Tolemaida, un centro pero de corrupción

Informe de comisión transitoria de verificación desnudó los líos del centro de reclusión y el desorden administrativo sin precedentes.

“El centro de reclusión militar de Tolemaida se convirtió en un desorden administrativo sin precedentes, con alto grado de corrupción”. Así comienza el informe de la comisión transitoria de verificación sobre los líos en esta cárcel, con lo que de entrada revela que “las denuncias de los medios no correspondían a la situación real del centro... era más compleja”, dice.

De acuerdo con el informe, esta cárcel la transformaron en negocios particulares de toda índole, para los dueños de los talleres productivos, para los que tenían las cabañas e, incluso, para los que estaban al frente del centro, que “hicieron de la cárcel una empresa de extracción ilegal de recursos”.

Permisos sin autorización judicial, ausencia de aplicación de reglamentos, privilegios para internos, estadía de personas ajenas al penal, construcción de cabañas y la operación de los “proyectos productivos”. “Todo es un sistema en función de la corrupción y retroalimentado por la corrupción, del cual todos los involucrados, de una u otra forma, se beneficiaron”.

En el transcurso de la investigación, el Ejército ha adoptado algunas medidas, como la eliminación de los proyectos productivos, clausura de las cabañas y la designación de un asesor jurídico, una trabajadora social y una psicóloga.

Entre las irregularidades que encontraron estaban las cabañas, que construyeron los internos sin lleno de requisitos legales y que las usaban para beneficio personal, como para alojar a sus familiares. Llegó al punto de que los internos las consideraban propiedad privada y las vendían entre ellos. De esta práctica responsabilizan al director del centro, por no ejercer control.

Sobre los proyectos productivos, según el informe, fueron transformados en negocios particulares, de los que se beneficiaban económicamente un número limitado de reclusos. Ellos daban una cuota mínima al penal, en comparación con las ganancias que generaban estos negocios. No existía control, lo que “configuraba condiciones propicias para la corrupción”.

En la investigación hallaron que al menos 92 internos salían a laborar en La Meseta, de Tolemaida,  sin permiso judicial. Era inoperante la seguridad y, en resumen, era una cárcel de puertas abiertas.

Como parte de las medidas para poner control a la cárcel de Tolemaida se prohibió el uso de celulares y computadores portátiles; pasar revista de las celdas, dejando únicamente como elementos autorizados: televisor, radio, ventilador, tres mudas de ropa, libros y elementos de aseo; regulación de las visitas, siendo autorizadas para los días sábados y domingos, y la elaboración rigurosa de la minuta de visitas.

Como recomendaciones, sumarán al Inpec a acompañar la normalización del centro de reclusión; sugieren demoler las cabañas construidas sin autorización y construir nuevos inmuebles que se ajusten a las normas carcelarias; adoptar un plan de contingencia para que en los proyectos productivos puedan participar todos los internos y ahora los debe manejar la dirección del centro, entre otras.

Este es el primer informe oficial, que desmiente a la propia cúpula militar, que una vez reventó el escándalo trató de minimizar el problema diciendo que allí todo estaba normal. Hoy queda al descubierto que Tolemaida, más que un centro de reclusión, fue uno de corrupción.

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