Zona Cero: de Bush a Obama

El mandatario aseguró que con la muerte de Bin Laden , Estados Unidos le demostró al mundo que “cuando decimos que nunca olvidaremos, hablamos en serio”.

Dese hace casi una década una valla separa la Zona Cero del resto de Manhattan y para los neoyorquinos, convivir durante tanto tiempo con 64.000 metros cuadrados de ruinas, grúas, proyectos fallidos, edificios a medio construir y salvajes enfrentamientos políticos y económicos no ha sido especialmente fácil. Pero si se compara la Zona Cero en la que ayer se elevó triunfal la voz de Barack Obama con el vacío casi total que aquí reinaba hace apenas tres años, no hay duda de que estamos mucho más cerca del Nueva York del futuro que de ese escenario en el que aún hervían las ruinas humeantes de las Torres Gemelas cuando el presidente George W. Bush habló de venganza tres días después del 11/9.

Bush habló el 14 de septiembre de 2001 abrazado a un bombero, encaramado a los restos de un camión contraincendios con un trasfondo de escombros y cascotes calientes sobre los que aún planeaba el miedo. Obama, que ha sido lo suficientemente astuto para no explotar políticamente la Zona Cero y no dejarse ver allí hasta ayer, apareció ante su país y el mundo depositando las primeras flores que por fin se posarán sobre el avanzado esbozo de un memorial concebido en 2004 por los arquitectos Michael Arad y Peter Walter.

Ese lugar, considerado sagrado para las familias de las 2.792 personas fallecidas en los atentados, ha sido una de las principales víctimas de los avatares económicos y políticos sufridos. En 2008, cuando el memorial era todavía sólo un proyecto, los familiares de las víctimas descubrieron que el presupuesto de US$1.000 millones que el Port Authority of New York and New Jersey —propietarios del área— había destinado a su construcción, no disponía de esa cifra y sólo contaba con la mitad. Si el alcalde Michael Bloomberg no hubiera tomado cartas en el asunto, Obama no habría podido posar frente a las dos piscinas construidas sobre la huella física que dejaron las Torres Gemelas.

Es imposible negar la evidencia: el coste de la reconstrucción aumenta cada año y suma ceros a una velocidad desmesurada y lo cierto es que, una década después de los atentados, en una ciudad que fue capaz de construir el Empire State Building en sólo 13 meses hace ya 80 años, la Zona Cero aún está lejos de ser un lugar habitable.

En 2004 se hablaba de US$11.000 millones para dar vida a un solar sobre el que se proyectaba la construcción de cinco rascacielos, entre ellos la simbólica Torre de la Libertad (hoy World Trade Center 1), que medirá 1.776 pies de altura, cifra simbólica que emula el año en que Estados Unidos se independizó de Gran Bretaña. También se preveía un intercambiador de transportes, un memorial por las víctimas y dos centros culturales. En 2008, tras haber eliminado los dos centros culturales por falta de financiación, el monto se elevó hasta US$13.000 millones y sólo un rascacielos, el WTC 7, estaba en pie.

Tres años más tarde por fin parece que algo se mueve: a la silueta del WTC7 se han añadido 62 de los 104 pisos de la Torre de la Libertad, 23 niveles del WTC 4 y los cimientos de las torres 2 y 3.

Eso sí, el intercambiador de transportes que firma el arquitecto español Santiago Calatrava, con su cúpula futurista que se abrirá hacia el cielo los días de sol, sigue avanzando, aunque su costo también se ha disparado, pasando de los US$2.500 millones previstos en 2010 a los US$3.200 y su inauguración no llegará hasta 2015, tres años después de lo previsto.

El memorial de las víctimas verá parcialmente la luz cuando llegue el décimo aniversario de los atentados en septiembre. Y los edificios 2 y 3, aunque ya estén en marcha con las flamantes firmas de Norman Foster y Richard Rogers detrás, tampoco cuentan con el presupuesto necesario para elevarse.

El incremento del precio de los materiales de construcción debido a la crisis y los continuos retrasos han disparado el valor total de todo el proyecto por encima de los US$15.000 millones, de los cuales al menos un tercio aún no está asegurado, por lo que el deseo de ver todo terminado en 2013, como se preveía en 2008, sigue siendo una utopía.

La guinda a este intenso culebrón protagonizado por políticos en busca de reconocimientos electorales, constructores avispados, arquitectos ofendidos y familiares sin sosiego, es el proyecto de una mezquita y una comunidad musulmana a escasas manzanas de la Zona Cero. Tras la ardiente polémica que provocó su anuncio el pasado verano, hoy el proyecto está parado por falta de recursos, aunque su futuro no es más que otro capítulo dentro de esta interminable película de la que ayer Barack Obama fue el flamante protagonista.

 

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