Su majestad el rock

CUANDO LA FALDA COMENZÓ A SUbir, el rock también lo hizo.

En los años 60 y después de algunos intentos de popularizarse durante la década de los 50, este estilo musical se convirtió en un fenómeno sonoro casi sin precedentes porque pasó de ser el hijo del blues, un hijo un tanto comercial eso sí, a marcar la pauta musical de buena parte del planeta. Como la falda o como ese elemento glucoso que sin mucho conocimiento denominamos “chicles”, el rock se consolidó y de tal manera que durante buena parte de nuestra historia reciente se ha podido decir que es el estilo musical de mayor convocatoria en los países de Occidente. Un claro ejemplo de ello es el festival Rock al Parque, cuya edición 17 comenzó ayer a sonar en la Media Torta, y que a partir de hoy y hasta el lunes festivo se desplazará al parque metropolitano Simón Bolívar para congregar a fanáticos, melómanos y curiosos.

Este evento, organizado e impulsado por la Alcaldía Mayor de Bogotá desde sus más remotos inicios y que este año tiene la consigna ecológica “Naturaleza rock, naturaleza viva”, se gestó en 1994 con la intención de realizar jornadas en las que, de una sola sentada, se pudieran apreciar propuestas de diversas bandas nacionales y extranjeras. Esa idea fue motivada también por la ausencia de conciertos de carácter gratuito, una costumbre que estaba aferrada en el inconsciente colectivo porque durante los 80, todos los artistas contratados para venir a Colombia tenían la obligación de ofrecer una presentación con entrada libre. Muchos de estos recitales al aire libre se llevaron a cabo en la Media Torta y por eso se pensó en este espacio como el escenario primordial, como ese núcleo ideal, para el desarrollo del naciente Rock al Parque.

Ni el más optimista de los rockeros sospechó entonces que el evento necesitaría de un espacio más grande gracias a la afluencia de público. Visitantes de Medellín, Cali, los santanderes, la Costa Caribe y el Eje Cafetero comenzaron a pensar en la capital como el gran centro musical durante el mes de octubre. Esa bola de nieve llamada “voz a voz” hizo que el festival tuviera que desplazarse al Parque Metropolitano Simón Bolívar, un lugar que básicamente quintuplicaba la capacidad de la Media Torta. Pero además de crecer en convocatoria, también lo ha hecho en la inclusión de manifestaciones sonoras cercanas al rock. El metal, uno de los máximos consentidos del evento, el punk y el reggae han tenido su espacio de evolución durante este encuentro masivo.

Por cuestiones climáticas, Rock al Parque ya no se celebra en octubre, ahora el mes que suena a guitarras, bajos y baterías es julio. Pero además de ser uno de los festivales al aire libre más significativos del continente, se puede dar el lujo de decir que ha sido ejemplo para la realización de otros eventos de carácter similar. Puede resultar paradójico afirmar que Rock al Parque parió a Jazz al Parque, Salsa al Parque y hasta Ópera al Parque, pero así ha sido. Fue pionero y hasta chivo expiatorio para identificar si el público respondería ante una oferta tan tentadora como la fusión entre agrupaciones nacientes, invitados nacionales y bandas de reconocimiento mundial. Todo ello con un condimento especial: la palabra “gratis”.

El argentino Fito Páez dijo alguna vez que rock son sólo cuatro letras juntas y tal vez tenga razón… pero cómo ha subido esa unión, casi tanto como la falda.