Un exitoso modelo de negocio para centros comerciales

La estrategia ahora es ofrecer verdaderos centros de entretenimiento y no solo espacios comerciales, focalizados en atender clientes de nicho.

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El modelo es sencillo pero efectivo: un lugar donde los niños juegan a ser grandes, a su vez los  padres toman una taza de café, los adolescentes van de compras y los abuelos encuentran el lugar perfecto para hacer el mercado. Aparecen, para completar, grupos musicales que animan el ambiente y, de vez en cuando, una obra de teatro en varios actos que fortalecen la cultura de niños y adultos. No se trata de un parque de diversiones. Es un centro comercial.

 

Ese es, de acuerdo con Alejandro Arango Mejía, gerente general del centro comercial Santafé, el secreto, ahora público, que les ha permitido desarrollar un modelo gerencial innovador que consiste en  “crear un estilo propio: no somos un centro comercial. No gerenciamos como una propiedad horizontal, sino que lo hemos convertido en una empresa de servicios y de entretenimiento para la familia”.

 

El centro comercial Santafé, que por estos días está en su aniversario número cinco, se ha convertido en un referente en este sector. Inyecta un capital anual cercano a los $1.400 millones y, según Arango Mejía, el éxito de la marca y el modelo se debe a que cada uno de los 3.000 empleados  o ‘anfitriones’ prestan un servicio integral a los visitantes,  mediante la implementación de ‘puntos de consejería’. Allí, los visitantes pueden solicitar, por ejemplo, una silla de ruedas, una pizza a domicilio, asesorías y consejos sobre qué tiendas visitar o qué productos consumir de acuerdo a la necesidad del cliente. Apunta Arango Mejía que “la idea es siempre innovar creando un efecto ‘wau ‘en quien nos visite”.

 

Santafé es, entre los más de 100 que hay en Bogotá, el segundo con mayor tráfico, y junto a eso, ha logrado una cifra cercana a los $1,2 billones en la facturación del año pasado.  Según cifras del gerente, de cada 100 personas que ingresan, 86 consumen algún servicio o producto. Se estima que cada uno de los consumidores gasta en promedio $130.000, y la mayoría de los clientes son mujeres y sus hijos, pertenecientes a todos los estratos.

 

En 2010, 1.500 marcas  solicitaron su entrada a Santafé. Arango Mejía habla orgulloso cuando dice  que “nos damos el gusto de escoger las marcas” y que esto se debe a que  anualmente se desarrollan estudios para medir e impedir la saturación en cada una de las categorías del negocio (moda, hogar, servicios y entretenimiento, entre otros).

 

Lo cierto es que en varias ocasiones a los centros comerciales se les asocia, y a veces se les responsabiliza, de generar caos vehicular y del deterioro del espacio público de las zonas residenciales de su área de influencia. Sucedió en los inicio de este lugar. Pero ahora Santafé viene desarrollando estrategias de Buen vecino, pues el entorno es uno de sus aliados estratégicos. De ahí la implementación de campañas de aseo, seguridad, movilidad y mantenimientos a zonas verdes.

 

Por último, Arango Mejía afirma que los comerciantes  colombianos se están dando cuenta de que la mejor plataforma para sus negocios son los centros comerciales, lo que ha ayudado a la formalización de empresas y empleados.

 

En cuanto al negocio de los centros comerciales en Colombia, aseguró que en Latinoamérica se está tomando al país como un punto de referencia y destino de inversión extranjera para otros lugares como estos. Sin embargo, advierte que se debe cambiar el “chip” y no ver este negocio como una propiedad horizontal. “El secreto de esto no es vender o arrendar locales, siempre debe haber un valor agregado”.