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hace 5 horas

William y Kate, en la cuenta regresiva

Las vitrinas de Londres se siguen llenando de máscaras, platos, pocillos y otros tantos recordatorios con los rostros del príncipe William y Kate Middleton. Falta una semana para que la boda real sea un hecho, en medio de una Inglaterra afectada por una fuerte crisis económica.

Si hoy hicieran una encuesta en Inglaterra para averiguar cuánta gente está contenta con la boda real, que se celebrará el próximo 29 de abril, el resultado probablemente sería mayoritario. Pero tanta popularidad no estaría tan relacionada con la simpatía hacia la realeza sino con el hecho de que, por cuenta de este evento, el país contará con tres días festivos seguidos en la última semana de abril. Sumados con los días libres que deja la Semana Santa, los habitantes de Inglaterra resultaron teniendo unas extensas vacaciones de primavera por cuenta del matrimonio del príncipe William.

Los avances de la boda real se mueven entre tres mundos. El oficial, envuelto en su rigidez y protocolos, es inevitablemente el aburrido. A través de ése nos hemos enterado de qué calles estarán cerradas ese día; de que ella pidió para la fiesta un pastel orgánico de frutas mientras él quiso una réplica de un postre de chocolate de su infancia; de cuáles son las organizaciones a las cuales ellos sugirieron hacer donaciones en vez de recibir regalos. Lo más atrevido que se ha visto es al príncipe abrazando a su prometida en las fotos oficiales: nunca antes había pasado. Si no fue eso, fue el chiste que el príncipe Carlos lanzó al oficializarse el compromiso: “Bueno, es que ya han practicado bastante”.

Por otro lado están los ‘agregados’: gente que nada tiene que ver con la ceremonia pero que se han hecho su camino para involucrarse. Mientras los horóscopos juegan a adivinar el porvenir de los futuros esposos, aparecen de cuando en cuando mensajes en Facebook como el del obispo anglicano Pete Broadbent, quien publicó que no les daba más de siete años juntos. No sólo eso, Broadbent dijo que la monarquía inglesa era sexista, corrupta, llena de donjuanes y se refirió al príncipe Carlos como “orejas grandes”. Por cuenta de tanta verdad ventilada, que por supuesto no habrá sido bien recibida por su jefa máxima -la reina Isabel-, Broadbent fue suspendido y días después ofreció disculpas en público.

Hay los que quieren a toda costa ser invitados a la boda, como la joven mexicana de 19 años Estibalis Chavez. Agencias de prensa reportaron que Estibalis armó una carpa frente a la embajada inglesa de su país, puso un pequeño cuadro en óleo de los novios (que ella misma pintó) y a cuanto peatón pasaba le entregaba un volante que decía: “¿Me van a dejar morir de hambre por no darme una invitación?” Su justificación por senda protesta fue tan convincente como la protesta misma: “Mi madre era fanática de Lady Di y yo también. Cuando ella murió me prometí a mí misma que iría a la boda de su hijo”. Al parecer, en 1997 era común que niñas con 4 y 5 años de edad se prometieran ir al matrimonio del príncipe; Estibalis fue la más osada. Sin rodeos, la respuesta llegó pronto “El Palacio de Buckingham lamenta decir que no hay más puestos disponibles”. Moraleja: para los que anhelen intentar pericias semejantes en futuras ocasiones, no lo hagan tan tarde.

Hay los que quieren mostrar sus afectos con regalos, como es el caso de Burkhard Strohbach, un alemán criador de perros de pedigrí que viajó a Londres para dejarles saber a los novios de su oferta: un cachorro. No pudo lograr su cometido porque no encontró buzón en las puertas del Buckingham, reportó la BBC. Desde su casa, en la ciudad de Sebnitz, Strohbach echó mano de los traductores de Internet e hizo un segundo intento: “Su majestad, los perros no pierden pelo, no ladran y ladran poquito”. Y entre quienes han hecho negocio con esta unión los aplausos se los llevó Guandong Enterprises. La empresa vende por Internet un pocillo recordatorio de los novios que, en vez de la cara del príncipe William, tiene la de su hermano Harry. Las apuestas apuntan a que Guandong se descuidó a propósito para sobresalir entre los tantos recordatorios que hoy llenan las vitrinas de los locales de Londres.

El tercer mundo en el que este evento se mueve es el de la Inglaterra de hoy, convulsionada, haciéndole frente a una crisis económica que ha sacudido en especial al Viejo Continente y estremecida por tantas decisiones políticas impopulares. En rechazo al alto número de puestos que el gobierno de David Cameron planea eliminar en el sector transporte (uno de cada tres empleados tendrá que salir, ha dicho el sindicato), los trabajadores del metro han llamado a varias huelgas y una de ellas coincidirá con la fecha de la boda. “Sindicato del metro amenaza la normalidad de la boda”, tituló en ese momento uno de los periódicos gratuitos que circulan en los trenes subterráneos. Lo que no quedó claro es de qué manera esta huelga amenaza la boda, pues parece poco probable que alguno de los 1.900 invitados escoja esta medio para llegar a la ceremonia.

El pasado 26 de marzo, unas 300.000 personas de todo el país se movilizaron por las principales calles de Londres en contra de tantos recortes anunciados, que implican no sólo pérdidas de puestos de trabajos sino de ayudas en educación, por desempleo o a las madres de pocos ingresos. De la protesta, convocada por sus organizadores a ser pacíficas, se derivó un grupo que la transformó en motín, afectando de paso varios locales en Picadilly Circus, corazón comercial de la capital del Reino Unido. Casi 200 personas fueron arrestadas. Escandalizados, las autoridades locales manifestaron que había información de que “anarquistas” y “extremistas” buscarían atentar contra la boda real con los mismos boicoteos que se vieron en la marcha y le solicitaron a la Scotland Yard (policía secreta) identificar a los “revoltosos” urgentemente.

El asunto ha sido tomado más que en serio. El alcalde de Londres, Boris Johnson, afirmó que no toleraría interrupción alguna de la boda real: “Sería extremadamente insensato que alguien trate de arruinar un día alegre de celebración nacional”, dijo. Bob Broadhurst, comandante de la Policía Metropolitana, fue llamado a rendir cuentas ante el Parlamento, entidad que quiere medidas “audaces y radicales” contra los “terroristas”. La Policía confirmó que, con nuevas tácticas para enfrentar disturbios, se están preparando para el 29 de abril. Por su parte, Broadhurst pidió más recursos para abordar las amenazas de estos “grupos extremistas” contra el orden público.

El tiempo sigue corriendo y la llamada ‘boda del milenio’ está a la vuelta de la esquina. En cuestión de semanas el príncipe William y Kate Middleton personificarán en la Abadía de Westminster lo que muchos ven como un cuento de hadas. La futura princesa llegará a la ceremonia en el mismo Rolls Royce que fue atacado en diciembre pasado en medio de protestas contra el Gobierno cuando el príncipe Carlos y su esposa Camila, que iban al teatro, se encontraron con un grupo de manifestantes que acababan de enterarse de que las matrículas universitarias serían triplicadas.

La boda será vista por millones, seguramente, como ocurrió con el príncipe Carlos y Diana de Gales, y aunque la moda de hoy en Inglaterra es la austeridad, con respecto al matrimonio del futuro rey, la familia real está dispuesta a echar el palacio por la ventana.

 

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