Sol en Juaruco

Con la ayuda de un reconocido físico-químico extranjero, un joven barranquillero emprendió la tarea de crear una fábrica de paneles solares.

Hace tres semanas, el Dr. Richard Komp llegó a Colombia, más específicamente a Juaruco — un pueblo de ascendencia indígena del departamento del Atlántico— para enseñar a un grupo de 12 campesinos cómo hacer paneles solares fotovoltaicos. Pero la iniciativa de traer a este experto norteamericano viene de Julián Lustig, un joven de 23 años nacido en Barranquilla, quien ha vivido gran parte de su vida en Massachusets (Estados Unidos), donde estudió antropología. Volvió con el  propósito de crear una fábrica de paneles y otros sistemas con este funcionamiento de energía solar. Y cuando dice fábrica, Julián se retracta y apunta “bueno, ‘una fábrica’ porque en realidad son paneles manufacturados, hechos en Juaruco”, e inmediatamente agrega con una seguridad más bien modesta “aunque los nuestros funcionan mejor”.

El hecho de que haya sido Komp el invitado tiene mucho significado. Ha trabajado antes con comunidades campesinas por casi 50 de sus 72 años; empezó en Nicaragua, donde hoy funciona el Grupo Fénix, cuyos líderes son indígenas, y reciben cada año norteamericanos, europeos y profesionales de todo el mundo, para enseñarles los modelos que aprendieron con Richard Komp y algunos de sus colegas. Komp, ha dictando talleres en Haití, donde se asombró por la extrema pobreza; en varios países de África (Rwanda, Mali, Níger, Sudáfrica, entre otros); Costa Rica, Perú, y muchos más. La mayoría de las veces lo hace sin cobrar nada. “Depende de la persona, a un empresario de ‘Wall Street’ le cobro 175 dólares la hora. Me he convertido en una especie de Robin Hood al trabajar gratis con los campesinos”, comenta en una pausa después de que sus alumnos terminan de revisar un panel en la casa del señor Juan Manuel Barros (o “Barón”, como es conocido por todos en el pueblo), quien es pescador y compró el panel en $2’600.000 mil pesos hace 16 años en Barranquilla.

Juaruco es un pueblo agricultor y pescador, aunque muchos de sus habitantes viven de realizar oficios varios. Es un pueblo tranquilo, que heredó la nobleza propia del indígena. Queda a una hora de camino de la carretera, tramo que muchos recorren a diario y a pie para llegar a sus lugares de trabajo. Los visitantes llegan en carro o en las motos que suben la montaña por $2.000 pesos. La casa de Hugo González y su esposa Zenit, es ahora la sede del taller que termina este sábado 2 de abril, y fue a él precisamente, a quien Julián contactó; en primer lugar para exponerles a los habitantes la posibilidad de esta nueva empresa. Después de recoger casi 80 firmas de los habitantes, como muestra de respaldo, dieron marcha al proyecto.

La idea era que la Gobernación del Atlántico diera un apoyo económico que supliera el dinero que durante el taller (que dura tres semanas), los asistentes iban a dejar de ganar, pues para ellos un día sin trabajo representa, prácticamente, un día sin comida. Finalmente Julián asumió esos pagos, aunque todos esperan que la gobernación entregue un aporte, pues cuentan con una promesa escrita de apoyo al proyecto. “No queremos que esto quede aquí y ya, queremos sacar una empresa y llevarla adelante. Es lo que todos queremos: salir adelante con esta oportunidad que nos han brindado”, dice Hugo, quien ya cuenta en su casa con el sistema básico de iluminación, que consta de cuatro luces, instalado por él y sus compañeros. “Yo soy albañil. Tuve que pedir permiso en la obra para hacer el curso”, dice Gregorio, vecino y compadre de Hugo. “Tengo que ver en qué me va mejor. Si no nos va bien en la empresa, tengo que regresar a las obras, pero si nos va bien, podría ganar más que ahora”, concluye.

El sistema de iluminación con energía solar funciona como un “back-up”, como lo explica Julián, sobre todo en estos lugares donde se va la luz constantemente. La expectativa de vida de un panel es de 20 a 30 años, y la batería que permite guardar la energía cuando ya el sol se ha ido puede durar también 20 años, con un buen mantenimiento. Con los paneles han cargado celulares, pilas, incluso esas que no son recargables y han puesto a sonar los radios, que funcionan al mismo tiempo que el sol va recargando las pilas, ya que el panel produce suficiente energía para hacer las dos cosas al tiempo. La empresa, cuenta Julián, sería la primera en fabricar los paneles en Colombia. Actualmente, según la información que recibió de la Cámara de Comercio, sólo existen distribuidores que importan los paneles de Suecia, Alemania y otros países.

Dentro del grupo hay una sola mujer y es Nayibe González, una joven de 18 años que después de desistir de estudiar gastronomía y haber rechazado antes, por razones familiares, una invitación de parte de un instituto técnico a estudiar Hotelería y Turismo, entró al taller. Lo que más le gusta es cortar el vidrio y las celdas, la parte más delicada de la fabricación. “Yo estoy segura de que nos va a ir bien. Ya hemos visto algunos muy buenos resultados”, cuenta Nayibe. Sin embargo, tanto la esposa de Hugo, como otras mujeres, esposas de los participantes, también han mostrado interés por aprender y colaborar.

La empresa SOL (Sociedad Lustig) ya cuenta con varios clientes que quieren probar este sistema ecológico autosostenible en sus casas. El profesor Komp volverá en octubre para enseñarles a construir hornos solares, calentadores de agua, incluso, aires acondicionados. De igual manera, hay otros modelos capaces de separar la sal del agua de mar y potabilizar el agua dulce del proceso. Estos sistemas más complejos, que Komp llama “Híbridos”, pues funcionan, además, con agua, fueron creados por él en 1975 y en 1983, aunque nunca los patentó. “Cualquiera puede fabricarlos, usarlos y comercializarlos, si quiere, pero nadie lo ha hecho”, cuenta el profesor. Ahora volverá a Maine EE.UU. donde realiza también talleres y dirige la ONG “Skyheat Associates” y, volverá de nuevo a Nicaragua; mientras en Jaruco comenzarán la adecuación del taller y la bodega, para poner a funcionar la empresa y llevar a cabo las primeras instalaciones.

La travesía de Richard Komp

El físico-químico, Richard Komp, con 40 años de experiencia en energía solar, ha trabajado con comunidades campesinas, empezando en Nicaragua, donde hoy funciona el Grupo Fénix. También  ha dictado talleres en Haití, en varios países de África (Rwanda, Mali, Níger, Sudáfrica); Costa Rica y Perú, entre otros.

 

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