Un acuerdo obligado

El deterioro de los intercambios binacionales obligó a los gobiernos de Bogotá y Washington a completar el acuerdo que firmaron en 2006.

Cinco años después de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, de su lento y tortuoso paso por el Congreso de ese país sin ser aprobado y de estrategias de lobby que no llegaron a buen término, el Gobierno colombiano respira más tranquilo tras su visita de esta semana a la Casa Blanca, en la que el presidente Barack Obama se comprometió a presentar nuevamente el acuerdo al Legislativo con carácter de urgencia.

Más allá de los vericuetos legislativos, el afán obedece a simples razones económicas, pues ambos países pierden espacio en sus mercados con cada día que el TLC continúe en el limbo.

Para la Casa Blanca, el TLC con Colombia se volvió una prioridad desde hace dos semanas, tras la aprobación de los acuerdos que Bogotá había negociado con Canadá (su principal competidor en la provisión de cereales al mercado colombiano) y la Unión Europea. Una preocupación que se suma al aumento de las compras hacia China (crecieron 47,4% entre 2009 y 2010).

Por otro lado, las exportaciones colombianas de textiles a EE.UU. vienen perdiendo competitividad desde hace cinco años con las peruanas, chinas e indias por cuenta de los sobrecostos generados por la continua revaluación del peso frente al dólar (4,97% en los últimos 12 meses) y por la falta de una extensión completa de las preferencias arancelarias del Atpdea.

Esta situación también afecta a otros sectores, como la floricultura. “La firma del TLC nos daría una importante estabilidad financiera para invertir y planear en el largo plazo”, comenta Augusto Solano, presidente de Asocolflores, gremio que vende el 75% de su producción al país del norte y que le hace un pedido expreso al Gobierno: “Ahora que se solucionó lo importante, dediquémonos a lo urgente y logremos la extensión del Atpdea”.

El presidente Juan Manuel Santos cree que los principales problemas del comercio binacional quedarán atrás con la aprobación del tratado, la cual supondría la creación de 250.000 nuevos empleos, un crecimiento adicional del PIB del 1% y un aumento del 6% en las exportaciones.

Se trata de un escenario ideal sobre todo con la inestabilidad que se vislumbra en la región a partir de una práctica desintegración de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), con Chile profundizando sus lazos con el Mercosur, con Perú enfocado en diversificar sus exportaciones a Asia y con Venezuela, el vecino más activo en términos comerciales, enfrentando graves problemas económicos por cuenta de una inflación elevada y de la devaluación del bolívar ante el peso colombiano.

Justamente, para recuperar el terreno perdido, Santos le propondrá hoy a su homólogo venezolano Hugo Chávez, durante su cita en Cartagena, trasladar los convenios inscritos en la CAN por ambas naciones al contexto de la Asociación Latinoamericana de Integración y Libre Comercio (Aladi).

Una opción para evitar que el comercio binacional, según cifras del Centro Virtual de Negocios, siga descendiendo más allá del alarmante 68% registrado en 2009.