Vienen tres semanas más de aislamiento

Consumo de drogas y síndrome de abstinencia en tiempos de COVID-19

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Expertos aconsejan a consumidores de drogas durante la cuarentena fijar rutinas, hacer ejercicio y evitar excesos, y alertan por medidas de atención a habitantes de la calle y a la población carcelaria. Ya no se consiguen ciertas drogas y otras tienen precios elevados.

La pandemia de COVID-19 trajo a las vidas de los colombianos múltiples desafíos que resolver y que, además, se han tenido que ir atendiendo en aislamiento obligatorio. Esta circunstancia, sin precedentes, incluye a los consumidores de sustancias estupefacientes. ¿Cómo se vive una situación de consumo en tiempos de encierro? ¿Cómo manejar el síndrome de abstinencia? ¿Qué retos implica para las autoridades atender a poblaciones vulnerables como los habitantes de calle y los reclusos? ¿Qué hacer si la cuarentena evidenció que un familiar es consumidor? El Espectador habló con expertos que recomiendan fijar rutinas, evitar compartir elementos como pipas o jeringas y hacer ejercicio, entre otros.

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Dejando atrás la mirada que cuestiona el consumo de drogas, es necesario entender que la realidad cambió para todos, incluidas aquellas personas que usan sustancias psicoactivas. Organizaciones como Échele Cabeza o Deliberar desde el primer momento de la cuarentena, el 24 de marzo, hicieron públicas recomendaciones necesarias para sobrellevar el encierro, previendo la aparición de ansiedad o del síndrome de abstinencia, que dura entre los cinco y doce primeros días y puede provocar irritabilidad, insomnio, náuseas, dolores en el cuerpo, depresión y hasta temblores, dependiendo del hábito de consumo que tenía la persona: la sustancia (y su pureza), la frecuencia y la vía de administración.

Así, es importante que el consumidor no abuse de sustancias estimulantes como el alcohol y el cigarrillo, bebidas energizantes, ni de las drogas ilegales como cocaína, que alteren el estado de conciencia. Aunque es probable que en las compras previas al anuncio de la cuarentena hubiera un aprovisionamiento tanto de sustancias en general, se recomendó tener cuidado a la hora de conseguirlas durante este periodo (sea cual fuere el método) para evitar el riesgo de contagio. Todo esto es clave, ya que las personas que consumen drogas o fuman (sea drogas o cigarrillo) sufren consecuencias en su sistema respiratorio o cardiovascular.

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Dos semanas de encierro después han permitido a estas organizaciones dar una mirada más detallada sobre la situación. Julián Quintero, vocero de Échele Cabeza, explicó a este diario que ya el mercado ilegal se ha ido adaptando, pues mientras que en la primera semana poca venta se registraba en las calles, ahora se sabe que las ollas están más que vivas entre las once de la noche y las cuatro de la mañana. Ahora, el bazuco (que se vende por gramo) subió cuatro veces de precio; la marihuana por lo menos al doble y la heroína casi ha desaparecido del mercado. Lo que han podido averiguar es que se está vendido una mezcla de sustancias que no corresponden a esa droga y por más del doble del valor. Esto expone la salud y la vida del consumidor.

¿Quiénes están en mayor riesgo? Los habitantes de calle y quienes tienen un consumo problemático que los lleva a vivir en “pagadiarios”, por ejemplo, pues hay menos drogas en la calle y se ha dificultado la forma de conseguir el dinero (sean robos, pequeños trabajos o mendicidad). Y la abstinencia y sus dolores aumentan la probabilidad de que una persona no guarde la cuarentena. Según Julián Quintero, “el Distrito no tiene capacidad, porque su estrategia de atención en la calle es con horario de oficina. Las unidades móviles que tienen van solo los martes y jueves al territorio. No son capaces de responder de manera inmediata a la urgencia”.

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“Cerraron los servicios de atención a los consumidores de heroína apenas se supo de la crisis. No tienen cómo dar metadona en las calles y eso es fundamental para el manejo de la abstinencia”, agregó Quintero. El Espectador consultó al Distrito que, desde cuando inició la crisis por el nuevo coronavirus, emprendió jornadas para atender a los 9.538 habitantes de calle de la ciudad para darles información, comida y elementos protectores en sus cambuches. De ellos, hay 1.200 personas en hogares de paso para evitar el contagio y allí, entre otros, se hacen actividades deportivas, lúdicas y recreativas para manejar el síndrome de abstinencia y la ansiedad.

