Entrevista con Julio Sáenz, Administrador Temporal de Salud

¿Cómo se está preparando La Guajira para enfrentar la COVID-19?

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En diálogo con El Espectador, el doctor Julio Sáenz, Administrador Temporal de Salud de La Guajira, explicó las medidas y acciones que se están tomando en uno de los territorios más vulnerables del país para enfrentar la pandemia del nuevo coronavirus. En el departamento ya hay un caso de contagio confirmado.

El pasado 31 de marzo se confirmó el primer caso de coronavirus en el extremo norte de Colombia, una de las regiones más vulnerables del país: zona fronteriza, con amplia extensión del territorio en zona desértica, falta de agua y un sistema de salud muy limitado. La llegada del nuevo coronavirus a territorios como La Guajira o el Chocó, cuyo primer caso se confirmó el pasado 10 de abril, muestran la necesidad de cónocer cómo se están preparando estos departamentos. (Le recomendamos: “Sentimos que se nos juntaron todos los problemas”, el grito wayuu por el agua ante la pandemia)

El médico Julio Sáenz es quien ha tenido que asumir la titánica tarea de preparar al departamento de La Guajira para enfrentar la pandemia, como Administrador Temporal de Salud. En diálogo con El Espectador habló de las principales dificultades en el territorio, la vulnerabilidad de la población Wayuu y las medidas y acciones que se han tomado en esta materia.

¿Cómo está el panorama en salud en La Guajira?

Aquí hay que comprender que hay un contexto, una base de la cual partimos, y son las particulares condiciones de La Guajira. Es innegable que aquí hay un Estado de Cosas Inconstitucional, que quiere decir que la salud, la nutrición y el agua son problemas no resueltos en el departamento, y que la red hospitalaria tiene unas condiciones que no son suficientes para la atención de la población en condiciones normales, es decir, sin la pandemia de COVID-19. Además, el territorio tiene de agregado la presencia de población migrante que viene desde Venezuela, que hace que se incremente en más de 170.000 personas la población a atender en el departamento. Estas condiciones, claramente, le agregan complejidad a este momento de la atención de la pandemia.

Los hospitales de la red pública no cuentan con capacidad suficiente para la atención de medicina crítica, de ventilar pacientes que va a ser lo primordial en estos momentos. Por lo tanto, de eso partimos, de una red que está debilitada, que es insuficiente y que fundamentalmente, en medicina especializada, dependemos de la red privada. Pero, lo que ha ocurrido con ocasión de preparación del Plan de Contingencia es una total solidaridad de todos los actores disponiendo lo mejor de sí para poder adecuar áreas, replantear estrategias y evitar hospitalizar pacientes a quienes pueden ser aplazadas sus cirugías o actividades programadas. Se ha buscado enfocar estrategias para atenderlos virtualmente, hacer atención extramural, y con base en eso, hemos hecho las estimaciones de lo que es posible expandir a condición, por supuesto, de contar con los recursos.

¿Cuáles son las condiciones en las que han encontrado, en este tiempo de preparación, a los centros e instituciones de salud?

Aquí se conformó un equipo específicamente para la prevención de COVID-19 a nivel departamental. Y en lo en lo que hemos recorrido se ha revisado tanto la baja y la media Guajira, nos falta ir a la Alta Guajira, a la que no hemos podido acceder por las dificultades de bloqueo que se han presentado por estos días.

Hemos encontrado instituciones en diversos grados de preparación, pero con un común denominador. La actitud de todos los trabajadores de la salud y sus directivos para hacer una causa común la preparación en menos de esta situación que describí inicialmente. Hacerla lo menos gravosa posible, prepararse para poder atender y salvar vidas en la fase que nos encontramos en la Guajira de contención y mitigación. 

Esta batalla se gana fuera de los hospitales, no dentro de los hospitales. Lo que no logremos hacer fuera de los hospitales va a ser muy difícil de manejarlo, como lo han mostrado otros países como Italia o España, con sistemas de salud muy distintos a los que tiene Colombia y La Guajira. Así que yo tengo la convicción de que para el trabajo intenso aquí se requiere principalmente fortalecer las acciones de prevención y protección específica de las comunidades. Yendo a ellas, “vacunando con la palabra”, llevando el mensaje del riesgo y ayudándoles a prevenir aglomeraciones, el distanciamiento social y la higienización. 

Segundo, replantear las estrategias de atención por parte de las EPS y sus redes. Llevar los servicios a las comunidades y hacer lo posible para que solamente vengan a instituciones hospitalarias porque es una cuestión casi de vida o muerte. Ir a llevarles servicios, medicamentos y demás, cerca de sus comunidades evitando también llevarles riesgos cerca a sus rancherías. Acudiendo a la teleconsulta, a dispositivos móviles que deben, en todo caso, incluir el enfoque diferencial. 

