"Vive, lee, escribe"

Cuando tenía 17 años, Kevin Brooks era uno de esos muchachitos que andaban por la vida con la certeza de que haría lo que se le diera la gana.

Vivía en Exeter, la capital del condado inglés de Devon, una ciudad arcaica, con montañas romanas y flores en cada esquina desde la que, si se era rebelde, el único anhelo posible era irse a vivir a Londres.

Y ése era su caso. Pero como no podía trasladarse a tan temprana edad por los gastos que demandaba la gran ciudad, estudió filosofía y psicología mientras vivía con sus padres. Al tiempo cremaba cadáveres en una funeraria.

En sus ratos de ocio escuchaba a David Bowie, y por momentos soñaba con ser Iggy Pop. Para no sepultar esas aspiraciones ni consolidar su frustración, empezó a escribir canciones.

Pero eso no le alcanzó. Entonces viajó a Londres decidido a convertirse en un rock star. Trabajó vendiendo perros calientes en el zoológico y repartiendo gasolina en un estacionamiento. En simultánea, decidió presentar sus manuscritos a varios editores que le contestaron con portazos. Él, como el sastrecillo valiente de los Hermanos Grimm, no desistió. Barry Cunningham, un alma caritativa, un editor primerizo con una idea bastante amplia del arte, le publicó su primera novela, Martyn Pig.

Poco tiempo después Brooks fue galardonado con el Canongate New Writing Prize. Entonces se hizo justicia.

Martyn Pig es mitad ficción, mitad real. Brooks cuenta la historia de un joven de 14 años atribulado: su madre huye de la casa un día cualquiera sin despedirse de nadie, su padre tiene por vocación el licor y los malos tratos. En su escuela no la pasa nada bien, pues tiene que soportar las humillaciones debido al apellido roñoso que lleva pegado a su ser.

Sin embargo, Martyn hace su vida a su manera: admira y es lector compulsivo de novelas policíacas, alaba la captura de los culpables y exalta la justicia. Sherlock Holmes, el Inspector Morse y Columbo son sus detectives favoritos.

Sus días, rutinarios y bucólicos, se oscurecen cuando el joven provoca accidentalmente la muerte de su progenitor. Entonces por primera vez ve su vida de manera libre mientras ejecuta toda clase de peripecias con tal de salir bien librado de la situación. En el trance lo acompaña Alex, una chica aspirante a actriz de quien está enamorado.

Este libro es un juego entre lector y escritor. Una novela en donde todas las partes concuerdan, como en un mecanismo de anclaje. A través de sus páginas quien disfruta del texto se ve obligado a adivinar una trama fascinante, exenta de convencionalismos en donde los protagonistas ponen a prueba su resistencia física y moral, hasta llevarla al límite. Llegar hasta el final del libro también le supone al lector una aventura colmada de ansiedad.

Con Martyn Pig, Brooks se consagró en el mundo literario inglés. Desde entonces ha escrito una decena de libros que lo han hecho merecedor de diversos premios.

Cuando se le pide recomendaciones para los jóvenes aspirantes a escritor responde: “No pidas consejos, sólo lee muchísimos libros y escribe lo que tú quieras escribir. Tampoco pases todo el tiempo escribiendo; los libros son sobre la vida así que necesitas vivirla”.

 

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