Una nueva esperanza para el fútbol

LA ADVERTENCIA QUE A FINALES del año pasado, durante la ceremonia de entrega del Deportista del Año de El Espectador, lanzara el presidente de la República, Juan Manuel Santos, en el sentido de que si no limpiábamos el fútbol colombiano se iba a acabar, no se ha quedado al parecer en los anuncios de oportunidad.

Desde ese momento, el Gobierno emprendió una campaña que combinó varios “frentes de ataque”, uno de los cuales, quizás el más importante, se celebra hoy con la presentación en sociedad de la Ley 1445, en un evento en Bogotá que contará con la presencia de varias glorias de nuestro fútbol, encabezados por Carlos Valderrama.

Con el apoyo del Congreso de la República, en efecto, el Gobierno consiguió modificar la Ley del Deporte que estaba vigente, introduciendo disposiciones que transforman la estructura y propiedad de los clubes profesionales, estableciendo estrictos controles para su funcionamiento.

En adelante, los equipos de fútbol podrán continuar siendo corporaciones, ajustándose al Código Civil, o podrán convertirse en sociedades anónimas, quedando obligados a mantener capital líquido permanente para cumplir con las obligaciones laborales, parafiscales y fiscales.

En la Ley se establecen drásticas sanciones para los clubes que incumplan con estas obligaciones en un plazo superior a los 60 días, con lo cual el Gobierno erradica, de una vez por todas, la costumbre del incumplimiento de los derechos mínimos de los futbolistas, condición que se exige para que los equipos puedan mantenerse en competencia.

Se incluyen, también, disposiciones en materia de seguridad y convivencia para erradicar a los violentos del espectáculo deportivo, estableciendo restricciones, multas y hasta penas privativas de la libertad para aquellos que, dentro o en el entorno del evento, atenten contra el buen desarrollo de la actividad.
Con el mismo propósito de saneamiento de nuestro fútbol, Coldeportes utilizó los instrumentos que le otorgó la Ley 181 de 1995 para inspeccionar y vigilar que los clubes profesionales cumplieran con sus obligaciones de pago y sancionó a Quindío, Caldas, América y Pereira con la suspensión del reconocimiento deportivo, medidas que el pasado gobierno se abstuvo de aplicar, a pesar de sus reiterados anuncios de compromiso con la depuración del fútbol colombiano.

Sin duda, el ingrediente que faltaba para generar estos cambios lo añadieron los futbolistas y el cuerpo técnico del Deportes Quindío, quienes por primera vez en la historia del balompié rentado en el país, entraron en huelga y se negaron a jugar hasta tanto recibieran el pago por su trabajo.

Como si algo faltara para generar el ambiente de esperanza de cambio que vive hoy nuestro fútbol, la semana pasada la Corte Constitucional profirió la Sentencia T-740, que fijó una trascendental posición en relación con la capacidad de Coldeportes para ejercer sus funciones de control sobre Colfútbol y la Dimayor. Les ordena, en un plazo de 48 horas, enviar los estatutos y reglamentos que hayan expedido para que en máximo tres meses Coldeportes ejerza el control de legalidad y verifique que se ajustan a nuestra Constitución y nuestras leyes. Así, el manido pretexto invocado por directivos y periodistas deportivos, en el sentido de que si el Estado se mete en el fútbol “la FIFA nos desafilia”, se desnuda como un mito más que se acaba para permitir que esta actividad se ajuste a la legalidad.

Tras décadas de estar dominado por la oscuridad de sus dineros, el abuso laboral con los jugadores y la pasividad de las autoridades, entre otras plagas, la esperanza ha llegado a nuestro fútbol y es urgente que todos nos sumemos a acompañar este proceso que se ha iniciado. Porque el camino es largo y son muchos los afectados que querrán que fracase.