En última instancia está también fortalecer las Unidades de Cuidado Intensivo, cuidado crítico, cuidado ventilatorio. Y ahí se requiere reforzar capacidades de talento humano, tanto en cantidad como en entrenamiento específico para el manejo de pacientes con insuficiencia respiratoria y con Infección Respiratoria Aguda Grave. También rápidamente fortalecer con cursos intensivos al personal de salud para cuidado ventilatorio y nuevos grupos que ayuden a fortalecer la atención extramural. Y la otra necesidad allí son los insumos, los materiales, elementos de protección para el personal de salud, dado que va a ser la línea de contención número uno en ese sentido. Debemos cuidarlos especialmente, en la integridad, en la salud personal de cada uno de los integrantes de estos equipos humanos.

¿Cómo están esas unidades de cuidado crítico?

Lo que hay en el departamento es insuficiente, tenemos 144 camas de UCI registradas y 122 ventiladores, y tenemos la posibilidad de utilizar 12 máquinas de anestesia que, al disminuir la programación quirúrgica, de forma emergente, se pueden utilizar como ventiladores también. ¿Qué estamos haciendo? Estamos gestionando vía el Plan de Contingencia, un plan de necesidades que hasta este momento se aproxima a los 60 mil millones de pesos, y dentro de ellos se está planteando la adquisición de cerca de 150 ventiladores para instalarlos en sitios estratégicos en donde haya una relativa capacidad. Los voy a mencionar: los hospitales de Maicao, Riohacha, San Juan del Cesar, por ejemplo. Tanto públicos como privados o indígenas, pero que tengan alguna posibilidad de conectar redes de oxígeno y que nos permita ventilar de emergencia pacientes que lo requieran. También el hospital de Barrancas que tiene una capacidad importante no utilizada.

Ya están adecuándose y se está gestionando la adquisición de estas tecnologías. En la medida que lleguen se irán distribuyendo en las diferentes instituciones. 

¿Qué acciones se han tomado desde la administración?

Desde que se supo de la incursión del coronavirus en Colombia, y de acuerdo con las directrices dictadas a nivel nacional por el Ministerio de Salud e Instituto Nacional de Salud, se procedió a hacer la fase de preparación del departamento en cuanto al sector salud. Eso confluye en un proceso que da lugar al Plan de Contingencia Departamental para atender esta pandemia. Este plan incluye una serie de acciones en varias dimensiones: 

El fortalecimiento a la autoridad sanitaria, tanto en rectoría (autoridad sanitaria) como en vigilancia. En el laboratorio de salud pública departamental, cuya capacidad es limitada, pero que es necesario para poder hacer el entrenamiento, las guías y la recepción de las muestras para ser luego trasladadas al INS. Está también el fortalecimiento en la dimensión de Sanidad Portuaria, ya que nosotros tenemos tanto aeropuerto, como puertos marítimos y frontera terrestre con Venezuela. La dimensión de Salud Ambiental, la de prestación de servicios, y la dimensión que tiene que ver con el centro regulador de urgencias y emergencias departamental. Asimismo, la dimensión de comunicación del riesgo con enfoque étnico y diferencial, que aquí es muy importante. Y la dimensión de aseguramiento y riesgos laborales. este es la primera acción grande desde el punto de vista sectorial. (Le puede interesar: En La Guajira falta agua y la salud está intervenida, pero ya llegó el COVID-19)

Luego, según fue avanzando en la declaratoria de emergencia sanidad pública, hicimos el Decreto 076, expedido por la gobernación y preparado conjuntamente con la administración temporal de sector salud con el que se activó el comité departamental de Gestión de Riesgos y de Desastres.

Avanzamos con reuniones y activación de mesas especificas con todos y cada uno de los grupos de actores del sistema del departamento (EPS, IPS, públicas, privadas, indígenas, ARL) se organizó un grupo asesor para el enfoque étnico, para desplegar el plan en su componente étnico para la población wayuu principalmente, pero también para los indígenas de la Sierra Nevada, con especial énfasis hacia población wiwa, arhuacos, kogui y kankuamos.

¿Cuánto está tardando aproximadamente el proceso de una muestra desde que es recibida por el Laboratorio Departamental y el resultado es enviado desde Bogotá?

