¿Cómo regresar a China en tiempos del COVID-19?

Impenetrable muralla China: una colombiana regresando a Shanghái durante la pandemia del coronavirus: cinco días, siete filtros, aeropuertos, un código QR de salud pública, alarmas, trajes especiales, aparatos futuristas, dos domicilios al día, entre muchas otras medidas. Esta es la historia.

China coronavirus
Para entrar a China en tiempos de coronavirus se debe pasar por siete filtros. Getty Images.

En tiempos de cuarentena, leyendo titulares que comparten en redes sin pensar decía: “China no tiene muchos muertos porque ellos crearon el virus”. Me quedé pensando: ¿será por eso que no han tenido un golpe como en Italia o España?

Coincidencialmente en estos días una amiga regresó a Shanghái, donde vive hace unos años. Voló la semana del 16 de marzo cuando empezaron a cerrar el mundo. La llamé dos semanas después para saber como le había ido en su regreso. Me dijo: “¡Ja! siéntese para escuchar esta historia”.

Como estaban cerrando todo el planeta su empresa le recomendó regresarse cuanto antes. Compró un vuelo de último minuto Bogotá-Houston-Taipéi-Shanghái y arrancó. En Houston tenía una escala de 12 horas y en Taipéi un cambio de aeropuerto en ocho horas. En Houston le informaron del cierre de fronteras para los extranjeros en Taiwán, así que tuvo cambiar el vuelo para poder hacer conexión en la isla sin cambiar de aeropuerto. Lo logró. Aquí podría terminar la historia con un feliz “llegué a Shanghái sin problema y me hicieron firmar un papelito de que no tenía el virus y pa’ la casa”. Pero no.

Una vez aterrizaron en Shanghái les dijeron que la salida del avión iba a tomar de cuatro a seis horas, ya que encargados con trajes de astronautas y aparatos futuristas empezarían a llamar grupos de 15 personas en un avión de 300 pasajeros.

Después empezaron los filtros: el primero, entrevista de dónde viene y por dónde pasó; el segundo, toma de temperatura… y así hasta completar siete filtros que terminaban con un diagnóstico final y un sticker rojo, amarillo o verde. Ella recibió el amarillo.

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Luego pasaron migración y después de recoger las maletas les indicaron ubicarse en una de dos filas: los que van para fuera de Shanghái a la derecha y los que se quedan en la ciudad a la izquierda. Ella se fue a la fila de la izquierda y acto seguido le pidieron organizarse según el distrito (barrio) en que vive y le retuvieron el pasaporte. Le avisaron que iría en un bus a un “hotel” en su barrio de residencia y que allí le realizarían un “examen de ácido ribonucleico” para descartar la presencia del virus. Le indicaron que estaría entre 12 y 24 horas en supervisión.

Ante el panorama de este examen y el tiempo de supervisión, “estar muerta del susto” era la mejor descripción para su estado. Sin embargo, resultó ser una simple toma de saliva. Más traumático fue el “hotel”, que no contaba con toallas, ni sabanas, ni almohadas, ni cobijas, ni nada… Sin embargo, después de cuatro días viajando, el bouquet corporal ameritaba una ducha. Así que tuvo que secarse con su ropa y dormir con su chaqueta de cobija. Como sabía manejar las aplicaciones chinas, pudo pedir comida que le botaron frente a la habitación antes de salir corriendo. Al otro día llegaron los resultados confirmando estaba limpia y podía ir a casa. Ahora sí, ¿fin de la historia?

¡No! Un bus la llevó a casa y al llegar la esperaban un médico, un policía y un traductor, todos con los mismos trajes de astronautas. Le pidieron firmar una declaración a la policía comprometiéndose a hacer caso a las órdenes gubernamentales. Al salir le dejaron una alarma en la puerta de la casa para asegurar que no saliera por 14 días (¡sí, una alarma!). Todos los días a las 9h45 viene una persona a recoger su basura y a las 13h30 un doctor revisa su estado de salud. Tiene derecho a pedir dos domicilios al día, que lleva una persona asignada que vive en su barrio y que debe cumplir los protocolos de entrega de comida en la puerta antes de salir a volar en su traje de astronauta.

Para completar el pastel, uno de sus vecinos pensó que la que había regresado era su compañera de piso, italiana, y ha sabido armar un problemón en el que tuvo que intervenir hasta la policía para explicarle la situación al vecino. Ella asustada detrás de la puerta, solo le respondía: “Nihao, Nihao” (Hola, Hola). Todo esto pasa en los primeros días de su llegada. Ella y yo hablamos en el día 11, esperando que su cuarentena terminara el 3 de abril con un chequeo médico para recibir un paz y salvo y así poner fin a la historia.

Pero no, ¡la historia aún sigue! A raíz de la pandemia, el gobierno de Shanghái generó un código QR de salud pública para cada habitante (importante aclarar que allá el 99 % de las transacciones, por no decir todas, se hacen con códigos QR. El efectivo es del pasado). Este código se encuentra en color rojo por la cuarentena y tardará más de 24 horas en ponerse verde después del chequeo. Por esto, aún no podrá ir a bares, restaurantes, edificios de amigos ni conocidos, etc. Mientras cambia de color su código QR, mi amiga deberá moverse con el paz y salvo en la mano. Así podrá volver a su vida normal, luego de un proceso largo y exagerado (diríamos en Colombia) de prevención de contagio.

Con esta historia (real) entendí que el gobierno chino está siendo “un poco” más estricto en procesos y filtros que el colombiano, pero gracias al control que tienen sobre su población. Justo en los mismos días en que ella se fue para China llegó otra buena amiga de Barcelona y me contó que en el aeropuerto El Dorado le tomaron la temperatura, entregó un papel diciendo que no tenía síntomas y desde entonces no se han comunicado con ella. Días después llamó al 123 para advertir que tenía síntomas, pero es la hora en que, cinco días después, sigue sin seguimiento ni diagnóstico.

Ahora es más claro como han hecho en China, pero a costa de un control estatal sobre su población extremo y de apoyo tecnológico. En estos casos ¿qué será mejor? ¿Un país muy controlado por el Estado con tecnología que logra frenar el contagio o un país con libertad pero sin orden que cree que eso es cuento chino? Solo remando todos para el mismo lado vamos a lograr romper la ola y no morir en el intento. Al menos, no morir millones.

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2020-04-08T11:43:35-05:00

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Juan D. Neira

Mundo Destinos

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