Torturas y atentados denuncia testigo clave contra antigua banda de 'Macaco'

Su testimonio ha sido clave para el desmantelamiento de una banda de microtráfico de drogas llamada La Cordilllera.

Torturas, mortales atentados y hasta secuestros en los que podrían verse envueltos agentes estatales habrían sido la respuesta a los aportes de un testigo protegido de la Fiscalía, cuyo relato ha contribuido a desmantelar a la banda narcotraficante La Cordillera, un grupo de microtráfico creado por Carlos Mario Jiménez, alias 'Macaco’ en Risaralda; la declarante y su esposo han denunciado penal y disciplinariamente la persecución, pese a estar incluido en el programa de protección.

Agentes del CTI habrían detenido durante varias horas a la mujer en 2007, cuando todavía era menor de edad; su actual esposo dice que la mantuvieron en cuarto oscuro, la golpearon, la torturaron y a través de métodos de esa misma naturaleza obtuvieron de su boca la información necesaria para capturar a su propia madre, quien hacía parte de la organización.

Fue entonces cuando elevaron la denuncia formal ante el organismo de control penal, que la incluyó a ella y a su familia en el programa de Protección a Testigos, con el fin de seguir contando con su colaboración, esta vez ajustada a la Ley, para desplegar actuaciones en contra de la banda del crimen organizado.

Cuando la historia parecía tener un final feliz para la testigo y sus allegados, con la promesa de gozar de mecanismos de protección y seguridad, las cosas se empezaron a tornar mucho más dramáticas, pues se incrementaron los hostigamientos, las amenazas y hasta las vías de hecho, con todo y que eran protegidos.

El denunciante asegura que, pese a que la oferta era reubicarlos en el exterior, entregarles seguridad, educación y hasta salidas laborales, lo único que hicieron, dice, fue reubicarlos en distintas ciudades del país, conforme iban surgiendo los hostigamientos, que han inscrito su capítulo más cruel con el asesinato de la suegra de la testigo el pasado 14 de febrero en una calle de Bogotá, cuando motorizados le dispararon a quema ropa.

La colaboración de la mujer, no obstante, fue clave para la Fiscalía, que a partir de sus señalamientos ha logrado la captura de 27 integrantes del grupo del crimen organizado, entre ellos sus cabecillas, los hermanos Néstor William, Carlos Alberto y Mario Andrés Herrera Arrubla, quienes enfrentan numerosos procesos penales por homicidio; secuestro; posesión, tráfico y fabricación de estupefacientes; porte ilegal de armas y muchas otras sindicaciones relacionadas con el narcotráfico.

El 21 de junio de 2005 la testigo fue secuestrada y torturada por varias horas, según la denuncia, en la que también se registran amenazas de muerte y posibles atentados contra sus seres queridos que por cerca de un mes la estuvieron atormentando. Además, el esposo de la víctima también señala haber sido secuestrado el 14 de febrero de 2008 durante 11 horas en las cuales recibió golpes y fue objeto de amenazas.

Por estos hechos, sumados a por lo menos cuatro atentados contra su vida, la víctima radicó denuncias penales ante la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de Riohacha, Guajira (con radicado 2183) y ante la Unidad Nacional Antonarcóticos e Interdicción Marítima de Santa Marta, Magdalena (con radicado 70811); posteriores amenazas, en medio de su traslado a distintas ciudades del país, derivaron en nuevas acciones ante la Fiscalía 12 de Bogotá, la Quinta Especializada de la capital guajira y ante un despacho de Bucaramanga, Santander.

Ante la inmovilidad de los procesos, el afectado se ha dirigido también a la Procuraduría, que ha remitido comunicaciones al Ministerio del Interior y de Justicia y la misma Fiscalía, para que indague cuáles son las condiciones de la pareja y sus dos hijos, que pese a haber sido incluidos en el Programa de Protección a testigos, dicen estar bajo el riesgo latente de sufrir daños en su integridad física.

Lo paradójico es que la colaboración de la testigo ha servido de gran contribución a las autoridades para combatir las actuaciones de una banda que, como La Cordillera, fue una de las pioneras del microtráfico de drogas en el eje cafetero, pues aparentemente tomó el modelo de la desaparecida ‘Calle del Cartucho’ en Bogotá, para satisfacer los requerimientos de alias ‘Macaco’, de tomar como alternativa para la venta de drogas la distribución entre los denominados ‘jíbaros’ en las calles de Pereira y otras ciudades de la región.

 

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