Una historia de desavenencias

Desde su creación, la colectividad fue escenario de un pulso entre las líneas sindical, comunista, Moir, Anapo y antiguo M-19.

En 2003, cuando surgió a la vida política el Polo Democrático Alternativo, además de los avances electorales en Valle y Nariño, el gran triunfo fue la Alcaldía de Bogotá con Luis Eduardo Garzón, quien además venía de alcanzar 680.245 votos en los comicios presidenciales de 2002. Hoy, ocho años después, su principal escenario de gobierno está en crisis y salvo un giro de 180 grados en manos de quien reemplace al suspendido Samuel Moreno, parece cantada la derrota, en los próximos comicios, de la colectividad que ha regentado los destinos de la capital durante los últimos dos períodos, situación que amenaza incluso con llevarla a la debacle a nivel nacional.

Por eso, más que un nombre conocido que devuelva a los bogotanos la credibilidad en su Alcaldía, la decisión del Comité Ejecutivo Nacional del Polo requiere extrema precisión para designar la terna de candidatos de la que se escogerá a quien no sólo reemplace idóneamente a Samuel Moreno, sino que rescate la unidad de una colectividad que hoy está atomizada en varias vertientes. Las mismas que sumaron cuando el partido cobró forma como plataforma política y después se fueron distanciando hasta mostrar el cuadro actual de una izquierda fragmentada.

En el proyecto original entraron todas las vertientes. La línea sindical, que llegó fortalecida con la experiencia de Lucho Garzón, Wilson Borja, Angelino Garzón o Jaime Dussán. El grupo de los exguerrilleros, con el liderazgo de Gustavo Petro, Antonio Navarro o Antonio Sanguino. La gente del Partido Comunista y la Unión Patriótica, con Jaime Caicedo, Carlos Romero, Mario Upegui o Clara López. Los del Moir, encabezados por Jorge Robledo. La Anapo y sus dos herederos naturales, Samuel e Iván Moreno. Y los nuevos, provenientes de la academia o los derechos humanos, caso Carlos Gaviria.

La prueba de fuego fue la alcaldía de Lucho Garzón, donde empezaron a advertirse las primeras fisuras. Y el detonante, como hoy, fue Gustavo Petro. En ese entonces, siendo congresista, más de una vez criticó públicamente a Garzón de darle fuerza en el interior del partido, y por supuesto en la Alcaldía, al sector de los Moreno. Y como ahora, el motivo adicional de la incomodidad de Petro era lo que él consideraba y sigue pensando es la línea samperista, muy cercana a los Moreno, como quiera que el hoy detenido senador Iván Moreno fue viceministro de Salud y ministro de Trabajo de Ernesto Samper.

Cuando concluyó el mandato Garzón, ya la división era evidente y los distintos matices se fueron alinderando en dos facetas. La prueba es que cuando se produjo la consulta interna para escoger candidato a la posible sucesión en la Alcaldía, ante la aspiración de Samuel Moreno, el grupo encabezado por Petro optó por ventilar la candidatura de la excanciller y recién llegada al Polo María Emma Mejía. Al final, Samuel Moreno triunfó y pasó de largo ganándole a Enrique Peñalosa en octubre de 2007, pero desde su posesión gobernó con el sol a las espaldas.

Aunque el Polo logró una bancada sólida en el Concejo de Bogotá, no todos se alinearon con Moreno y, en esas revolturas de la política, a falta de apoyo en su colectividad, el alcalde abrió las puertas de la administración, con cuotas burocráticas, a los partidos de la U y Conservador. El concejal Antonio Sanguino, que fue electo por el Polo y ahora es del Partido Verde, ha manifestado que la U tiene puestos en el IDU, en el IDRD, en las 20 alcaldías locales y en algunos hospitales públicos. Hoy, además de los antiguos aliados del Polo, también se han sumado al ‘Toconsamuel’ (Todos contra Samuel) los beneficiarios de la U y el conservatismo.

En 2009, cuando estalló la crisis de los Nule, la fase III de Transmilenio, la malla vial y demás entuertos en Bogotá, al alcalde le quedaban pocos defensores en su propia bancada. Lucho Garzón emigró al Partido Verde. Angelino Garzón cambió de toldo y hoy es el vicepresidente de Juan Manuel Santos. Y Gustavo Petro, con Luis Carlos Avellaneda y Carlos Vicente de Roux, como reza el refrán, demostraron que la cuña que más aprieta es la del mismo palo y con su comisión —que se encargó de develar el escándalo de la contratación en Bogotá— le abrieron la puerta a la justicia para la debacle de los Moreno.

Hoy el escenario no puede ser peor. Su figura más emblemática, Carlos Gaviria, no quiere saber nada de reemplazar a Samuel Moreno. El Comité Nacional del Polo solicita la renuncia. El representante Iván Cepeda pide que lo saquen de la colectividad junto con su hermano Iván. Y como afirma el politólogo Enrique Serrano, lo peor es que la izquierda, que siempre se había vendido con las ideas de la moral y la transparencia, está mostrando los mismos vicios que antes les criticaban a los partidos tradicionales. Y en la antesala de unas elecciones locales y regionales, el panorama es oscuro para un partido que en las presidenciales de 2006 obtuvo más de 2,6 millones de votos.

El día terminó sin que el Comité Ejecutivo Nacional del Polo  llegara a un acuerdo para  conformar la terna a enviar a la Presidencia para que escoja el reemplazo de Samuel Moreno por los tres meses de suspensión que le impuso la Procuraduría. Hoy, se reanudará la deliberación.  Carlos Gaviria, quien ha dicho que no le interesa, seguía siendo el más mencionado e incluso el representante a la Cámara Germán Navas le envió el mensaje de que a veces en la vida hay que hacer sacrificios. El nombre de Clara López, quien fuera secretaria de Gobierno de Samuel Moreno, se escuchaba también en la baraja.

Y como era de esperarse, el sector petrista no quiere desaprovechar la oportunidad y ha puesto a sonar los nombres de Camilo González Posso, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz y exministro de Salud de César Gaviria; el académico Guillermo Asprilla y César Manrique, exalcalde de Fusagasugá. En el abanico aparecían también los exministros Carlos Bula y Parmenio Cuéllar, y el senador Jaime Dussán. Una difícil decisión en la que, además de la gobernabilidad en Bogotá, está en juego el futuro del Polo Democrático.