Una historia que conocemos de memoria

La selección cayó 2-0 contra Perú en cuartos de final de la Copa América. “Es claro que hay equipo para la eliminatoria”, dijo el técnico Hernán Darío Gómez.

El Doctor Neco y Míster ‘Falcao’, la versión colombiana de aquella famosa novela de ficción que Robert Louis Stevenson escribió hace dos siglos. Juntos provocaron la metamorfosis de Colombia que, de pronto, dejó de ser aquel equipo atildado, el mejor de la primera ronda, el que sorprendió, incluso, ganando el grupo por encima de Argentina, y se transformó en un monstruo que se devoró de punta a punta.

Un horror lo del Tigre, ese goleador implacable en Europa que demostró ser de carne y hueso, fallando un penalti que hoy estaría contando otra historia. Así de simple. De terror lo de Luis Martínez, responsable absoluto de los dos goles peruanos. ¿Se tenía que fracturar la nariz David Ospina? Lo cierto es que lo que se quebró ayer, en el atardecer de las sierras cordobesas, fue el sueño americano de una selección que había ilusionado. Por su fútbol, por su orden, por los resultados.

La frustración es muy grande, claro. Pero, pensando en el futuro, habrá que tener claro que, al margen de las fatalidades individuales, hay un proyecto y una idea de juego, más allá de que ayer estuvo viciada por las imprecisiones. Esta vez, fallaron los intérpretes principales, el arquero y el goleador, nada menos. Y también Hernán Darío Gómez, quien tardó demasiado en darle vuelo a Teófilo Gutiérrez y Jackson Martínez. Lo hizo cuando Perú ya había aprovechado las gentilezas del Neco. Y quizá esta sea la principal cuenta pendiente de la selección. Se generaron infinidad de situaciones y sólo se metieron tres goles en cuatro partidos. Ayer, fue otro claro ejemplo de esta ineficacia, al margen de la buena labor de Roberto Fernández.

Lo cierto es que Colombia no mereció irse por la ventana de la Copa América ante un adversario que planteó un juego de ajedrez de entrada, agazapado, a la espera del movimiento del rival. Sí, fue puro jaque mate lo de Perú. ¿Se habrá creído Garry Kasparov o  Anatoly Karpov el uruguayo Sergio Markarian? Gran maestro de la táctica, planteó un duelo cerrado, con pocos huecos para que se pudiera desplegar un juego fluido. Casi como si el arquero Fernández fuera la Reina, metió un batallón de peones a su alrededor con poca voluntad de despegarse del área. Le dio pista a Juan Manuel Vargas por la izquierda y libertad a Paolo Guerrero, su única referencia en el área. Esa fue la propuesta inca, carente de audacia, plagada de orden y bienestar defensivo.

Bajo esa coyuntura, Colombia intentó establecer su superioridad con la estructura de siempre, el 4-1-4-1 que tanto éxito le había brindado, con los laterales  al ataque, especialmente  Camilo Zúñiga, la conducción de Freddy Guarín y los dos extremos, Dayro Moreno y Adrián Ramos, movedizos. Sin embargo, a la tricolor le costó quebrar la última línea del combinado de la banda roja sobre el pecho blanco. Le faltó sorpresa y se repitió por las bandas. Y Falcao, solito y solo arriba, poco pudo hacer ante la marea de defensores que le inundaba las piernas en cada ataque.

 Ramos no estuvo picante. Sí lo fue Dayro, más activo que nunca. De principio a fin, estuvo a un paso del gol. Pero Perú no estaba dispuesto a hacérsela fácil a Colombia. Y así como el cuadro nacional jugó con hoja de calcar por la derecha, los peruanos lo hicieron por la izquierda. Al margen del talento de Vargas, que no por casualidad juega en la Florentina de Italia, pocas veces insistieron por la derecha, ahí mismo, donde el chiquitín William Chiroque era una buena alternativa.

