Violentos choques religiosos en El Cairo

Egipto se convirtió en un ejemplo para varios países del norte de África que pretenden acabar con largos y corruptos regímenes.

Este país y Túnez lograron sacar del poder a sus mandatarios que durante años acabaron con sus libertades. Sin embargo, en Egipto semejante logro está siendo opacado por la violencia religiosa que azota a El Cairo y que parecía superada gracias a la revuelta.

Ayer, una nueva jornada de ataques entre musulmanes y cristianos coptos, que representan un 10% de la población, 12 personas murieron y más de 180 resultaron heridas, 11 de ellas muy graves. Según las autoridades, la Iglesia de Mar Mina, en el barrio de Imbaba, fue incendiada por un grupo de salafistas, poco interesados en la convivencia pacífica.

En los últimos meses, se han producido al menos cinco incidentes de gravedad por parte de los salafistas, un grupo islámico ultraconservador que tiene una interpretación rígida del islam y considera que su única y verdadera interpretación es aquella que fue practicada por las primeras tres generaciones de los líderes de esa religión. Cualquier cambio en el ritual o reinterpretación de la fe que haya sucedido desde entonces es denunciado como una innovación que atenta contra el islam.

Todavía los egipcios recuerdan que en la pasada Nochevieja un atentado contra una iglesia en Alejandría provocó una veintena de muertos y casi ochenta heridos. Dos semanas después, un agente de policía disparó contra seis cristianos coptos en la zona de Assiut, en el Alto Egipto, matando a uno de ellos e hiriendo al resto. La situación se agudizó el mesa pasado cuando otro grupo de exaltados salafistas destruyó otra iglesia en la provincia de Helwan. Una manifestación en contra de la violencia en El Cairo terminó con enfrentamientos en los que trece personas murieron y otras ciento cuarenta resultaron heridas.

Lo más grave de la situación es que los enfrentamientos amenazan con desbordarse. El Consejo Superior de Las Fuerzas Armadas que está al frente del poder pidió “no perder de vista los objetivos de la revolución”.