Tras los rastros de 'Reyes'

Jimena Blanco, la única latinoamericana que participó en la redacción del controvertido informe sobre los archivos secretos
de 'Raúl Reyes', cuenta cómo se armó la investigación.

En septiembre de 2008, Jimena Blanco fue elegida, junto a tres profesionales más, por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (IISS), uno de los centros de pensamiento más prestigiosos del mundo, para hacer una investigación sobre crimen trasnacional en Latinoamérica.  “Jamás se incluyó el nombre de Colombia, aunque al decir crimen, de alguna manera, se sabía que este país iba a hacer parte de la investigación”, dice la politóloga e historiadora argentina.

Una vez seleccionados, firmaron un contrato de confidencialidad absoluta, y  se les reveló la importante misión que tenían en sus manos. “Estábamos en la oficina de Nigel Inkster, director para amenazas trasnacionales y riesgo político, y supervisor del proyecto. Él comenzó diciéndonos que estaba seguro de que si nosotros leíamos las noticias de la región sabríamos que el 1 de marzo el ejército colombiano había bombardeo el campamento de Raúl Reyes… Si hubiese sido la película de ‘La máscara’ la mandíbula de la gente hubiera tocado el suelo”. Igual, les dieron la opción  de continuar en el proyecto o dejarlo.

Jimena no dudó en seguir, pues era una oportunidad única a nivel profesional:  “Fue una investigación histórica y creo que como archivo le va a servir a cientos de investigadores que estén interesados en el conflicto colombiano”, afirma Blanco.

Armando el rompecabezas

El equipo comenzó a trabajar a principios de octubre de 2008. El archivo completo fue indexado por un sistema del Instituto. Las computadoras tenían bloqueado el internet y cualquier dispositivo adicional, para evitar copias y filtraciones. Además, el programa  que utilizaron  permitía buscar palabras, combinaciones de palabras o nombres de archivos. “Al comienzo cada uno empezó a buscar lo que le interesaba. Yo por lo menos quería saber qué había pasado con Argentina y las Farc; otra estaba especializada en Centroamérica y a otro le interesaba saber sobre Cuba”.

El sistema era simple. Digitaban, por ejemplo, la palabra ‘Venezuela’, e incluían todo los correos que tuvieran esa palabra. Luego digitaban otras cosas simples, como ‘Chávez’, ‘Caracas’, ‘Maracaibo’, y a partir de ahí creaban un esqueleto básico. La investigación se centraría en el interés estratégico de las Farc en construir relaciones políticas con Ecuador y Venezuela.

“Realizar el archivo de Venezuela tardó entre cuatro o cinco meses. El dossier tiene 850 hojas de largo en tipografía 10, por eso creo que el gobierno colombiano fue un poco ingenuo al pensar  que esto se podía analizar mucho más rápido, pero sólo cuando el equipo comenzó a trabajar comprendió la dimensión y la cantidad de información”.

Uno de los problemas  fue el lenguaje. “Las palabras que utilizan las Farc son complejas para cualquier persona que no sea colombiana, por los modismos que utilizan, las expresiones, la manera que describen un lugar para no utilizar un nombre específico.  Son cosas que de alguna manera complicaron la investigación, pero que pudimos sobrepasar a través de consultar amigos colombianos y otras fuentes”.

La financiación también tuvo inconvenientes  que pusieron en riesgo el proyecto, pues el Instituto es una organización sin ánimo  de lucro y no recibe donaciones de ningún gobierno. El dinero recibido por la venta de la investigación servía para poder solventar los costos de producirla: “Recuerdo que James Lockhart, el investigador principal, me dijo que aunque tuviera que hacerlo solo iba a seguir adelante, porque habíamos llegado a un punto donde no había vuelta atrás, y cuando uno ha dedicado tanto tiempo a un proyecto, verlo colapsar es lo peor que le puede pasar”.

Pesadillas

Todos los miembros del equipo sufrieron pesadillas. “Yo tenía una recurrente, que era escapándome con Raúl Reyes por la selva y Olga Marín, su mujer, persiguiéndome. ¡A Dios gracias siempre me desperté!”.

Pero no sólo en los sueños se llegó a sentir perseguida. “Me volví paranoica. Una noche salí con mi marido y escuché a un colombiano que iba detrás, no decía nada raro, pero a mí me agarró el miedo: quería viajar en metro, porque tiene cámaras, y por los menos si me pasaba algo iba estar grabado”, cuenta. “Con el tiempo  lo fui superando, me dí cuenta de que el conocimiento sobre este caso estaba en mi cabeza, y que las personas de al lado no  podían   leerme la mente.”

Después de dos años intensos leyendo miles de correos electrónicos y ayudando a escribir el informe, Jimena cree que el balance es bastante positivo. “Me dejó un conocimiento inigualable sobre el conflicto colombiano y el rol de las Farc y sus relaciones con los distintos actores políticos, un gran interés por Colombia, tanto que actualmente edito un reporte sobre la región Andina y escribo sobre este país. 

Después de dos años de leer los archivos de alias ‘Raúl Reyes’ , ¿qué fue lo que más le impresionó?

Los medios se han  concentrado en lo que ya sabíamos, como la promesa de Chávez a las Farc de darles 300 millones de dólares, pero nadie se ha concentrado en pequeños detalles  interesantes.

¿Cómo cuáles?

Cuando Piedad Córdoba le pide a Chávez que interceda en el acuerdo humanitario en el programa de Aló presidente. Hay una serie de correos que dan a entender que Piedad le tiró la bomba al aire, porque sabía que no le podía decir que no. ¡La historia fue a la inversa de lo que todos pensábamos! También los contactos que las Farc tenían en Maracaibo o en el barrio 23 de Enero en Caracas, y cómo  entre el 2002 y 2003 personas que se presentaban como miembros de las Farc, que en realidad no lo eran, pedían contribuciones financieras. ¡Hubo hasta gente que organizaba reuniones para reclutar colaboradores de las Farc en Caracas y les cobraba a los miembros una membresía! Otra cosa que me sorprendió fue que Venezuela sirvió como mediador para forzar una reunión entre las Farc y el Eln.

Documentos electrónicos sin valor

El capítulo más reciente en torno al extenso material hallado en el computador de Raúl Reyes, abatido por el Ejército colombiano el primero de marzo de 2008 durante un bombardeo en territorio de Ecuador, fue escrito la semana pasada cuando los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia descalificaron como pruebas los documentos electrónicos al considerar que fueron recaudados por miembros de las Fuerzas Armadas sin tener función de policía judicial, por lo que violaron el debido proceso.

El bombardeo ocasionó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Colombia y Ecuador, que finalmente se restablecieron en noviembre del año pasado. Incluso, cuando era ministro de Defensa de la administración Uribe, el presidente Juan Manuel Santos fue investigado penalmente en Ecuador, pero el proceso fue cerrado provisionalmente en marzo pasado, porque la actual investidura de Santos le garantiza inmunidad en este tipo de procesos.

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