No, no resultó sencillo para Colombia. ¡Qué va! Y Markarian mandó a la cancha a Carlos Lobatón, un jugador con mayores recursos ofensivos que Luis Advíncula. Y se enchufó Chiroque, una flecha por la derecha, punzante como un alfil en cada diagonal. Perú dejó su postura mezquina y se animó a manejar la pelota y a arrimarse al área colombiana, esa que merodeaba con mucho riesgo Paolo Guerrero, que tanto trabajo le dio a los marcadores centrales nacionales. Y esa movilidad que ostentaban los incaicos en los metros finales le ofrecían espacios al conjunto del ‘Bolillo’ para rematar el partido de contraataque. Y tomó esa invitación el equipo tricolor. Porque al ver que Perú llegaba con la fuerza de un toro a las aproximaciones del Neco y se deshacía como un ternero a la hora de rematar al arco, Colombia recuperó la pelota y tuvo tres posibilidades claras para ponerse en ventaja. Y ahí mismo, depende como quiera verse la cosa. O le faltó fortuna o no tuvo puntería. Sí, no hay dobles lecturas. Falló en los dos ítems. Primero, lo tuvo Dayro, pero su derechazo cruzado se perdió a centímetros. Después, un pelotazo de Guarín encontró a Moreno nuevamente solitario en el área. Y Alberto Rodríguez lo sacó a bailar. Lo tomó de la mano y le cometió una infracción que el árbitro mexicano Francisco Chacón  no dudó en ver como penal. Sin embargo, Falcao, el Tigre de los 17 goles en la Liga de Europa, disparó desviado. Los miles de colombianos que coparon el estadio Mario Alberto Kempes quedaron enmudecidos. Y se agarraron la cabeza sesenta segundos después, cuando Dayro remató cruzado y su misil reventó el poste izquierdo.

El partido, entonces, cobró mayor ritmo. El ajedrecista pateó el tablero y todos se entusiasmaron. Colombia era más profundo, pero no podía resolver en la zona de fuego. Perú llegaba claro hasta la puerta del área, pero no tenía contundencia. Por eso probaba con la media distancia. Y en ese rubro, el Neco había estado fantástico. Nada hacía prever sus errores del final.

Bolillo tardó en sacudir el  banco. Lo sacó a Ramos y apostó a Hugo Rodallega. Sin embargo, el atacante del Wigan inglés no pudo meterse de lleno en el juego. Por el contrario, chocó más de lo que buscó jugar. Y con Falcao aniquilado por el penal errado, todo el desarrollo ofensivo dependió de Dayro. Pero tenía cerrado el arco Colombia. Ni siquiera el tiro del final, como dice el tango, le iba a salir. Porque esa jugada notable de Guarín tendría que haber acabado en el arco peruano.

El tiempo extra fue trágico. Se lo perdió Dayro. También Armero. Hasta que se equivocó Neco y Lobatón aprovechó el regalo. Herido, Colombia fue por el empate. Pero el arquero se enredó. Otra vez. Vargas no lo perdonó. Y terminó con la ilusión tricolor. Ahora, aunque duela en el alma, hay que pensar en el Mundial. Y en no volver a fallar. Quedarse afuera de Brasil sí que  sería una situación imperdonable.

“Hay muchas cosas para rescatar”: ‘Bolillo’

Visiblemente afectado por la eliminación, el técnico Hernán Darío Gómez (foto) asistió a la rueda de prensa posterior al duelo ante Perú, acompañado por Pablo Armero y ‘Neco’ Martínez. Destacó el trabajo que realizó su equipo durante los cuatro partidos,  porque “por momentos dio alegría,  generó buen fútbol, emocionó al país. Tenemos una gran defensa y un grupo de muchachos excepcional, muy profesionales. Hay muchas cosas para rescatar, como también otras para corregir”. Con respecto a la falta de gol, dijo: “generamos opciones por derecha,  por izquierda, desequilibramos, hicimos sociedades…. Yo creo que son momentos, porque goleadores hay, de eso no tengo duda. Falcao nunca falló un penalti, los hizo todos en los entrenamientos, estas cosas nos están preparando para la eliminatoria”. Agregó que “es claro que sí hay equipo, un grupo para el que solo tengo palabras de agradecimiento por su disciplina y entrega. Este tiempo acá nos sirvió para mejorar”. Gómez confirmó que Brasil 2014 sigue siendo su objetivo, pero advirtió que “no debimos llegar a la prórroga, hicimos los méritos para definir el partido en los 90. Después, aún perdiendo 2-0, los muchachos nunca bajaron los brazos, se entregaron con alma y corazón”.