Todo por otro articulito

La distancia ideológica entre Santos y Uribe es cada vez más grande. Vuelven los rumores sobre posibilidades de diálogos de paz con las Farc.

“Se consideran víctimas, para los efectos de esta ley, aquellas personas que individual o colectivamente hayan sufrido un daño por hechos ocurridos a partir del 1° de enero de 1985, como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario o de violaciones graves y manifiestas a las normas internacionales de Derechos Humanos, ocurridas con ocasión del conflicto armado interno”. Así reza el artículo 3° de la ley de víctimas, radicada el miércoles en la Secretaría del Senado, la cual comenzará la próxima semana su cuarto y último debate para su aprobación definitiva.

Es el artículo de la discordia, el que ha marcado el distanciamiento ideológico más significativo entre el presidente Juan Manuel Santos y su antecesor, Álvaro Uribe, quien a través de la red de Twitter y en entrevistas ante los medios de comunicación se ha ido lanza en ristre contra el reconocimiento de la existencia de un conflicto armado interno en el país, algo que, en su concepto, abriría la puerta para darles estatus de beligerancia a las Farc y el Eln, a lo que vendría después una presión nacional e internacional para reconocerlos como actores políticos y no como terroristas.

Uribe propició una reunión con los voceros del Partido de la U –el lunes pasado– con el fin de unir fuerzas para bloquear dicho reconocimiento. Para el exmandatario, en el significado histórico de América Latina, las expresiones “conflicto armado interno” e “insurgencia” han legitimado la lucha de grupos armados contra dictaduras. Y para él “no hay razón legal para vincular reparación de víctimas con reconocimiento de terroristas” y “quienes amenazan contra la vida, honra y bienes de la población civil no están en conflicto con el Estado, son una amenaza criminal”. Planteando de paso una contrapropuesta: que la ley explique claramente que quedan excluidas las víctimas de la delincuencia común, como las bacrim, que es el principal argumento para justificar la inclusión de la expresión “conflicto armado” en la iniciativa.

Pero Uribe se quedó solo esta vez. El martes, en la Casa de Nariño, el presidente Santos —con el respaldo nada más ni nada menos que de los altos mandos militares— ratificó ante esos mismos congresistas de la U su postura, aseguró que las Fuerzas Armadas están operando bajo el paraguas del Derecho Internacional Humanitario “que presupone la existencia de un conflicto armado interno” y enfatizó que de ninguna manera significa que los terroristas dejarán de ser terroristas y que no se está allanando el terreno para la beligerancia. Y la ponencia radicada ayer —con la firma de la U—, no sólo en el artículo 3° sino desde su título, reafirma esa posición: “Por la cual se dictan medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno y se dictan otras disposiciones”.

El miércoles, el expresidente Álvaro Uribe lanzó una contraofensiva y en debate con el también expresidente Ernesto Samper, a instancias de W Radio, dijo: “Se ha dicho que se necesita reconocer el conflicto para actuar bajo el Derecho Internacional Humanitario. Eso no es cierto, porque ese derecho es de gentes (...). Colombia no puede aceptar el término guerra porque ésta ha tenido una connotación distinta en el ámbito internacional, porque se refiere a un conflicto entre dos combatientes (...). No podemos nivelar a los agentes del Estado con guerrillas y paramilitares”. Para Samper, por el contrario, el reconocimiento del conflicto significa que puede existir una salida pacífica a la violencia que nos azota, mientras que si se desecha esa posibilidad, Colombia quedará condenada a la guerra.

Y es en este tire y afloje que comienzan las interpretaciones y vuelven a la palestra los rumores divulgados en febrero pasado por El Espectador, sobre acercamientos entre el Gobierno y las Farc con el fin de explorar la posibilidad de diálogos que le den una salida negociada a la confrontación armada en el país. Rumores enmarcados dentro de los reiterados pronunciamientos del mismo presidente Santos, en el sentido de que las puertas no están cerradas, pero que antes que todo se requiere que ese grupo subversivo entregue a todos los secuestrados y abandone los actos terroristas. Y hasta se habló de que ya había un preacuerdo de que los diálogos serían en el exterior, en un país europeo, y que el vicepresidente Angelino Garzón sería vocero del Ejecutivo.

