Un manifiesto por la supervivencia de los versos

Después de cuatro días de plenarias entre 36 directores de festivales de poesía de todo el mundo, se firmará el sábado una declaratoria con la que se le da vida a un movimiento internacional para que la poesía vuelva a ganar un lugar protagónico en la sociedad contemporánea.

Medellín se convertirá este sábado en el lugar donde se llevará a cabo el I Encuentro Mundial de Directores de Festivales Internacionales de Poesía. Se trata de una reunión que nace de la sensación generalizada entre los poetas de diferentes lugares del planeta, de que la historia del mundo no anda bien, de que va a la deriva, que parece solicitar a gritos un retorno protagónico de la poesía en la vida.

“Los escritores de versos, que somos seres sensibles y visionarios, hemos querido convocar este encuentro con participantes de 36 países. Hemos deliberado durante los últimos cuatro días, hoy realizaremos la última plenaria y haremos mañana una declaración”, explica Fernando Rendón, director del festival, que se ha realizado desde hace 21 años. “El mundo actual enfrenta al hombre ante la disyuntiva de sumirse en la barbarie o reconstruir sobre  nuevas bases el espíritu humano. La sabiduría debe salvarnos de la destrucción. Los valores universales que la humanidad ha atesorado en su devenir debieran ser la riqueza primordial”, proclama por su parte la ponencia que los escritores Norma Cárdenas Zurita, Marvin García y Alex Pausides han redactado para el encuentro. “Poetas, no hay una segunda oportunidad para el milagro de la vida en el universo, estad alertas”.

Como resultado de este encuentro, adelanta Rendón, se fundó un movimiento de poesía mundial al que están avocados a pertenecer festivales e iniciativas de todas las latitudes. Se invitará a las escuelas de poesía, a los poetas de todo el mundo y a las publicaciones poéticas. “Esto representará un cambio en la cultura, habrá por fin un movimiento que vele por la vigencia de la poesía y del quehacer poético. Es un movimiento para darle más presencia a la poesía en el mundo contemporáneo, para fortalecer los festivales, inaugurar unos nuevos en países en donde no existan, para promover el intercambio de publicaciones y de información, y darle nuevos fuerzas a las traducciones”, añade Rendón, quien asegura que con esta declaración el festival de Medellín, que finaliza el sábado, se convierte en paradigma para los encuentros de poesía del resto del mundo.

El movimiento busca reivindicar un compromiso, pero más que compromisos políticos o de sublevación “es un compromiso con la vida”. Así lo profesa la ponencia: “En tiempos difíciles, los poetas más que necesarios son indispensables. Ser poeta en tiempos difíciles significa prestar atención para alumbrar las cosas que vendrán y nombrar lo sagrado, revelar lo que fuimos y somos y seremos. Testigos de la historia humana, sus palabras trascienden el aquí y ahora, y marcan nuestro lugar en el mundo”.

Este encuentro con su declaratoria, además de ser firmada por los 36 directores de festivales, será apoyado por los  90 poetas de los 50 diferentes países que han asistido al festival y entre los que se cuentan nombres de procedencias tan diversas como Madosini LatoziMpahleni de Suráfrica, Philip Hammial, de Australia, SigurbjörgThrastardóttir de Islandia, Marcelino Dos Santos de Mozambique, Kamran Mir Hazar  de Afganistán, Zakaria Mohammed de Palestina y Cees Nooteboom, de Países Bajos entre otros.

Esta iniciativa ha sido posible, admite Rendón,  gracias a la gran vocación poética de la juventud de Medellín que durante más de veinte años  ha demostrado en este festival  cómo la poesía habita y alegra una ciudad, cómo puede llenar escenarios y convertirse en asunto multitudinario. “Me llena de alegría ser testigo, año tras años, de un público  que ha desarrollado nuevas sensibilidades, que es estudiado, que se atreve a preguntar y a indagar por sí mismo en diferentes temas”, concluye el director del festival, quien concuerda con una frase exaltada en la ponencia: “En Nuestra América, a pesar de estar convencidos de los severos límites de una acción poética, creemos que aunque sea con palabras --hermosas o terribles— de muchas alternativas disponemos aún para concretar la más sencilla de nuestras ambiciones: que la poesía sirva a los demás y a nosotros mismos en la creación y el gozo de la belleza que la naturaleza y la civilización han sabido acumular y preservar”.