Suratá, grietas e incertidumbre

La fragilidad del subsuelo y los altos niveles de agua amenazan con derrumbar el pueblo santandereano y dejar a 793 habitantes sin hogar. Expertos dicen que, si se consiguen recursos y la comunidad se compromete, el riesgo es mitigable.

Cada vez que pasa un camión o cae un aguacero, las casas tambalean y crecen las grietas que consumen lentamente el pueblo de Suratá, Santander. Los habitantes caminan con cautela y sin tocar las edificaciones, por miedo a derrumbarlas. Debido a los desniveles en el piso de muchas casas, las puertas no cierran, mientras a través de los intersticios abiertos en los muros se ven los vecinos. Con incertidumbre los habitantes esperan el colapso final de sus viviendas, pero se niegan a evacuarlas. Estudios geológicos indican que el pueblo se puede salvar.

La de Aidé Rico Andrade es una de las más de 200 familias cuyas casas presentan daños estructurales. Las paredes de su vivienda, ubicada en el barrio El Portal, al sur de Suratá, están a punto de derrumbarse, poniendo en riesgo el Colegio Camacho Carreño (que también presenta agrietamientos severos) y las viviendas aledañas. “Me cansé de pedirle ayuda al alcalde. No me dio ni una gota de cemento para reparar mi casa, así que me fui y ahora vivo hacinada con mis tres hijas y otras tres familias en la casa de al lado, viendo cómo se cae la mía”. Una situación similar viven las familias del barrio Waterloo, al extremo norte del pueblo. Son en total 793 surateños que esperan una solución.

Aunque el incremento trepidante de las grietas asusta a los habitantes y algunos medios de comunicación mencionaron que la potencial tragedia sería similar a la ocurrida en Gramalote, Norte de Santander, el 17 de diciembre de 2010, los geólogos dicen que el pueblo sí corre riesgo de colapsar, pero a largo plazo, y que este riesgo es mitigable.

William Cortés, miembro de la Subdirección de Gestión Humana de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb), explicó que los daños ocurridos se deben a que el pueblo está construido en una pendiente sobre suelos arcillosos, que se expanden con el aumento de los niveles de agua y se contraen con la disminución de los mismos. Además de los altos niveles provocados por la actual ola invernal, el sistema de alcantarillado está roto y tiene filtraciones que saturan el subsuelo. A menos de un metro bajo la tierra de Suratá es posible encontrar agua. El pueblo navega lentamente, desprendiéndose de sus entrañas.

Un estudio terminado por la Cdmb en abril de 2010 comprobó que el pueblo presenta un “movimiento de reptación”, se desplaza de un modo que es imperceptible pero que genera daños estructurales a largo plazo. Sin embargo, el estudio no define cuánto se ha movido o se moverá Suratá, hace falta el equipo de medición y monitoreo para determinar el desplazamiento anual y una fecha límite en que podría ocurrir un colapso mayor.

El alcalde del municipio de Suratá, José Ignacio Echeverría, dio un parte de tranquilidad a sus habitantes y señaló que los recursos para adelantar labores de mitigación, como la reconstrucción del sistema de alcantarillado, y de monitoreo serán gestionados a través de la Gobernación de Santander con el Gobierno Nacional. La Cdmb estima que Suratá requiere una inversión de cerca de cinco mil millones de pesos para evitar una tragedia.

El futuro del pueblo igualmente está en manos de sus habitantes, pues la sobresaturación de los niveles de agua se debe también al desperdicio de la misma y a los sistemas de riego permanente en fincas aledañas, y el desplazamiento del suelo se debe a que se han talado árboles para dar espacio a fincas ganaderas. Los habitantes fueron avisados de que, si quieren conservar el pueblo y evitar un desastre, se deben comprometer en las labores de reforestación y cuidado de las aguas.

El alcalde aseguró que “Suratá no es ni será otro Gramalote. Con la ayuda del Gobierno y los habitantes, el pueblo se va anclar en el suelo y seguirá adelante”. Sin embargo, también aseveró que la solución “está en veremos”, pues el invierno no da tregua y falta que se agilice el trámite de recursos para iniciar obras de mitigación .

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