Un lugar para curar las cicatrices del corazón

Pacientes de Centroamérica, el Caribe y la Región Andina tocan las puertas de la Fundación Cardioinfantil en busca de diagnósticos y tratamientos para las arritmias cardíacas. Más de 3.000 millones de pesos se han invertido en equipos.

Antes los cardiólogos no tenían más instrumentos que su buen oído y su pericia para detectar los corazones que perdían el compás y sufrían arritmias.  Hoy, gracias a la aparición de equipos de mapeo tridimensional y ecógrafos intracardiacos, los médicos navegan visualmente por los corazones de sus pacientes con la misma precisión de quien recorre una ciudad con la ayuda de un GPS.

Luis Carlos Sáenz, director del Centro Internacional de Arritmias de la Fundación Cardioinfantil, inaugurado esta semana, ha sido un testigo de primera línea de la revolución en electrofisiología que se ha dado en la última década. Recuerda que cuando era estudiante de medicina en la Universidad Nacional, los pacientes que sus profesores atendían y presentaban un “ritmo eléctrico caótico” estaban condenados a convivir con un corazón fuera de control. Existían pocos medicamentos para tratarlos y los que se recetaban eran poco efectivos.

Rodeado de los equipos que en los últimos años adquirió la Fundación Cardioinfantil por más de 3.000 millones de pesos, Sáenz y el grupo de especialistas de este nuevo centro pueden prometer a sus pacientes soluciones que sus profesores habrían envidiado. Pueden, por ejemplo, entrar con un catéter por una arteria del enfermo, llegar hasta las cavidades del corazón, detectar el rincón desde donde se están produciendo descargas eléctricas que alteran todo el ritmo cardíaco y proceder a aislarlas como lo haría un electricista con un cortocircuito.

“La tecnología con la que cuenta este centro es del mismo nivel de las salas que se encuentran en Estados Unidos y en las instituciones más especializadas de Europa”, comenta Sáenz mientras en las pantallas que lo rodean se despliegan imágenes a todo color de un corazón. 

Desde el año 2000, cuando terminó sus estudios en electrofisiología en Barcelona, se instaló en Bogotá para crear un servicio dedicado a esta área en la Fundación Cardioinfantil. Más adelante viajó a Cleveland para entrenarse al lado del médico Andrea Natale, uno de los responsables de la revolución en electrofisiología.

Como no hay mejor publicidad que el boca a boca, los pacientes que comenzaron a ser tratados en la Fundación trajeron otros pacientes. Incluso de otros países. Desde Panamá, Curazao, Bahamas, Venezuela, Perú, Ecuador han llegado personas buscando tratamientos efectivos para sus enfermedades del ritmo eléctrico cardiaco. De los cerca de 3.000 pacientes que Sáenz y sus colegas atienden cada año, al menos 20% corresponde a visitantes internacionales.

En Colombia  otros cuatro centros médicos cuentan con unidades especializadas en electrofisiología, entre ellas la Clínica Shaio en Bogotá y el Centro Médico Imbanaco en Cali. Sáenz dice que a medida que la población envejece, aumenta el reto de atender un volumen mayor de pacientes con arritmias cardiacas.

“Mientras más nos hacemos viejos, más factores de riesgo cardiovascular tenemos: diabetes, infartos, hipertensión, fallas cardíacas. El problema es que todos estos factores son agresores del tejido cardiaco, y  producen cicatrices que desembocan en arritmias. El gran reto para nosotros es hacer frente a esa epidemia”, explica el especialista. 

Se calcula que 1% de los adultos mayores sufren algún tipo de arritmia cardíaca. En el caso de fibrilación auricular, considerada la más común de las fallas en el ritmo cardíaco, padecerla significa el doble de riesgo de muerte prematura, cinco veces más riesgo de trombosis, mayor riesgo de falla cardiaca, deterioro de la calidad de vida y millones de pesos en costos para el sistema de salud.

Pero la epidemia de problemas cardíacos que afecta a una sociedad cada día más vieja no amedranta a Sáenz. Por el contrario, ya comienza a soñar con que nuevas herramientas robóticas invadan los hospitales y clínicas. Y también con que el monitoreo del corazón de los pacientes se pueda realizar por internet o dispositivos móviles y, además, que cada uno de ellos cargue en los bolsillos una tarjeta electrónica con toda su historia clínica.

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