Westminster los espera

Este martes se presentan en el Parlamento británico el magnate australiano, su hijo y Rebekah Brooks. El escándalo de las ‘chuzadas’ sigue cobrando cabezas.

Hoy, a las 2:30 de la tarde, Rupert Murdoch, su hijo James y Rebekah Brooks se presentan ante un comité de la Cámara de los Comunes para ofrecer las mejores explicaciones que tengan sobre el escándalo de las ‘chuzadas’ que, como un violento huracán, continúa sacudiendo el panorama político y mediático de Londres. El Parlamento británico comunicó que estaba particularmente interesado en indagar más sobre cómo, según dijo James Murdoch, sus miembros habían sido engañados.

Hace unos días, James Murdoch envió una carta al presidente del comité, John Whittingdale, pidiendo “respetuosamente que se tome el mayor cuidado para asegurar que la audiencia no perjudique esta o las investigaciones subsecuentes”. En la misiva, Murdoch dejó entrever que podría rehusarse a hablar por esta razón. Con seguridad, se le cuestionará por qué News of the World empezó a colaborar con la investigación sólo después de que el diario The Guardian destapara esa ‘olla podrida’ y no en 2006, cuando algunos indicios salieron a la superficie.

James Murdoch suena tibio, pero su padre no. El magnate de los medios, con el tono crudo que tan bien conocen quienes lo rodean, aseveró en entrevista con The Wall Street Journal —el cual pertenece a su conglomerado de medios— que quería aclarar ciertas mentiras que se han dicho en el Parlamento: “Creemos que es importante restablecer nuestra integridad ante los ojos del público. Es mejor ser lo más transparente posible”.

Murdoch ha respaldado a su hijo con la misma vehemencia con que ha defendido a la exdirectora ejecutiva de News International, Rebekah Brooks, quien pasó el domingo 12 horas detenida por la Policía y al final fue puesta en libertad sin cargos en su contra. Los Murdoch y Brooks, además, llegarán a Westminster tres días después de la renuncia del jefe de la Policía Metropolitana, sir Paul Stephenson, y de su asistente, John Yates. Un golpe más a la moral de Scotland Yard, que en las últimas semanas sólo recibe titulares de cómo sus agentes se dejaron comprar por periodistas corruptos.

Hasta ahora ha sido imposible apagar las llamaradas que arroja este escándalo. Sigue siendo la prioridad de los medios ingleses y del mundo político, lo que ha arrinconado importantes discusiones como el anuncio del primer ministro David Cameron de privatizar los servicios públicos. En otro momento, este sería el tema del mes, sobre todo en un país donde la presencia del Estado ha garantizado por décadas el acceso de la población al transporte, la salud o la educación: en Inglaterra, por no ir más lejos, los anticonceptivos son gratuitos y las universidades privadas un ‘bicho raro’. Sin embargo, la mirada sigue fija en las ‘chuzadas’. La oposición insiste en que Cameron aclare su relación con los Murdoch y Brooks; los parlamentarios quieren que el alcalde de Londres, Boris Johnson, también rinda cuentas; mientras que Scotland Yard pierde hombres valiosos y su nombre está en entredicho.

Esta agenda editorial y mediática, no obstante, parece divergir del interés general. Un reportaje de la BBC mostraba cómo los dueños de tiendas y quioscos estaban preocupados por tener menos ingresos después del cierre de News of the World. En un reciente programa de esta cadena, dedicado al tema de las ‘chuzadas’, el conductor preguntó al público: “¿Cuántos de ustedes se sienten afectados por el tema de las interceptaciones ilegales? Creo que nos interesa más saber de la crisis, cuándo van a parar los recortes, cosas así”, le respondieron. Alguien más exclamó: “Yo acepto que lo compraba cada domingo. Creo que, como mucha gente, nunca me cuestioné de dónde sacaban la información. Por lo mismo, somos nosotros los que hemos alimentado este tipo de periodismo, ¿no?”.

Muerto uno de los denunciantes

Al ya complejo escándalo de las interceptaciones ilegales del diario ‘News of the World’ se sumó la muerte del periodista Sean Hoare, señalado como uno de los primeros denunciantes de las irregularidades que se cometían en la redacción, conocidas por todos los jefes del diario, con el fin de obtener exclusivas. Hoare, quien fue despedido del periódico acusado de tener problemas de drogas y alcohol, fue encontrado muerto en su hogar y ahora las autoridades trabajan para determinar las razones de su fallecimiento.