COVID-19, ¿en qué momento estamos?

Cinco amenazas emergentes de la pandemia y cómo gestionarlas

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Después de varios meses de que se empezaran a tomar medidas para enfrentar la pandemia han empezado a aparecer problemas secundarios que se deben contener. Incremento de violencias, la poca confianza en las medidas tomadas y la constante desinformación, algunas de ellas.

La percepción de riesgo asociada con el COVID-19 cambió rápidamente en Colombia. El punto de inflexión pudo ser la primera muerte de un taxista en Cartagena que, probablemente, generó en el imaginario colectivo la prueba de que la amenaza era real y cercana. Pero pasadas las semanas, la percepción de riesgo, la aceptación social de las medidas y la valoración de la respuesta de las autoridades siguen cambiando. No se aceptan las medidas ni se percibe el problema igual al comienzo de la crisis. (Vea aquí toda la información sobre coronavirus)

Transcurridos varios meses se hacen evidentes nuevos problemas secundarios. A sabiendas de que este proceso puede tardar años, es importante reconocer las amenazas emergentes. También se debe considerar la diversidad socioeconómica y cultural de las comunidades. Mientras algunas confían en la institucionalidad, otros la reniegan; mientras algunos intentan seguir la evidencia científica, otros se dejan tentar por teorías de conspiración. La desigualdad socioeconómica hace que las preocupaciones y urgencias de las personas sean diferentes y, por lo mismo, sus demandas.

Además, cada contexto es diferente. Si bien tiene sentido hacer una respuesta nacional articulada, será necesario adaptar la respuesta a los contextos locales. En vísperas de la apertura de la cuarentena, voy a enumerar las que considero son las principales amenazas emergentes de la pandemia y a dar ideas generales sobre cómo gestionarlas.

La eventual saturación de los servicios de salud, la atención mayormente enfocada a COVID-19, la reorganización de la atención y el cambio de las dinámicas laborales de los funcionarios y personal de salud pueden llevar a disminuir la oportunidad de acceso a servicios, lo cual sería crítico para las gestantes, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. La respuesta es mantener los sistemas y servicios de salud No COVID funcionando. Los funcionarios de áreas como salud materno-infantil, enfermedades transmitidas por vector, enfermedades crónicas y violencias basadas en género deben tener todos los recursos para seguir ejerciendo sus acciones. El personal de salud recién graduado puede apoyar la atención primaria y de control de todos los pacientes No COVID. 

En los servicios de salud también se deben mantener las consultas abiertas, particularmente las más sensibles como el control prenatal, el control de enfermos crónicos y el acceso a tratamiento para enfermedades como el cáncer o el VIH. Debe evitarse a toda costa el retraso en el acceso a servicios, en procedimientos esenciales diagnósticos y terapéuticos, y en la entrega de medicamentos. (Puede leer: Por cuarentena, escasean radiactivos contra el cáncer en Colombia)

Durante las fases tempranas de una crisis, las personas suelen acatar las medidas ante la percepción de una amenaza. 
Con el tiempo -y, paradójicamente, como resultado de la efectividad de las medidas- las personas pueden comenzar a cuestionar su justificación. Las medidas, sobre todo las autoritarias, suelen agotarse porque las personas no las resisten mucho tiempo.

Deben diseñarse estrategias de información, educación y comunicación que permitan el empoderamiento de las medidas de protección personal, generen una percepción de riesgo razonable y permitan generar un control que extienda la capacidad institucional hacia la regulación comunitaria e individual. Hacer algo así es difícil, pero es más efectivo, sostenible y ético que seguir aplicando medidas punitivas. (Lea también: Cuarentena se extiende hasta el 31 de mayo y emergencia sanitaria irá hasta el 31 de agosto)

Las decisiones que están tomando las autoridades son difíciles, la evidencia es incompleta y los escenarios inciertos. Cualquier resultado afectará a ciertos grupos. Los gobiernos serán más criticados que nunca por la opinión pública, por razones justas o no. El problema es que para la cooperación colectiva requerimos cierto grado mínimo de confianza institucional. La respuesta a la pandemia debería entenderse como una acción de Estado, no de gobierno. 

