Vivaldi estará en Colombia

Los más importantes músicos del barroco europeo resucitaron en las partituras de la Orquesta de Venecia, que se presenta miércoles y jueves en el Teatro Julio Mario Santo Domingo.

Era organista, clavecinista y un reconocido erudito en estudios musicales cuando en 1997 decidió fundar la Orquesta Barroca de Venecia. Andrea Marcon reunió a los mejores músicos que encontró en su paso por la Schola Cantorum Basiliensis y junto a ellos consagró su éxito musical en los grandes teatros del mundo.

Marcon, el ganador del concurso internacional Bach-Handel, del Paul Hofhaimer y del concurso de Calve de Bolonia, consiguió que su orquesta se comprometiera con el redescubrimiento de óperas barrocas de primera línea. Desde entonces ha celebrado estrenos de piezas como Atenaide de Vivaldi, L’Orione de Francesco Cavalli y La morte di Adone ed Il trionfo della poesía e della música de Benedetto Marcello.

Gracias a una dirección instruida, letrada, pero también al portento de los violines y a las vibrantes flautas, la conquista del público empezó con el montaje de Siroe, de Haendel, en el año 2000, seguido por el de L’Olimpiade, de Cimarosa, en 2001. Gracias a esos conciertos la Orquesta Barroca de Venecia consiguió presentarse por primera vez en distintas ciudades de Estados Unidos alcanzando gran acogida de la crítica.

Grandes artistas han sido parte de este conjunto musical. Tal es el caso de los violinistas Viktoria Mullova y Giuliano Carmignola, quienes protagonizaron la apertura del Festival de Venecia cuando presentaron L’Olimpiade, de Galuppi, en el Teatro Malibrán. Las mezzosopranos Magdalena Kožená y Romina Basso, en la temporada 2009-2010, hicieron lo propio en las principales ciudades europeas. El éxito fue arrollador.

Fueron tantos los laureles del público que algunos conciertos fueron retransmitidos por televisión en toda Europa, como en los que participaron los sopranos Anna Netrebko y Andreas Scholl en el Musikverein de Viena, y los que ofreció Magdalena Kožená —una de las más destacadas mezzosopranos contemporáneas— en un programa de arias de Haendel.

A partir de las 8:00 p.m. la orquesta veneciana estará hoy y el jueves en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Andrea Marcon no podrá asistir, pero, como explican Alessandro Sbrogiò —contrabajo— e Ivano Zanenghi —laúd—, su asistencia no es imperiosa porque su respaldo se centra en que llevan años y años ensayando un repertorio de lujo.

Del afecto y del intelecto

Al contrario de lo que se creería, los músicos de la Orquesta de Venecia no fueron criados oyendo a grandes compositores; tampoco oían jazz, ni música de culto. Oían, en cambio, canciones infantiles, rock y música popular europea como cualquier adolescente, lo que dicen, les sirvió para imprimirle al barroco arreglos e improvisación. Para hacer su propia versión de los clásicos.

En sus carreras musicales, muchos de ellos se convirtieron en eruditos, estudiaron partituras, contextos sociales, tratados; consiguieron instrumentos originales y se especializaron en ellos con una pasión casi religiosa. Otros, en cambio, fueron menos ortodoxos: apelaron a la praxis, a la especulación, al camino de la experimentación sin perder nunca el norte del sonido adecuado.

Hoy, como señala Zanenghi, la orquesta está constituida por una gama diversa de personas con experiencias disímiles, y eso, a su juicio, es lo que la dota de un alto nivel de excelencia. Está compuesta 90% por artistas italianos y los restantes proceden de otros países de la comunidad europea. Quizás esa sea la razón por la que sus músicos compartan la admiración por Antonio Vivaldi, Il prete rosso, el compositor de 770 obras, el italiano que le dio vida a Montezuma. En palabras de Sbrogiò, “el rock star de su época”.

La importancia de Las cuatro estaciones, la más destacada de sus obras, se debe a la participación de toda la orquesta en la pieza, pues ya no actúa como un mero fondo de acompañamiento, sino que la custodia de principio a fin. Con ella el veneciano rompió el paradigma que él mismo estableció con el Concerto Solli, en el que el instrumento solista era el más importante de la melodía y los demás sólo servían de acompañamiento.

Como parte del repertorio, entre otras significativas obras instrumentales del barroco europeo, la orquesta interpretará esa pieza, cuya versión —según la crítica especializada— es la mejor de la composición del genio italiano admirado por Bach.

Los asistentes están invitados a revivir el siglo de las luces, a recorrer musicalmente La Ciudad de los Canales —la que permaneció intacta durante 1.105 años—, a disfrutar de un repertorio sonoro que, gracias a la imaginación y al estudio de los músicos del siglo XXI, reconstruye sin alarde de copia las obras más sublimes del barroco europeo.

últimas noticias

Etiopía: la tierra que nadie pudo colonizar

Cuento: Volví a desempolvar mi camiseta

La leyenda del Da Vinci criollo