Capitales de la pandemia: la emergencia que pocos creyeron que llegaría a Tokio

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Mientras países vecinos como Corea del Sur y China ya comienzan la última fase de la pandemia, es decir el levantamiento de las medidas más estrictas para controlar el contagio del COVID-19, Japón declaró el estado de emergencia.

El primer caso de coronavirus se registró en Japón el 16 de enero y hasta la fecha se han contagiado 4.600 personas, de las cuales, 105 han muerto, incluyendo los casos de un crucero que llegó al puerto de Yokohama a comienzos de febrero. Sin embargo, en este país, vecino de Corea del Sur y de China, acaba de llegar la alarma.

Japón, que por la proximidad geográfica fue de los primeros países afectados pero donde el número de contagios y defunciones se mantuvo relativamente bajo, está registrando una aceleración de la epidemia que ha llevado al Gobierno a preparar un decreto de emergencia, que será anunciado este martes.

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Ya el gobierno había cancelado eventos culturales y deportivos multitudinarios así como clases en todos los colegios hasta finales de marzo. Pero la medida deberá extenderse. El decreto que será emitido hoy contempla un aislamiento por un mes y se aplicará a las ciudades de Tokio, Osaka, Saitama, Chiba, Kanagawa, Hyogo y Fukuoka.

En los últimos días los contagios han ido subiendo a un paso inédito y ha llegado a contagiar centenares (148) en un sólo día. La situación más grave se concentra en Tokio, en donde está la mayoría de infectados y también de fallecidos. 

A pesar del caos que vivían sus países vecinos, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, se venía resistiendo a decretar la emergencia, básicamente por el impacto económico. Abe está, de hecho, preparando un paquete de emergencia económica que medios locales cifran en un billón de dólares. 

Tokio y otras seis prefecturas recibirán a partir de hoy poderes para, por ejemplo, cerrar colegios, prohibir eventos públicos o pedir a la población que no salga de su casa. El sistema legal japonés, sin embargo, no establece sanciones para quienes no cumplan la cuarentena. 

La gobernadora de la capital, Yuriko Koike, le estaba pidiendo la declaratoria de emergencia al presidente Abe desde hace dos semanas para que la gente cumpliera el distanciamiento social y empezara a teletrabajar. Pero Japón no está preparada para el trabajo en casa, según analistas.

 

La cultura laboral nipona

La directriz del Gobierno ha tenido una tibia acogida entre las empresas japonesas, sobre todo entre las pymes, debido a las dificultades logísticas para aplicarla o al apego a una cultura laboral donde la presencia del empleado en la oficina es tradicionalmente más valorada que su productividad. Y aunque algunas empresas grandes sí han mandado a sus empleados a trabajar en casa, las calles de Tokio siguen repletas de oficinistas. 

En Japón es una cuestión cultural el trabajo presencial, que dicta que hay que tener un constante cara a cara con los jefes y compañeros como señal de respeto.

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Los japoneses están acostumbrados a tener largas jornadas laborales, aunque en 2018 el gobierno aprobó una reforma que fijaba en 100 horas extra mensuales como el tope. La medida se tomó luego de que las autoridades documentaran miles de suicidios y otras muertes por problemas de salud relacionados con el trabajo excesivo, 

El Ejecutivo también ha intentado desde entonces promover otras medidas para mejorar la conciliación de la vida laboral y la familiar, como fomentar los horarios flexibles y el trabajo desde casa o animar a los trabajadores a tomarse más vacaciones, pero con escaso éxito.

Un 19,1 % de las empresas niponas ponía a disposición de sus empleados sistemas de teletrabajo a comienzos de año, según los últimos datos oficiales, que están lejos del objetivo del 34,5 % marcado por el Gobierno para este 2020. La cifra, además, decae hasta el 8,5 % cuando se trata de trabajadores que han usado alguna vez los sistemas habilitados por sus empresas -como las videoconferencias o documentos compartidos digitalmente- para ejercer sus funciones desde casa.
 

Vecinos recuperados

En todo el mundo, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, el número de contagiados son 1.211.214, aproximadamente 77.000 más que en la jornada anterior.Las muertes ascienden a 67.666, lo que supone un ascenso diario de 4.782, sensiblemente menor a los casi 5.800 de la jornada anterior 

Los.datos muestran un freno de los casos nuevos en Europa que todavía no se ha alcanzado en América.  Por regiones, Europa concentra más de la mitad de los casos (655.000), seguida de América (352.000) y Asia-Pacífico (112.000), aunque sólo en el caso americano hay una curva ascendente de contagios. 

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Estados Unidos es el país con más contagiados e Italia el que ha registrado más muertos, por delante de España y China. 

A Japón le tocó ver cómo sus vecinos ya comienzan la última fase de la pandemia, mientras ellos apenas comienzan con las medidas de contención. La ciudad china de Wuhan, de donde partió la pandemia de coronavirus, se prepara a poner fin el miércoles a 11 semanas de cuarentena y este martes despidió con una ceremonia festiva al personal sanitario desplazado desde otros lugares del país para evitar el colapso hospitalario durante los peores momentos de la crisis. 

En Wuhan murieron hasta hoy 2.571 personas por COVID-19 de las 3.331 que han muerto en toda China y se han registrado 50.008 contagios de los 81.708 del país. Las ultimas cifras publicadas hoy indican que en las últimas 24 horas ha habido cero contagios y un solo muerto. 

Hace unos días empezaron a abrir comercios en la ciudad, pero sólo se puede entrar en ellos con mascarilla y presentando en el móvil un certificado que acredite que la persona está sana. 

En Corea del Sur aplicaron una estrategia que parece ser exitosa y son las pruebas masivas para detectar el virus. Eso ha bajado la tasa de mortalidad en este país, que tiene una de las poblaciones más envejecidas. Pero Japón decidió que se atendería a quienes estuviran contagiados y con síntomas graves. Tokio no miró a las ciudades de países vecinos y decidió seguir la vida con normalidad... El repunte llegó a la capital ni pona y hoy el gobierno de Abe afronta las consecuencias.

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