Venezuela después del anuncio de Chávez

LOS MÁS RADICALES OPOSITORES discutían un golpe de Estado. Los más moderados esperaban ganar en las urnas.

Pero el mando del chavismo en Venezuela parecía inalterable. Se traían doce años de Revolución Bolivariana y se esperaban, por lo menos, otros cuatro más. Ahora, a pesar de lo manido de la frase, la salud de un hombre de Estado parece estar siendo realmente un asunto de Estado. O mejor, de un cambio de Estado. Más allá de si la ausencia del presidente Hugo Chávez es absoluta o temporal, el panorama político de Venezuela, a sólo un año de las elecciones presidenciales, comienza a reconfigurarse. Incluso, con los mejores pronósticos, la naturaleza de su enfermedad y su confeso estado avanzado lo obligarán a tomar distancia de una buena parte de los asuntos públicos. Una distancia, por demás, suficiente para alterar en algo los resultados de los próximos comicios. Si hay algo en lo que el presidente Chávez ha sido extraordinariamente hábil es, sin duda, en ser candidato. No obstante, por primera vez en mucho tiempo, es posible que pierda las riendas de su Socialismo del Siglo XXI.

Ya se decía que si el chavismo moría, sería por quebrantos internos. Unos, que la mediática figura del presidente Chávez sabía contener, pero que rebasan la fuerza y la capacidad del vicepresidente Elías Jaua y del canciller Nicolás Maduro, actualmente, sus más fieles escuderos. Ya se habla, por ello, de una maniobra jurídica para que Adán Chávez, hermano del mandatario, sea quien lo reemplace en caso de que no pueda retomar rápidamente su cargo. Movida usual en los regímenes autoritarios, además de conveniente. Bien querrá el presidente Chávez gobernar, al menos, por interpuesta persona. Se rumoró que la salida de Adán Chávez de la cartera de Educación por irregularidades en la contratación generó roces con el presidente. Nadie espera, sin embargo, que las diferencias familiares persistan ante el riesgo de una pérdida del poder. El peso de Adán Chávez, sin embargo, difícilmente lograría mantener el chavismo por mucho tiempo junto; figuras como Diosdado Cabello, el militar que llevó al comandante al poder, no tardarán en buscar su ocasión y, más aún, en obtenerla.

La oposición, como muchas otras, no tiene en realidad plan de gobierno. Buena parte de su arraigo en la población viene de canalizar la inconformidad que genera el primer mandatario. No obstante, ésta ha aprendido de sus pasados fracasos y, ahora, por lo menos, se presenta unida.  Pero son seis las figuras más fuertes: Henrique Capriles Radonski, Pablo Pérez, Manuel Rosales, María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López.  Con más popularidad los primeros que los últimos, pero con sus votantes cada uno, no son impensables las fisuras. Antes del anuncio de la enfermedad de presidente Chávez, la victoria de la oposición en las elecciones de 2012 estaba en entredicho, pero no su fuerza. Si con todo y los protagonismos permanecen unidos, lograrían tener un papel contra el oficialismo.

Por supuesto, es más lo que se especula que lo que se sabe. No obstante, el escenario político en Venezuela, de una forma o de otra, cambiará. Y, con éste, la estrategia diplomática de Colombia. Sin esperar que el panorama se llegue a oscurecer, los nuevos puentes se levantaron en acercamientos exclusivos con el primer mandatario. Y, sin él,  tal vez sea necesario volverlos a construir. Nuestros miedos son, no obstante, tímidos al lado de los de Cuba, Bolivia y Ecuador, cuyos actuales gobiernos dependen de acercamientos directos, pero con cuantiosos subsidios de por medio. Aunque por necesidad y no por elección, toda una geopolítica se erigió sobre un solo personaje. Esperemos que lo que sea que termine sucediendo en Venezuela no desestabilice la región.

 

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