A un estudio más de distancia

La suspensión de los estudios finales por parte de la alcaldesa encargada María F. Campo sepulta la idea de poner la primera piedra este año.

La promocionada idea de que Bogotá tenga a finales de este año por lo menos la primera piedra para la construcción del metro de la ciudad, definitivamente no se hará realidad.

Tal y como están las cosas, el tema bandera del alcalde elegido para el período 2008-2011 sólo podría realizarse durante la siguiente administración. La razón es muy sencilla: la decisión adoptada por la alcaldesa encargada, María Fernanda Campo, en el sentido de suspender temporalmente los estudios finales que darían paso a la primera línea del sistema de transporte, les da una estocada definitiva a las metas fijadas por la administración Moreno.

Eso no significa que Bogotá no vaya a tener metro. Menos aún, que la funcionaria encargada carezca de interés por el tema. Sencillamente, las cuentas ya no dan para que antes del 31 de diciembre estén listos los estudios de ingeniería básica y de impacto ambiental. Ni qué decir de la idea de sacar a licitación el metro este mismo año.

¿Está en riesgo la obra? No. El compromiso del Gobierno está más que ratificado, la ciudad urge por la construcción de la megaobra, la banca multilateral mantiene su intención de ayuda, las grandes constructoras del transporte siguen esperando el momento propicio para presentar sus ofertas y hasta los candidatos que aspiran a gobernar la ciudad entre 2012 y 2015 están de acuerdo en que hay que construirlo.

Por supuesto que hay diferencias de criterio en torno a temas fundamentales como el trazado. Algunos piensan que debe mantenerse casi como lo planeó el hoy suspendido alcalde Moreno, pero ya aparecen en la carrera por la Alcaldía propuestas como la de Gina Parody, quien está segura de que la mejor opción para hacer el metro (tanto por el número de pasajeros que movería como por los costos de su construcción) es la Avenida Boyacá.

Similar discusión planteó ayer la alcaldesa Campo cuando aclaró que, aunque los estudios e ingeniería básica deberían adjudicarse en septiembre, es necesario esperar los resultados de la recalibración de la demanda de pasajeros, requeridos en el Conpes y que actualmente adelanta la firma Steer Davies Gleaves. “Se sabe en términos generales por dónde debe ir la línea del metro, pero ahora lo que hay que definir es el trazado y para ello está este estudio de demanda”, insistió Campo.

Por ahora, por disposición de la administración en acuerdo con el Gobierno, seguirá detenido el proceso que adelantaba el Distrito con el Banco Mundial para contratar a los encargados de hacer los estudios finales de ingeniería básica, estimados en $80 mil millones y que tardarían un año para dar paso a la construcción del sistema.

Aunque el secretario de Movilidad, Fernando Álvarez, aseguró que la decisión no genera mayores impactos en el cronograma, el panorama no parece alentador cuando la ciudad se debate en una crisis política como consecuencia del vuelo que ha alcanzado el escándalo de corrupción que involucra a miembros de la Alcaldía y otros entes distritales con un cartel de contratos para favorecer al controvertido grupo empresarial Nule.

El concejal Carlos Fernando Galán ha advertido en diferentes ocasiones que los estudios presentados en la administración de Moreno están llenos de falencias y puntos por corregir. Sólo en los estudios preliminares, adelantados por el consorcio español Sener-Transporte Metropolitano de Barcelona, la ciudad gastó $20 mil millones y sus resultados fueron rechazados por las universidades de los Andes y Nacional.

Así pues, la que ha sido anunciada por el presidente Santos como la obra de infraestructura más importante que acometerá el país en toda su historia, la misma que llevó a la alcaldía a Samuel Moreno, seguirá siendo una anhelo para Bogotá, una ciudad que aún no agota el debate político en torno a sus verdaderas ventajas.

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