Es muy variable, nosotros no tenemos capacidad de laboratorio de salud pública para procesar ese tipo de muestras. Entonces hay que tener en cuenta que aquí también es una responsabilidad conjunta. Las EPS y las IPS tienen la responsabilidad de la toma de las muestras, el embalaje y el traslado hacia el Laboratorio de Salud Pública del Departamento. Ahí lo recibimos y lo remitimos a Bogotá, actualmente. Entonces dependemos de tres variables: la velocidad con la cual la envíen desde la IPS que lo capta; la velocidad en estos momentos con restricciones del transporte, y la velocidad de traslado a Bogotá y de procesamiento allá. Ya una vez está el resultado, regresa vía correo y va muy rápido. Así que depende de esas partes del proceso, estimamos que puede ser entre 3 y 5 días dependiendo de estas variables.

¿Qué estamos haciendo? El día 3 de abril recibimos luz verde en cuanto a que el departamento del Atlántico abra su laboratorio, y es una posibilidad próxima que podríamos enviar a Barranquilla las pruebas, lo que nos va a acortar el tiempo. Tenemos entendido que el laboratorio de salud pública del departamento del Cesar está haciendo también quizás las adaptaciones y eso sería otra alternativa sobre todo para los municipios del sur del departamento de La Guajira.

La estrategia de comunicación del riesgo a la que hacíamos referencia anteriormente, con enfoque diferencial, le he dado una denominación que la llamo "vacunación con la palabra". Tiene un significado muy importante aquí desde el punto de vista ancestral. Aquí el valor de la palabra es muy alto, así que lo que hay que entender es que el wayuunaiki no es un lenguaje que se privilegie la escritura, sino la oralidad y la simbología, entonces es necesario llevarles los mensajes adaptados culturalmente a la cosmovisión indígena, confluyendo los saberes tanto tradicionales como occidentales. Hacerles comprender que este es un enemigo invisible, pero real, y ellos han aprendido desde hace mucho, con tantas epidemias que han existido en la Guajira.

Son muy receptivos y apropian una serie de acciones para protegerse, para salvaguardarse y lo primero es resguardarse. Quizá se pudiera interpretar que algo que ha pasado con los bloqueos, en parte, tiene que ver con evitar que llegue gente que puede ser un riesgo porque les puede llevar el virus. No es solamente porque tienen otras necesidades que son evidentes en la comida, el agua, sino también porque con eso están buscando levantar algunas barreras que impidan que los alijunas, como nos llaman, lleguen a sus comunidades con los riesgos de contagiarlos. La vacunación con la palabra va a ser definitiva y lo vamos a estar trabajando tanto con los líderes comunitarios, como autoridades tradicionales, con el apoyo indiscutible que tiene que darse por parte de las EPS que son los responsables de la gestión del riesgo en salud de sus afiliados. 

Según los datos del último Censo (2018) en La Guajira cerca del 53% de la población no cuenta con un servicio de acueducto. Una de las medidas más recomendadas por la Organización Mundial de la Salud para prevenir los contagios de COVID-19 es lavarse las manos. ¿Cómo hacerle frente a la pandemia con el difícil acceso al agua?

Es sin duda un reto. Y el Estado Nacional hace un reconocimiento de esto en la sentencia T302, así como en otras sentencias. También está evidenciado en las resoluciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre las dificultades sobre todo para la Alta Guajira y la zona semidesértica… el acceso al agua es un tema no resuelto.

La Administración Temporal del Agua aquí, que también la asume el viceministerio del agua -al igual que nosotros con el Minsalud- en conjunto con la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y la Gobernación estructuraron una estrategia específica que permite incrementar la capacidad de distribución con un número importante de carrotanques. El gobernador y Corpoguajira gestionaron también que se permitiera el uso del agua de la represa del río Ranchería, que no es potable, pero sirve para lavados. Eso lo logró el 24 o 25 de marzo. Esto, claramente, no va a resolver el tema del agua en sí, pero sí atenúa las dificultades que hay por este líquido.

Y en salud, específicamente, tenemos una mesa que cuenta con un plan específico también, que incluye la distribución de insumos para la higienización de manos, geles alcoholes y demás; establecimiento de módulos de lavado de manos en sitios estratégicos de las ciudades y centros poblados.

Hicimos con el gobernador un reconocimiento aéreo, un viaje helicoportado, para volver a mirar más de cerca en dónde hay sitios más críticos y hasta allá tendremos que ser capaces de llegar con las alcaldías, con las autoridades tradicionales, con agentes de salud y con la cooperación internacional que, debo mencionarla, ha sido aquí un factor muy importante. 

Es importante señalar que la población Guajira, y los wayuu, particularmente, saben distinguir los riesgos para la salud en su vida, saben que en sus rancherías están resguardados y han aprendido las experiencias del cólera, de la encefalitis venezolana y más recientemente el sarampión. En todas, de manera coordinada, trabajando con las autoridades tradicionales, con sus líderes y los clanes, se han superado esas epidemias. Esta vez, seguro también vamos a salir adelante con el trabajo concertado y, por supuesto, con el respeto profundo por la cultura wayuu.

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