'Yo no enseño arte, sino cómo venderlo'

Dov Simens, curtido tallerista sobre cómo hacer cine de bajo presupuesto, viene a Colombia a impartir sus conocimientos sobre el tema.

Dov Simens es un estadounidense que lleva más de 15 años realizando talleres ‘express’ de dos días sobre cómo hacer películas. Parece inevitable que más de uno vea con sospecha o recelo esta combinación de corto tiempo y altas aspiraciones, pero Simens, con su tono de voz fuerte y ásperas maneras de expresarse,  lo sabe y defiende con pragmatismo su trabajo. A propósito de su llegada a Colombia, donde dictará por primera vez uno de sus talleres, El Espectador habló con él en Londres, donde justamente se encontraba capacitando a un centenar de personas sobre qué tener en cuenta a la hora de embarcarse en el mundo cinematográfico.

Usted admite en sus charlas que no es un gran productor o un gran director. ¿Cuáles son sus credenciales entonces?

Luego de trabajar con Roger Corman, un productor muy conocido en el mundo de las películas de bajo presupuesto, luego de ser productor y conocer de guiones; y de vender (con autorización de mi esposa) mi casa y mi librería para intentar hacer mi propia película en 1984, empecé a dar clases en la Universidad de California. Luego, me invitaron a hace lo mismo en USC y en  NYU. Hasta que alguien algún día me sugirió hacer los talleres por mi cuenta, y desde principios de los 90 eso he hecho. Hasta el momento, no me han pedido devolución del dinero.

¿Qué suerte corrió su película?

Yo me fui a Los Ángeles, hice una película con US$15.000, la mandé a festivales y ganó dos premios, pero nunca logré venderla. Después de eso fue que empecé a trabajar con Corman.

Se supone que hacer cine es difícil. ¿Cómo se sintetiza un trabajo tan arduo en dos días?

No lo es. Hay que hacerlo sencillamente: con un buen guión, una locación y US$100.000. ¿Eso suena difícil? Sí requiere mucha energía y son unos cuatro meses y medio intensos desde que se empieza a grabar hasta la edición final.

¿Qué lecciones quiere dejar en Colombia?

Primero que todo, dejen de competir con Hollywood. Segundo, hagan películas en Colombia que produzcan ganancias en Colombia. Tercero, eliminen la piratería. Esto es lo más importante y para su gobierno es fácil hacerlo. Si piratean una película estadounidense o europea no nos importa, pero una película colombiana pirateada acaba el juego. Los DVD representan unas buenas ganancias y se las están regalando a los piratas.

Durante su taller acá en Londres usted repetía una y otra vez “así se hace en EE.UU.”. ¿Hay manera de “hacerlo” en Colombia?

Ustedes son 40 millones de habitantes. Si uno de cada 100 habitantes compra un boleto de cine, descontando la distribución, los teatros y la publicidad, haciendo un filme con un presupuesto bajo, se puede decir que hay manera de hacer el negocio en Colombia.

¿Qué caminos ve para fomentar el cine?

Seguro hay por ahí algunos millonarios interesados. Yo les diría que se vuelvan distribuidores y hagan sus propias películas. Con buenas cámaras, contratando actores famosos, con un libro reconocido o una canción popular como historia.

¿El gobierno debería involucrarse en este fomento?


Claro. Los gobiernos suelen ver las películas como publicidad. Ahora que Colombia ha salido de su época negra, el gobierno debería ver las películas de esa manera. Eventualmente, se debe crear un programa de incentivos para atraer a Hollywood, poniendo entre 20% y 40% del presupuesto de las películas. Colombia me parece más segura que México para filmar, pero vamos a México porque ellos ponen  30% del presupuesto.  Colombia no está en el juego todavía. Este es el momento de crear programas,  incentivos en impuestos, o en crédito, o para impulsar coproducciones internacionales.

¿Esto quiere decir que sus talleres están completamente enfocados en ‘el negocio’?

Sí. Así debería ser, esto se llama el ‘show business’. Yo no puedo enseñar el arte, pero puede enseñar sobre cómo vender el arte.

En la lista de gente que ha pasado por sus talleres figuran Tarantino, Chris Nolan y Guy Ritchie...

Guy Ritchie estuvo en este mismo salón de la Universidad de Westminster. Con él estaban Matt Vaughn y Trudy Styler, la esposa de Sting. Voy a ser dramático y supondré que ella estaba en la crisis de los 40, que quería ser más que la esposa de Sting. El caso es que después del taller decidieron hacer una película juntos. Y de ahí salió Lock, Stock and Two Smoking Barrels.