Las autoridades deberían ser evaluadas por haber tomado la decisión más razonable de acuerdo con el consenso científico para la evidencia en cada momento, pero las personas deben entender que será necesario reevaluar y ajustar las medidas en cada momento y que se trabaja en un escenario de incertidumbre. 

Este aspecto se ve difícil de prevenir en un país con una desconfianza institucional histórica, pero algunas sugerencias son profundizar la transparencia y dar mayor vocería científica. Las autoridades también deben estar abiertas a abrir más canales de diálogo con los sectores sociales más afectados y estar dispuestas a atender sus demandas. Su liderazgo y articulación son claves.  (Puede leer: ¡Cuidado! Es falsa la receta médica contra el COVID-19 que circula en redes sociales)

Derivada de la desconfianza institucional, hay una pandemia de desinformación. El costo de generar información de mala calidad o falsa es mínimo, pero el esfuerzo para refutarla es muy grande y el daño que hace puede ser permanente. Temas como hidroxicloroquina o los desinfectantes lo han demostrado con implicaciones graves en salud pública. 

En el extremo de esto se encuentran las teorías de conspiración de las cuales hay versiones cada vez más delirantes. Las teorías de conspiración son exitosas por varias razones: apelan al pensamiento mágico, proveen explicaciones alternativas “simples” a problemas complejos, recurren al maniqueísmo instintivo, explotan la desconfianza institucional y el antiintelectualismo, pero también dan un sentido de comunidad a quienes lo comparten. El movimiento antivacunas nos ha mostrado que no se puede ignorar estos fenómenos, sino que deben ser confrontados por los investigadores. (Lea: “Infodemia”, el término que describe la grave epidemia de información falsa sobre el coronavirus)

Apelar y promover los principios de la libre liberación, cuestionamiento escéptico y demanda de evidencia es necesario, pero no suficiente. Hay que trazar una conexión entre el pensamiento crítico de la comunidad científica y todas las personas, permitiendo su democratización. El pensamiento crítico, la lógica y el escepticismo deben verse como recursos que no pertenecen a la ciencia, sino que deben ser accesibles a todos. Esto no parece ser fácil hacerlo a corto plazo. Por ahora, la única alternativa es que los investigadores sigamos haciendo divulgación científica paciente y con lenguaje adecuado.

Haber aplazado el pico y No haber observado los efectos devastadores del virus puede llevar a relajar las medidas. Está descrito en la literatura que cuando una medida es efectiva, surgirán quienes crean que no era necesaria. También algunas personas pueden disminuir su percepción de riesgo con el tiempo ante el agotamiento de los mensajes iniciales. 

En este sentido, las autoridades deben mantener y profundizar la comunicación de riesgo, explicar cuantas veces sea necesario que esto es un proceso de largo aliento. Deben mantener la promoción de medidas y garantizar las condiciones para que las personas se puedan adherir a ellas. Esto involucra a las empresas donde se debe hacer un seguimiento estricto a los protocolos de bioseguridad. Económica y humanamente saldría mucho más costoso relajar las medidas de protección personal. Proteger la salud de las personas es proteger la salud de las empresas

Consideración final

La anterior lista no es exhaustiva. No es fácil darle respuesta a cada una de estas amenazas, porque probablemente surgirán otras. Ninguna sociedad estaba preparada para asumir en tan poco tiempo un desafío de esta magnitud. Estamos evolucionando de un escenario de crisis hacia otro de complejidad, con múltiples dimensiones y tensiones. Por eso es necesario dar un debate académico más abierto con las autoridades sanitarias y convocar a amplios sectores sociales. No existe nadie que tenga todas las respuestas. Nadie, ni ningún sector, ni institución, ni el gobierno debería tomar las decisiones solo. (Podría leer: Medellín comienza a producir ventiladores para tratar afectados por COVID-19)

* Doctor en Epidemiología. Profesor del Departamento de Salud Pública, UniNorte. 

 

 

* Estamos cubriendo de manera responsable esta pandemia, parte de eso es dejar sin restricción todos los contenidos sobre el tema que puedes consultar en el especial sobre Coronavirus

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