Tres rebeldes con causa

Las vidas paralelas de Gina Parody, Gustavo Petro y Antanas Mockus.

Los tres van por caminos diferentes en la política y, de cara a las elecciones para la Alcaldía de Bogotá de octubre próximo, ella ya se lanzó al agua como independiente y lejos de los partidos; del otro dicen que lo está estudiando y que la próxima semana podría dar la noticia de su candidatura; y del tercero, que está explorando y tocando puertas en busca de aval. Los tres tienen también algo en común y es que ahora o en el reciente pasado alzaron la voz dentro de sus propias colectividades para rebelarse contra actitudes o posturas de las mayorías, por lo cual llegaron a ser calificados de desleales y hasta traidores.

Se trata de Gina Parody, Gustavo Petro y Antanas Mockus, tres nombres con un alto margen de reconocimiento ante los ciudadanos de la capital y para quienes, como un juego del destino, la figura del expresidente Álvaro Uribe ha incidido de una u otra manera en la realidad que hoy viven dentro del escenario político. Parody, una uribista ‘purasangre’ en sus comienzos, se hizo a un lado en enero de 2009 desencantada con el gobierno del entonces primer mandatario, renunció a su curul en el Senado por el Partido de la U y hoy ratifica que esas zanjas persisten porque el proyecto de Uribe, que en un comienzo parecía democrático, “se fue convirtiendo en beligerante, defensor de los victimarios y no de las víctimas, y pasó del amor a la patria al apego del poder”.

El caso de Petro es diferente. Crítico y denunciante feroz de la administración de Samuel Moreno, fue enconado opositor de Uribe durante sus dos mandatos y la sombra del exmandatario ha servido para sembrar cizaña en su contra dentro del que hasta hace poco fuera su propio partido, el Polo Democrático, algunos de cuyos militantes más radicales han llegado a calificarlo de “uribista soterrado” y de querer ser presidente de la colectividad para hacer un alianza con Santos. “De hecho, hoy lo tiene. Se fue a donde Santos e hizo un acuerdo sin siquiera contarnos que lo iba a hacer. Cuando le dijimos que no, se paró furioso: le echó la culpa a Iván Moreno y se fue”, dijo el senador Jorge Robledo en una entrevista a la revista Semana, corroborando ese divorcio ideológico dentro de la izquierda democrática en Colombia. Petro, por su parte, niega tener acuerdos por debajo de la mesa y enarbola las banderas de la transparencia y de la lucha contra la corrupción.

¿Y Mockus? En la defensa de los principios de que ‘la vida es sagrada’, ‘los recursos públicos son sagrados’ y ‘no todo vale’, chocó con lo que, según su criterio, implica correr un enorme riesgo al aceptar el apoyo “de personas involucradas en escándalos de corrupción, politiquería y atentados en contra de la vida”, léase Álvaro Uribe y el Partido de la U. El público respaldo ofrecido por el expresidente a la candidatura de Enrique Peñalosa, aceptado en reunión directiva del Partido Verde, amenaza hoy con hacer añicos su unidad. Porque, según conoció El Espectador esta semana, ya un emisario del exalcalde y excandidato presidencial estuvo tanteando el terreno por los lados del movimiento de las Autoridades Indígenas de Colombia (Aico), mirando la posibilidad del aval para una eventual candidatura a la Alcaldía capitalina.

Y tomando esos hilos conductores, el de la rebeldía y el de un expresidente Álvaro Uribe factor de perturbación, la realidad política pone hoy a Parody, Petro y Mockus como protagonistas de un proceso electoral que se ha convertido en fundamental para una ciudad que ha perdido la confianza en sus instituciones y cuya clase política parece haber tocado fondo. Parody como candidata independiente y con el lema “Quiero poner orden en Bogotá”. Petro refugiado en su recién creado Movimiento Progresista, esperando cómo se decantan las cosas, aunque uno de sus alfiles, el senador Jorge Guevara, ya reveló que este miércoles, en el centro de la ciudad, iniciará la recolección de firmas para respaldar su aspiración. Y Mockus, agazapado aún en los verdes, como buen matemático, seguramente analizando probabilidades, sumando y restando opciones y calculando una estrategia que, sea como sea, implicará no compartir tarima con Uribe.

Por ahora, las encuestas se muestran favorables a Peñalosa. A Petro le va bien —ocupa en unas el segundo lugar o el tercero—, aun sin haber anunciado su candidatura. En su contra juega un alto nivel de desfavorabilidad, aunque según la más reciente encuesta realizada por el Observatorio de Medios de la Facultad de Comunicación y el Seminario de Investigación en Comunicación Pública de la Universidad de la Sabana, la gente lo reconoce como una persona honesta, preparada académicamente, con capacidad de trabajo y que genera confianza. Gina Parody va más atrás, pero su labor apenas comienza. Sin embargo, es vista también como una mujer confiable, honesta, preparada y trabajadora. A Mockus no lo han medido como candidato, pero cabe decir que las excelentes calificaciones obtenidas durante las dos veces que fue elegido alcalde le dan un plus alto. Eso sí, los tres son fuertes en aquella franja del voto de opinión que durante las últimas elecciones para la Alcaldía de Bogotá ha marcado la pauta. Y es allí donde, por lo visto, se jugará la partida definitiva.

Una mirada desde la academia

Según Bibiana Andrea Clavijo, investigadora de la Universidad del Rosario y especialista en marketing político, si bien hay coindidencias, los casos de Gina Parody, Gustavo Petro y Antanas Mockus son muy distintos entre sí. “Parody tomó una decisión bastante fuerte al decidir formar parte de la disidencia de la U con Nicolás Uribe. Ella fue una de las personas más significativas de la U. Ahora lo que hay que evaluar es si el electorado estaría dispuesto a ayudarle por fuera de su colectividad y lejos de Uribe”, señala.

En cuanto a Petro, Clavijo cree que éste capitaliza mucho la crisis del Polo porque se ha mostrado siempre en divergencia con las posturas del Partido y ha desmarcado su imagen de los problemas que afonta hoy la administración de Bogotá.

Y el caso de Mockus, advierte, es lamentable: “Sigue aislado de la política, cuando ésta es de alianzas. Él no puede seguir pensando que la política excluye. ¿Qué de malo pueden tener los electores uribistas? Una cosa es decir Uribe no, ¿pero qué pasa con los electores uribistas? Mockus asume una postura bastante complicada y le puede costar mucho al partido. Uno creía que por ser tan nuevo pudiera superar los problemas por dentro, sin desgastarse en medios”, concluye.