Un chelista al Concejo

Después de tocar en la Orquesta Filarmónica de Bogotá durante 33 años, Jairo Peña se lanza al Cabildo como vocero del gremio artístico y cultural de la capital.

Desarrollar un modelo educativo articulado con el arte para formar personas sensibles, hacer de Bogotá una ciudad con 24 horas de agenda cultural y conseguir que el Distrito apoye la creación de más orquestas y grupos artísticos son algunas de las propuestas del chelista y aspirante al Concejo Jairo Peña. Después de trabajar en la Orquesta Filarmónica durante 33 años, creó el Movimiento Cultural por Bogotá y lanzó su candidatura al Cabildo distrital como vocero del arte y la cultura.

Es oriundo de Armero, la ciudad que fue sepultada por una avalancha en 1985 mientras él y sus padres estaban en Bogotá. Como su certificado de nacimiento quedó bajo tierra, aparece en los registros legales como ibaguereño, pues cuando era niño se trasladó a esta ciudad con su familia. Su padre, Félix María Peña, fue educador y compositor reconocido en el departamento del Tolima y sus obras fueron interpretadas por grupos como Silva y Villalba y el dueto Viejo Tolima —de ahí la dilección de Jairo Peña por el folclor colombiano, que más tarde lo llevaría a componer obras sobre la geografía del país—.

El joven Peña Ingresó al Conservatorio Alberto Castilla en 1969 para iniciar su promisoria carrera artística y a los 16 años fue al Conservatorio Nacional de Bogotá, donde finalizó su formación. El bachillerato lo terminaría a los 50 años, en el mismo plantel y aula de su hijo.

Nueve años después de iniciar sus estudios musicales entró a la Filarmónica por concurso y desde el primer día se unió al movimiento sindical, cuando le solicitaron que repartiera atril por atril un llamado a la unidad de los músicos para defender su pliego de peticiones. Desde entonces, tanto su defensa de los derechos de los artistas y de la Orquesta, como su labor de chelista y compositor fueron un motor en la evolución de la entidad. Fue ficha clave cuando en 2000 salió un fallo del Concejo de Estado que definía los músicos como funcionarios públicos y no como trabajadores oficiales. Esto, según Peña, acabó con la estabilidad laboral del gremio y perdieron el 40% de su salario, lo cual produjo la migración de músicos talentosos hacia otras orquestas.

“Me fui al Concejo y logré que la Comisión de Presupuesto diera $3.250 millones para cubrir nuestro rezago salarial. Se duplicaron los salarios paupérrimos, recuperamos nuestros trabajadores y hoy tenemos una orquesta de 97 músicos remunerados dignamente”. Para no desechar su logro, impulsó la Ley del Músico Sinfónico que se firmó durante el mandato de Luis Eduardo Garzón y que garantiza que sus salarios no sean vulnerados. Ahora deja la Orquesta con este blindaje legal, esperando que la nueva generación de jóvenes se encarguen de defender sus derechos.

En 2007 Peña sería artífice del Premio Grammy que recibió la Filarmónica al año siguiente. Se celebraban los 40 años de la Orquesta y, según el chelista, el director era un “tecnócrata ajeno al arte” que se limitó a ofrecer un concierto en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán sin la participación de importantes artistas nacionales. “No me pareció que cuatro décadas en las que el exdirector y fundador de la Filarmónica, Raúl García Rodríguez, pionero en grabar y llevar al nivel sinfónico la música colombiana, dotándola de altos valores estéticos, pasaran en vano”, asegura Peña. Le propuso al director hacer un disco compacto, pero le respondieron que no había recursos. Sin embargo, perseveró. Remasterizó grabaciones hechas en años anteriores y con una empresa discográfica (Vibra Music) produjo el disco La Filarmónica es Colombia: 40 años, que salió al mercado en octubre de 2007 y en dos meses vendió 22 mil copias. Esto los ánimo a enviar el producto a los Premios Grammy y en 2008 recibieron el reconocimiento a mejor álbum instrumental en Houston, Texas. “Eso me lo inventé yo, no para ganar el Grammy sino para celebrarle el cumpleaños a la Orquesta”, dice Peña.

Dejó la Filarmónica hace menos de un mes. Y sin recursos, puesto que ya no recibe salario y aún no llega su pensión, formó el Movimiento Cultural por Bogotá en el interior del movimiento Vamos por los Derechos, liderado por el parlamentario Iván Cepeda. De llegar al Concejo, sueña con sentar las bases para construir una generación educada, culta y pacífica. Para esto, defendería la educación pública gratuita y obligatoria y la articularía con el arte. Asegura que “las manifestaciones artísticas sensibilizan al ser humano, lo hacen menos violento, por eso pueden crear una civilización diferente: un pueblo culto y pensante”.

Para generar empleo y seguridad, aboliría la ley zanahoria e implantaría una agenda cultural de 24 horas que incluya a los 10.000 artistas de la calle. También apoyaría la construcción de un escenario destinado únicamente a eventos culturales e impulsaría la creación de más organizaciones culturales para ofrecer empleo a los artistas. “Cuando llegué a Bogotá charlaba en el café El Automático con personalidades en medio de unos tragos hasta altas horas de la noche. Nadie se emborrachaba ni agredía al otro. Es que educando a la gente para que tome y se divierta, en vez de restringirla, y ampliando la oferta cultural de la ciudad, Bogotá puede llegar a ser otra vez la Atenas suramericana”.