Contra el coronavirus, ¡a trotar se dijo! Pensamientos desde casa, día 34

Correr luego de más de un mes de encierro es una experiencia liberadora. Para escapar de la cuarentena, aprendamos de la disciplina de vida del atletismo.

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Nelson Fredy Padilla *
27 de abril de 2020 - 07:43 p. m.
Foto tomada hoy a las 7:30 de la mañana en el parque del barrio Santa Helena, norte de Bogotá. Las personas respetaron las precauciones de distancia para evitar el contagio del nuevo coronavirus. / Nelson Padilla
Foto tomada hoy a las 7:30 de la mañana en el parque del barrio Santa Helena, norte de Bogotá. Las personas respetaron las precauciones de distancia para evitar el contagio del nuevo coronavirus. / Nelson Padilla
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Caminar, pasear, trotar, correr, es vivir. Lo digo con la emoción de haber vuelto a mi rutina de atletismo después de más de un mes de riguroso confinamiento. No hay mejor alimento para el espíritu que reencontrarse con la naturaleza. Respirar con libertad, a pesar del tapabocas, soltar los músculos, activarse, llenarse de energía positiva para completar la cuarentena en beneficio propio y de los demás.

Todos los deportes me gustan, pero percibo el atletismo como la base de los demás en esa búsqueda de los límites de la resistencia física y mental del ser humano. Hoy, más que pensar en lo competitivo, quiero resaltar el nivel recreativo, la disciplina de vida que es salir de tres a cinco veces a la semana a caminar o trotar, como enseñaba Silvio Marino Salazar, nuestro profesor de atletismo en la Universidad de la Sabana a comienzos de los años 90, campeón nacional y campeón Suramericano y Centroamericano en 5 y 10 mil metros. Fue la primera vez que conocí a un atleta de verdad. Aparte de su flexibilidad, velocidad, resistencia, me impresionó su mentalidad positiva. (Recomendamos más de esta serie: ¿Que tan valientes somos?).

Lo recordé y di gracias por estar saludable y volver a correr. Tengo el privilegio de disfrutar de un parque gigantesco a una cuadra de mi casa, en cambio Silvio me hablaba de la pobreza de los niños de Tumaco que aprenden a correr haciendo equilibrio por los caminos entablados de los barrios palafíticos de ese puerto. Después conocí al campeón nacional de semifondo y de montaña, en Suramérica y en Europa, Jacinto López. Creó en Paipa, Boyacá, un centro de entrenamiento de altura que se convirtió en el laboratorio de atletas africanos, americanos y europeos. Tenía un programa atlético para niños que se llamaba “transformando vidas”. Perseverancia era su lema.

Ejemplos del espíritu que heredamos de Filípides (algunos textos hablan de Tersipo), el soldado ateniense que simboliza la maratón desde el año 490 antes de Cristo. Trotaba entre Atenas y Esparta, a lo largo de 166 kilómetros, para llevar noticias. Anduvo 240 kilómetros durante dos días para pedir ayuda a los espartanos cuando los persas invadieron la ciudad griega de Maratón. Y se inmortalizó al correr los 42 km desde el frente de batalla en Maratón hasta Atenas para anunciar que los griegos habían vencido. 

Lo entenderán mejor si leen De qué hablo cuando hablo de correr (sello editorial Tusquets), del japonés Haruki Murakami. En 1982 su vida cambió cuando decidió correr la misma maratón de Filípides y el atletismo fortaleció su proceso creativo: “La mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo esforzarme? ¿Cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿Hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿Cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrar profundamente en mi interior? ¿Hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella? Tengo la impresión de que si, cuando decidí hacerme escritor, no se me hubiera ocurrido empezar a correr largas distancias, las obras que he escrito serían sin duda bastante diferentes”.

Ese es el aliento que hoy recuperamos para enfrentar momentos difíciles como este. Si quieren inspirarse en otro personaje actual vean en Netflix el documental Lorena, la de pies ligeros, la historia de la corredora indígena mexicana, etnia tarahumara, Lorena Ramírez, campeona de ultramaratones en sandalias y, en esencia, una caminante de la vida que vive en las montañas del estado de Chihuahua.

La novelista y atleta recreativa estadounidense Joyce Carol Oates define así lo que considera un arte: “Si existe alguna actividad más feliz, más estimulante, no tengo idea cuál podría ser. Al correr, la mente vuela con el cuerpo… la mente entra en un estado meditativo y de liberación; la misteriosa florescencia del lenguaje parece latir en el cerebro al ritmo de nuestros pies y el balanceo de nuestros brazos”.

Como escribió el poeta inglés Robert Browning: “¡Corre, Filípides, una carrera más! ¡Tendrás tu recompensa!”.

@NelsonFredyPadi / npadilla @elespectador.com

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Por Nelson Fredy Padilla *

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