Ayer, al caer la tarde, se pudo leer en la cuenta de Twitter de Uribe un mensaje que deja mucho que pensar al respecto: “El presunto reconocimiento del conflicto interno por el presidente Santos es una señal, no una concesión. Hipótesis: la diplomacia secreta, probablemente en manos de la Cruz Roja Internacional o la ONU, Unasur o la Iglesia, podrá actuar cumpliendo orientaciones de Santos para llegar al conflicto desarmado. Si así resultare, enhorabuena. Si los terroristas no se bajan de su violencia y siguen disparando contra la democracia, no hay otro camino que acentuar la seguridad democrática. Lo que el Gobierno no cuenta, o no puede contar, es para dónde va”.

El texto es tomado de un artículo de Jaime Jaramillo Panesso, un uribista de vieja data, y se enmarca dentro del concepto del politólogo Enrique Serrano, para quien la inclusión de la expresión “conflicto armado” en la ley de víctimas no es gratuita. “Tiene connotaciones internacionales. En el orden jurídico cambia en la perspectiva de lo que pudiera ser hacia delante una negociación con las Farc. Lo veo como una especie de segunda oportunidad de Santos: el término en función de una agenda secreta de paz, para una eventual solución al conflicto armado, más que para la ley de víctimas. Santos sí sabe que la palabra tiene implicaciones, pero no lo reconoce porque supone, otra vez, un factor de enfrentamiento con Uribe”, indicó.

Lo mismo piensa el también politólogo Alejo Vargas, quien señala que hablar de conflicto no significa darles estatus a los actores armados ilegales, porque los Protocolos de Ginebra “claramente expresan que la denominación conflicto interno armado es prácticamente neutra”, pero la expresión sí tiene relevancia al crear un mejor ambiente para explorar una salida negociada al conflicto.

Sea como sea, es claro que las cosas entre Santos y Uribe están hoy en blanco y negro. El Partido de la U se alineó con quien tiene el poder. El exmandatario afronta además una serie de cuestionamientos en torno al accionar de algunos de sus más cercanos colaboradores, inmersos en líos disciplinarios y judiciales. Sus talleres democráticos no han tenido la repercusión que se esperaba y la acometida que en días pasados lanzó Luis Carlos Restrepo, su excomisionado de Paz, poniendo en tela de juicio la lealtad de Santos, quedó en nada. Para algunos, el embrujo uribista toca a su fin y para otros el teflón aún resiste y quedan opciones, como una candidatura a la Alcaldía de Bogotá o impulsar una asamblea constituyente para volver al poder.

Cerco político y judicial al uribismo

Las decisiones que ha adoptado el presiente Juan Manuel Santos, que van en clara contravía con los planteamientos de su predecesor, Álvaro Uribe Vélez, no son los únicos factores que le deben estar generando dolor de cabeza al exmandatario. A esto se le suma la pérdida de poder en el Partido de la U, uno de sus principales bastiones políticos durante sus dos gobiernos, donde sus miembros han asumido una actitud complaciente con las propuestas de Santos, aun cuando estén en contravía con los planteamientos de Uribe.

Así quedó confirmado luego de la reunión del martes con el presidente Santos en la Casa de Nariño, en la cual se concluyó que en el articulado de la ley de víctimas se reconocerá que en Colombia hay un “conflicto armado interno”. Planteamiento rechazado por Uribe, quien había comisionado a los senadores del Partido de la U: Juan Lozano, Manuel Enríquez Rosero y Juan Carlos Vélez para buscar alternativas. Finalmente, primó el planteamiento del actual mandatario y con una declaración de Lozano, en la que explicó la decisión de Santos, quedó en evidencia que ahora el que manda en la U es el actual presidente.

