Una casa vieja que se volvió verde

La historia de una casona construida en 1916, y ubicada en Greenville, Carolina del Sur, que fue reconstruida con arquitectura ecológica desde el piso hasta las fuentes de luz.

La casa número 507 de la calle Petrrigru Street en Greenville, Carolina del Sur (Estados Unidos), estuvo abandonada durante varios años por sus propietarios. Era una vieja casona estilo Arts and Crafts construida hacia 1916 y que poco a poco había perdido su encanto. Sus dueños no querían derribarla pero era inhabitable.


Brad Wyche, un abogado que dejó de lado su profesión para crear la organización Upstate Forever y trabajar por el desarrollo sostenible en Estados Unidos, creyó que la vieja casona merecía una segunda oportunidad. Quería de paso demostrar a otros propietarios de la ciudad, y del resto del país, que la arquitectura ecológica podía entrar por la puerta de las casas y los edificios que ya están en pie, no solo de los que están por construirse. 
Los dueños de la casona accedieron a venderla por un precio razonable y, bajo la batuta de un grupo de arquitectos expertos en nuevos materiales y técnicas de construcción verde, comenzó la cirugía de rejuvenecimiento.


Lo primero que llama la atención en la casa donde hoy están instaladas las oficinas de Upstate Forever, es la canaleta que sube a un lado de las escaleras, y por las que los empleados pueden trepar sus bicicletas. Una vez adentro, el aire que se respira no es el de un lugar de principios del siglo XX sino el de una moderna oficina.


No es fácil descubrir los secretos “verdes” del lugar pero es una tarea de la que siempre se encargarán los anfitriones. Cada cuarto, por ejemplo, tiene un piso distinto. El de la antigua sala, hoy convertida en junta de reuniones, fue construido con viejos tablones abandonados que luego de repararse cuidadosamente le han dado un aspecto renovado y lujoso. Otra de las salas está forrada con una alfombra fabricada con residuos reciclables. Si se daña una parte, simplemente se recorta y se reenvía a la fábrica para que sea reciclada de nuevo.


En el segundo nivel, en la oficina de Wyche, es difícil adivinar que los tablones del piso provienen de la carrocería de algunos camiones abandonados.  Y en el baño, un ojo cuidadoso puede descubrir que las baldosas fueron fabricadas con residuos de vidrios.


Las repisas de una gran biblioteca de pared, que va de lado a lado de una de las  habitaciones, están hechas de residuos agrícolas. Para salvar algunas de las viejas ventanas, luego de reparadas, se les asignó un nuevo uso: dividir unos cubículos de otros. La idea era salvar la mayor cantidad posible de la antigua edificación, y sólo deshacerse de lo que no podía repararse.


Por supuesto, la calefacción, el aire acondicionado y las luces son supereficientes. Cumplen con los más altos estándares  de ahorro. Quien se asome desde el segundo piso podrá ver que en el techo crecen flores y plantas. Un pequeño lujo en el presupuesto pero que si se proyecta a 10 o 15 años puede significar un ahorro en términos de gasto en la calefacción durante el invierno, y el aire acondicionado en el verano, pues funciona como regulador térmico.  Un “túnel de sol”, un artefacto cilíndrico de unos 70 centímetros de diámetro, escondido en un pequeño cuarto, es el encargado de llevar luz desde el techo hasta el primer piso para evitar el gasto de energía. Además, toda el agua caliente que se usa en Upstate Forever se debe a los paneles solares instalados en el tejado.
Sobra decir que todos los jardines que rodean a la nueva casa contienen plantas nativas y para sorprender a los visitantes, los anfitriones suelen llevar una jarra de agua hasta el sendero de concreto que conecta la puerta con el parqueadero. Al regar el agua, el concreto la absorbe como una esponja. Una discreta forma de evitar inundaciones y devolver el agua a la tierra.


Los tanques a un lado del jardín almacenan el agua de lluvia y distribuyen un 40% a la casa y riegan el otro 60% que no se necesita.
Brad Wyche dice que no es mucho lo que se puede hacer para controlar el crecimiento de la población en muchas regiones, pero sí hay mucho por hacer para reducir el consumo y evitar la pérdida de importantes áreas naturales y la destrucción de sitios históricos. La casa numero 507 de Petrrigru Street de Greenville, que recibió la más alta calificación de la certificación Leed,  es la mejor prueba de su optimismo frente al futuro.

 

 

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