dificultó el trabajo de la última línea colombiana fue Zabaleta, que estuvo profundo por donde se movía Armero. Y Javier Mascherano, el capitán, siempre perdió en la mitad de la cancha, abusando de las infracciones y perdonado por la vista gordísima del árbitro brasileño Fagundes. Fue muy poco lo de Argentina y lo de Messi para tanta expectativa generada en su país. Mucho lo de Guarín, en cambio. Para armar el juego y no hacer brillar por su ausencia a un enganche clásico, de esos que no abundan. Freddy hizo mover de acá para allá a la selección, que se fue animando a más cuando observó que enfrente el gigante de Suramérica seguía dormido, cosechando broncas en las tribunas que pedían “huevo”.

Falcao fue inteligente. Como un llanero solitario, se las tuvo que arreglar solito. Y complicó bastante a una defensa local que tuvo muchos altibajos. Y de no ser por Romero, Colombia podría haber hecho dos goles. Porque al margen de esa alarmante falta de puntería que mostraron Dayro, con el arco vacío, y Ramos, con el arquero entregado, el número 1 del equipo anfitrión fue decisivo. Le atajó un bombazo a Moreno y otro a Falcao. Colombia terminó apretando fuerte a Argentina y mereciendo mucho más.

El continente al revés. Colombia atacando, Argentina contragolpeando. Esa tendencia se afirmó en el comienzo del segundo tiempo, cuando el equipo nacional empujó a la selección local contra el arco de Romero, muy sólido en cada envío aéreo. El problema estaba, claro, a las espaldas de Dayro, donde Zúñiga sufría cuando se volcaba con peligro Tévez. Aunque en la zaga central estaba muy bien cubierto por Yepes y Perea, quienes mostraron sus credenciales en cada intervención, más allá de que hayan abusado de los pelotazos a las gradas y sin ningún tipo de rubores.

Esperó Argentina a Colombia. Le dejó trasladar el balón. Y en esa línea de contraatacar, Batista buscó más claridad en la mitad de la cancha para pasar la pelota al pie y mayor velocidad con Sergio Agüero, quien le había dado el gol del empate a los argentinos frente a Bolivia, el que salvó la vergüenza de perder en el debut de la Copa América en La Plata, nada más y nada menos. Y pareció más agresivo el equipo del Checho. Hasta le quemó dos veces los guantes a Martínez. No obstante, la selección tricolor siempre siguió siendo más punzante. Lástima que no sólo era la noche de Guarín y de Sánchez; también, la de Chiquito Romero, que le sacó con la punta de sus dedos el gol a Armero —el juez brasileño no dio córner— y le tapó un mano a mano a Falcao, que decidió fusilar al número uno de argentina en lugar de definir abajo a un rincón. Quizá se apuró el Tigre porque venía apretado por un defensor argentino.

Batista, en tanto, seguía dudando desde el banco, apelando a manotazos de ahogado. Lo sacó a Banega, le dio pista a Higuaín. Sin embargo, ni con el delantero del Real Madrid logró quebrar a la defensa colombiana, muy bien plantada, con Yepes como principal bastión, cerrando con clase.

Bolillo, a diferencia de su colega argentino, no movió el banco. Tan conforme estaba con el rendimiento de su equipo, que los dejó a todos casi hasta el final. Aunque podría haber hecho algún cambio antes el técnico colombiano. Si Argentina estaba regalada. Recién cuando quedaban cinco minutos mandó a la cancha a Teo por Falcao, que se había cansado de tanto correr, y a Soto por Ramos. ¿Y Rodallega, que tan bien había rendido frente a Costa Rica? Cerquita estuvo el goleador de Racing Club de Avellaneda de liquidar el partido. Pero Romero, otra vez, evitó la caída del arco.

Argentina se puso nerviosa. Y no le salió una. Perdió fuerza en los metros finales. Y Colombia casi casi lo pone de rodillas. Una verdadera lástima que no haya sido así. Porque lo mereció durante todo el partido. Pero no se le abrió el arco. Ojalá que ante Bolivia todas las que no se concretaron anoche, empiecen a entrar. Así, entonces, se podrá soñar.