Pero la compleja situación para el denominado ‘uribismo de pura sangre’ va más allá de las decisiones políticas. En los tribunales también se han tomado determinaciones que afectan a los principales colaboradores durante sus dos gobiernos, entre los que sobresalen los nombres del exsecretario general de la Presidencia Bernardo Moreno; el secretario jurídico, Edmundo del Castillo; los exministros de Agricultura, Andrés Felipe Arias; Transporte, Andrés Uriel Gallego; Protección Social, Diego Palacio; del Interior y Justicia, Sabas Pretelt; el exalto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo; la exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado; su exsecretaria privada Alicia Arango y el exasesor presidencial José Obdulio Gaviria.

La radiografía es muy compleja para Uribe y así lo reconoció al ser cuestionado sobre la posibilidad de que al exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias se le dictara orden de captura en el marco de las decisiones que viene tomando la justicia por las presuntas irregularidades en la entrega de subsidios del programa Agro Ingreso Seguro. “Es posible (que vaya a la cárcel) y también le digo lo siguiente: así como he defendido la honorabilidad de quienes están en la cárcel, defiendo la honorabilidad de Andrés Felipe Arias, hasta hoy no aparece una sola prueba de apropiación de recursos, de dolo o de interés ilegítimo. Todo lo que se quería era proteger la competitividad de los agricultores colombianos frente a los tratados de comercio con países que les dan subsidios a sus agricultores. Entonces, si están en la cárcel o van a estar en ella por la diferencia en la interpretación de la ley, pero sin un interés ilegítimo, esa es una justicia que ojalá se repare en el camino”.

Uribe también salió en defensa del exministro de Agricultura Andrés Uriel Gallego, de quien señaló: “Yo lo que defiendo es la política transparente de adjudicación de contratos de nuestro gobierno y del exministro de Transporte, quien es una persona totalmente transparente. Nuestro gobierno ni persiguió ni favoreció a contratistas”.

Pese a estos argumentos a favor de los ‘uribistas de pura sangre’ o los planteamientos sobre la inconveniencia del reconocimiento del conflicto armado en Colombia, lo que es claro, y así lo demuestra la pérdida de liderazgo en el Partido de la U, es el mal momento para el exmandatario Álvaro Uribe Vélez.

Uribe, motivo de choque en los verdes

Las declaraciones del expresidente Álvaro Uribe generan polémica no sólo en el Partido de la U: incluso los verdes han entrado en fuertes diferencias por cuenta de su anunciado apoyo a la candidatura de Enrique Peñalosa para la Alcaldía de Bogotá.

Ayer, el excandidato a la Presidencia Antanas Mockus puso a Peñalosa entre la espada y la pared al pedirle que escoja entre el respaldo de Uribe o el suyo.

“Todo lo que ha pasado recientemente, de revelaciones de actuaciones problemáticas del equipo del gobierno de Álvaro Uribe, es una invitación a que el propio Enrique escoja, pero yo no me veo en la misma tarima con Uribe (…) Yo trato de adaptarme y no puedo, no me sale del alma. Hay cosas que uno no puedo hacer”, dijo Mockus.

No obstante, el candidato a la Alcaldía le dijo a El Espectador “Yo respeto que (Mockus) manifieste desacuerdos, pero creo que no es incompatible con un apoyo a la campaña, agradezco el apoyo de Uribe y de todos los que quieran sacar a la ciudad del desorden con base en principios de mi trabajo. Incluso Mockus dijo que él también podía cuidarle los huevitos a Uribe”.

En febrero pasado Mockus manifestó su respaldo a la candidatura única de Peñalosa: “Enrique es Verde y nadie nos lo va a arrebatar”.

Ahora a manera de ultimátum el excandidato dijo: “No podemos estar juntos, venimos por caminos distintos con el expresidente Uribe”.

Claro que Mockus reconoce que si las elecciones fueran mañana él votaría por Peñalosa, pesando en el bien de la ciudad, porque la conoce, es transparente, gran ejecutivo y si consigue un diálogo humilde con todos los sectores de la ciudad, puede obtener una gran victoria.