Para Quintero, en todo caso, esta crisis es una oportunidad para innovar y usar el cannabis medicinal para tratar la abstinencia y darles paso incluso a los centros de consumo supervisado, como se hace en otras latitudes. Échele Cabeza publicará la próxima semana una encuesta que realizó con 1.200 personas, pero, de manera preliminar, anticiparon a este diario algunos resultados. Por ejemplo, que un 50 % dijo disminuir su consumo de drogas, mientras que el 23 % dijo aumentarlo y el resto que no ha cambiado sus hábitosal respecto. De los que respondieron, el 65 % dijo que sí aumentaron los precios, el 79 % se aprovisionó y un 32 % dice estar experimentando abstinencia.

“Nos llamó la atención que de quienes lo hicieron, la mayoría fue por cannabis”, dijo Quintero. En Deliberar, que es una iniciativa de reducción de riesgos y daños para consumidores de sustancias psicoactivas legales e ilegales, han recibido llamados en el mismo sentido, lo que va de la mano con la falta de la sustancia y la imposibilidad de autocultivar. Este diario supo, por ejemplo, que en Medellín están planteando trueques entre colectivos de usuarios para promover la autogestión y el cultivo en casa. Entre sus recomendaciones está la meditación o el “mindfulness” para sobrellevar esta situación y la ansiedad y o depresión que los consumidores puedan experimentar por cuenta de la pandemia.

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La psicóloga Carolina Pinzón, de Deliberar, explicó que, si en medio de la crisis una familia supo que uno de sus integrantes consume droga, el escenario adecuado (aun cuando hay poca literatura al respecto) sería tener en cuenta que lo más importante en este momento es evitar el contagio de COVID-19 y mantener una convivencia sana. Esto, así implique ayudarle a la persona a conseguir la sustancia que tiene que consumir y evitar situaciones en las que, bajo amenazas o rechazos, haya una exposición al virus que pueda poner en riesgo a todas las personas del hogar.

“A las malas no se puede. Si nos acabamos de dar cuenta de que un familiar consume heroína, si vamos a tener que ver cómo pasa por la abstinencia, eso va a afectar la convivencia dentro del hogar. Ese síndrome es muy fuerte. La recomendación que damos es ayudarle a la persona a manejar su síndrome de abstinencia o incluso a abstenerse de la sustancia que necesite y eduquémonos en esto, que es atípico”, explicó Pinzón. Esto debe ir de la mano con informarse bien sobre la sustancia que se consume, sus efectos y las consecuencias a largo plazo.

“Es importante para que las familias tengan una percepción del riesgo más cercana a la realidad, para estar más preparados para enfrentar la situación de manera afectiva. La sustancia es clave, porque puede ser que un adolescente tenga un consumo súper problemático de alcohol y la familia lo pase por alto, porque es alcohol y tenemos una baja percepción del riesgo. Y lo segundo es comunicar de manera asertiva. A través de amenazas o produciendo sentimientos de culpa o de vergüenza se cree que la persona va a modificar sus hábitos de consumo y no es así”, agregó.

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¿Qué pasa con los presos? Si todos los detenidos en cárceles son sujetos de especial protección, aquellos que sean drogodependiente lo son más. Así lo cree el psicólogo José Luis Blanco, del Centro de Atención Psicosocial (CAPS), que ha hecho jornadas de acompañamiento en cárceles con el Comité de Solidaridad de Presos Políticos, entre otros. En las prisiones, desde la emergencia del COVID-19 no se están haciendo visitas y, con ello, al parecer habría disminuido la circulación de drogaen los penales. “En las cárceles la irritabilidad se puede salir de control y terminar en violenciay agresiones entre los presos y hacia la guardia”, dice Blanco.

“No es secreto que en las cárceles circulan un montón de drogas. Hay que evaluar si no hay síndrome de abstinencia, entonces cómo está entrando la droga”, agrega Blanco, para quien este tema debería ser tratado de manera integral, de forma externa, ya que actualmente los presos que sufren cualquier enfermedad tienen dificultades para acceder a atención en salud. Incluso, según Blanco, los presos drogodependientes deberían estar contemplados en las medidas que está tomando el Gobierno luego de declarar la emergencia carcelaria, ya que su sistema de salud se ha visto afectado. Hasta el momento, no se ha hecho una mención de los consumidores de drogas en esas medidas.

Ahora, ¿qué puede pasar cuando se levanten los aislamientos obligatorios? Lo clave es que ante menor consumo disminuye la capacidad de tolerancia a las drogas y, con ello, viene el riesgo de sufrir sobredosis. Se recomienda al consumidor tener claro que un “aislamiento inteligente” no puede ir de la mano con fiestas con muchas personas, afluencia a bares, compartir elementos usados para esto ni consumir de entrada todo lo que no usó en cuarentena. “Se aumenta el riesgo de sufrir sobredosis. Y que las autoridades estén listas para esta situación”.

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